Te compartimos un poema de Iván Trujillo en el que reflexiona acerca de la brevedad de las almas que se encuentran en la tierra… pues la muerte siempre nos alcanza:
Frente a una tumba, ¿qué decir? ¿Qué hacer?
¿Qué rezos meditar y no gritar?
Frente a una tumba es absurdo. Lo mismo que dos almas
que estando de frente no han querido verse.
Frente a la tumba que es el cuerpo sueño lo que pienso.
Y pienso porque existo.
No es la tumba la que encierra,
es el hambre de la tierra.
No es la cruz lo que lapida,
es el alma que obnubila.
No es el cielo ni el infierno,
ni los campos ni los muertos,
es la senda de la flor que da la vida.
No es el santo, ni es el necio,
ni el bueno ni el malo,
el día o la noche; el ser o no ser.
¿De qué me sirve hablar del pasado, del presente o del futuro?
Esto es asunto sólo para aquellos que gozan de vivir en
la cárcel de su mente.

¿De qué me sirve el tiempo?
Si he visto volar las aves sobre campos y océanos pretéritos una y otra hasta la eternidad.
La eternidad… esa que dura un siglo, un segundo, una hora, una jornada y el sueño de la piel que habito.
Frente a una tumba la vida se convierte en la cerradura de una puerta que llamamos “muerte”
en donde el infinito es la llave que todos portamos en la bóveda de nuestro corazón.

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El dolor de una perdida no puede compararse con nada, pero superar los distintos tipos de duelo es posible, aquí te decimos cómo.
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Las fotografías que acompañan al texto pertenece a la talentosa Rachel Baran.
