Sería terrible vivir sin mi tristeza crónica

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por junio 16, 2016
Sería terrible vivir sin mi tristeza crónica
Sería terrible vivir sin mi tristeza crónica

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Fueron espasmos de belleza armónica, vencido por los recuerdos y ron. La búsqueda se terminó con besos infectados de memorias añejadas y dolores recientes, música electrónica del vecino en tiempos de cambio, migración, barba, pelo corto y futbol.El beso inflamado del tiempo pasado no se detuvo con nada, la luz apagada, la ropa en el suelo, las once y media corrían y mi mente en cero. La conocí hace tiempo, de veintidós años la vida se siente ligera. De veintiocho es distinta; ¿quién pensaría?, ¿quién hubiera imaginado? Tan sólo alguien que la hubiera conocido en aquellos tiempos, seis años no pasan en vano; la niña muere, la mujer en mis brazos, en mi cadera.Trescientos argumentos no hubieran logrado que se quedara, ella tenía que irse en ese momento a su casa. Piel caliza, cal humectada.

Besos del amor que nunca fue, que se vio interrumpido por la inercia y la distancia. De amor con aristas borrosas, vestidos cortos y cuatro cejas sombreando nuestros ojos cerrados. Nos tapamos para regresar al tiempo presente, a las tristezas actuales, los días que se acercan, al futuro cercano; es lo más conveniente.Y así pasan nuestras tardes. Días templados y viento emplomado, exhalado suspiros.

Lamento que no sea el momento para querernos tanto, ni para odiarte poquito. A veces reímos de nada, somos jóvenes ancianos, enroscados, escamosos, perdidos en el lente del fondo de una cerveza. Si te mordiera, yo gritaría; si me mordieras y te marcharas. Entonces, ¿qué hacemos desnudos? Si en una neurótica te haz convertido y yo hace años que perdí mi guitarra.

Recuerdo el día que intenté preguntarte y entré en pánico, recuerdo mirarte de lejos frente al campo, acercarme a tu lado y sentirme invisible porque estabas concentrada contemplando la montaña, igual que me siento hoy, pensamientos morbosos, romanticismo mundano, recuerdos borrosos, reencuentros urbanos.Quisiera tener veintisiempre, sería mejor que tener veintitantos. Tan cerca y tan lejos de todo, de ti por ejemplo, de tu recuerdo, de tus dieciocho.

Sería terrible vivir sin mi tristeza crónica, sin el rechazo repentino.

Olvidé lo que se sentía ser excluido.

Precioso manjar del rechazo.

Si Dejaste de escribir por un corazón roto y dolencias del alma, te compartimos 11 lecciones de Mario Benedetti para sellar un corazón roto.
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Las fotografías que acompañan el texto pertenecen a Rosie Hardy, conoce más sobre su trabajo aquí.

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