«El sexo es sucio si se hace bien », dice la consabida frase de Woody Allen. Pero esto no es cierto. Ni todo el sexo es sucio, ni todos encuentran placer en lo explícito. Existe otra cara de la sexualidad que se muestra como un un acto de belleza absoluta y un estado de complicidad total entre ambos amantes. Este tipo de placer no se encierra sólo en lo inmediato, en el contacto directo o en la penetración; va mucho más allá de la piel.
Justo así nos lo muestran las pinturas de Nickie Zimov. Sus óleos se caracterizan por la simpleza en los colores y trazos. Con un fondo oscuro, las pieles se rozan, penetran y se pierden entre sí. Parece que el Universo deja de existir. Una especie de pausa cósmica coloca a los amantes en un plano atemporal y libre de los condicionamientos del espacio.
Porque al final, eso es lo bello del encuentro sexual; cuando no hay absolutamente nada más que lo medie ni condicione: nada más importa, nada más existe. También por esta razón, encontramos un motivo para acompañar estas pinturas con poesía, porque es la única manera de evocar este tipo de momentos en su justa dimensión: donde los conceptos y definiciones resultan además de innecesarios, estorbosos.
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“Absoluto amor”
Efraín Huerta
Como una limpia mañana de besos morenos
cuando las plumas de la aurora comenzaron
a marcar iniciales en el cielo. Como recta
caída y amanecer perfecto.
Amada inmensa
como un violeta de cobalto puro
y la palabra clara del deseo.
Gota de anís en el crepúsculo
te amo con aquella esperanza del suicida poeta
que se meció en el mar
con la más grande de las perezas románticas.
Te miro así
como mirarían las violetas una mañana
ahogada en un rocío de recuerdos.
Es la primera vez que un absoluto amor de oro
hace rumbo en mis venas.
Así lo creo, te amo
y un orgullo de plata me corre por el cuerpo.




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“Qué extraña manera de quererte”
Renata Durán
Qué extraña manera de quererte.
Así de pronto me encuentro
amándote de adentro
como si alguna raíz,
la más profunda,
hubiera hecho contacto
con la más honda tuya
y se anudaran hundiéndose
más y más en la tierra,
buscando el agua profundísima
de un amor singular, que no
pregunta,
que sabe todo. Hasta lo que tú y yo
ignoramos.




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“Custodio mío”
Ana Rossetti
Salamandra es deseo
bebiendo en los topacios de un estanque,
en cielos de Giotto,
en las bóvedas húmedas de translúcida yedra.
Morera y vid se agotan en tu mano.
Es deseo caballo enloquecido
de temor bajo un raudal de agua,
cascada donde estalla el arcoiris,
desbaratada trenza entre piedras cayendo.
Brazo tuyo defensa en mi cintura.
Y como la belleza -desmesura, naufragio
o voluble liana que se empina hasta el cedro
sofocándolo- el deseo penetra y es herida.
Cuerpo tuyo, cercado que mi pasión desborda,
todo escudo en dócil miel fundido
y es inútil tu intento: a un labio enamorado
ni el laurel más mortífero detendría.
Ya no podrás lograr que permanezca intacta,
angélica tesela en su alto dominio,
que mi emoción recorte cual ciprés
en un parque atildado,
que contemple el abismo desde los barandales
y al vértigo resista.
Crueldad subyugadora es el deseo.
Y me entrego a su lanza, y hoy quiero rehuir
su mordedura.
Apártate de mí, no quiero que me guardes,
que en mi cuerpo refrenes lágrimas ni jardines,
y antes de que las quejas aviven mi desprecio,
los avisos mi cólera, caiga sobre tus labios
-incendio alertador, granada suplicante-
la delicada muerte de mi olvido.




“Almuñécar”
Antonio Gala
Durante un anochecer en esta playa te amé tanto
que una respiración
para los dos bastaba.
Suspendieron el mar, para mirarnos,
su armonioso escalofrío,
y su unánime vuelo de gaviotas.
Se divertía el agua, sonrosada,
como si fuera a amanecer,
y se posó el silencio sobre el aire
lo mismo que un jilguero en una rama.
No existía para el amor
futuro ni pretérito:
todo era eterno instante….
Y de repente, sobre tus hombros
observé, mientras te besaba,
que nos veían ojos codiciosos.
No supe si eran de los viejos fenicios
o quizá de la noche…
No tardó en quedar claro
dónde va el ruiseñor cuando mayo termina.
La muerte que los devoró a ellos,
sigilosa nos acechaba.
Nuestro amor, como el de ellos, fue vencido.
Pero yo te amo todavía.




“Dualidad”
Laura Victoria
Yo misma no lo sé, pero vencida,
rendí a su orgullo mi virtud pagana,
y fui por un momento cortesana,
en el sarcasmo de mi propia vida.
Con beso ausente refresqué su herida,
absorta en él me le fingí lejana,
su voluntad despedacé liviana
y su pasión hallóme arrepentida.
Fue un instante no más. Placer no hubo.
Pero su boca entre mi boca tuvo
amor y angustia, languidez y olvido.
Sobre el cansancio me tendí cobarde
y fui para su anhelo aquella tarde
tan grande y cruel como jamás lo he sido.

Desde el amor “a solas” hasta la intimidad de leer juntos un poema, fumar un cigarrillo y decirse cosas dulces al oído, el sexo encuentra cientos de manifestaciones que van mucho más lejos que la mera penetración o el intercambio de fluidos. Estas pinturas nos recuerdan que antes, durante y después del sexo, existe una belleza absoluta y un profundo placer que lo supera todo.
“Internet is my teacher” se lee en la autodescripción de este artista radicado en San Petesburgo, Rusia. Sobre su obra no hay más que esta serie pictórica pero puedes seguir su trabajo en Instagram para no perderte ningún detalle.
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