
¿Y qué tal si tomas el coche y conduces por un camino de México que te lleve a no sé dónde? ¿Te imaginas el territorio de manjares gastronómicos de las Tres Huastecas? ¿Has escuchado hablar de un castillo que no te lleva a ningún lado pero echa a volar tus pensamientos, puliéndolos con destellos de naturaleza allá en un pueblo llamado Xilitla? ¿Sabes lo qué es comer con menos de veinte pesos una tortilla con queso y mole en el centro de Oaxaca, donde la mano de las mujeres fue tocada por Dios a la hora de preparar los platillos? ¿Sabes que sería una tristeza ser mexicano y morir sin haber visto las ballenas grises en San Ignacio? ¿Sabes que la carretera de Ensenada a Tijuana es como un acantilado irlandés? Y el Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México parece un edificio suizo ¿Sabes que la nieve en Chihuahua parece de alguna ciudad nórdica? Sería una tristeza ser mexicano y no conocer Tequila, Jalisco, o las fiestas en la región de ese estado conocida como Los Altos, donde las calles se atiborran de banda sinaloense, conjuntos norteños y mariachis ¿Sabías que en el Zócalo de Oaxaca y en San Cristóbal de las Casas hay más extranjeros que en cualquier ciudad de México, y que las mejores olas para empezar a surfear están en Zicatela? En la sierra de Oaxaca hay gente que te cura con humo de plantas cualquier malestar. Que en Tabasco se comen plátanos tatemados y el café por la mañana en Tuxtla Gutiérrez es un placer celestial. Desde el metro de la ciudad de México, los callejones de Guanajuato, la ruta del vino en Querétaro hasta las ruinas mayas y los cenotes en Yucatán. Te olvidas por completo del lugar y empiezas a sentir una magia que entra por los ojos y sale por la sonrisa. Un día tomé el coche para conocer Cabo San Lucas y subí a hasta Loreto, luego a Tijuana, me emocioné tanto que cuando me detuve a pensar ya estaba viendo el azul del Caribe mexicano en las playas de Tulum. Y tú ¿Qué tal si tomas el coche?
***
Puedes leer más sobre el autor aquí.
