La tragedia de Nietzsche que convirtió a Dalí en un loco surrealista
Arte

La tragedia de Nietzsche que convirtió a Dalí en un loco surrealista

Avatar of Olympia Villagrán

Por: Olympia Villagrán

6 de septiembre, 2017

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6 de septiembre, 2017



¿Envidia o admiración? Aún se debaten críticos e historiadores sobre la emoción que motivó a Dalí a competir por el bigote más extraordinario contra Friedrich Nietzsche. En Diario de un genio (1964), Dalí confesó: «¡Hasta en los bigotes iba yo a superar a Nietzsche! Los míos no serían deprimentes, catastróficos, repletos de música wagneriana y de brumas. Serían afilados, imperialistas, ultrarracionalistas y apuntarían hacia el cielo, como el misticismo vertical, como los sindicatos verticales españoles». 


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Y así fue… el etomofóbico (persona con fobia a los insectos) más famoso de la historia, Salvador Dalí, demostró que sólo a él podría interesarle superar en altura y originalidad al bigote de otro que no precisamente era famoso por sostener dos florecitas en los costados de su barba. Realmente lo que convirtió a Nietzsche en un referente fueron sus sabias y radicales palabras; mismas que, irónicamente, influyeron de manera profunda en la propuesta artística de Dalí.


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Este par –un pintor surrealista y un pensador contemporáneo– fueron como Dionisio y Apolo: opuestamente complementarios. Precisamente de la dicotomía filosófica y literaria derivada de estos dos personajes de la mitología griega, es de la que el filósofo alemán escribe en El nacimiento de la tragedia, libro en el que Nietzsche expone el conflicto dinámico entre elementos “contrarios” de la cultura y de la vida en general: razón y emoción, armonía y desenfreno, belleza e instinto. 


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La perspectiva apolínea, la cual es conformista y al mismo tiempo idealista, va en contra de la naturaleza, según Nietzsche. Por lo tanto, para el filósofo un artista con esta preferencia era un moderado creativo que prefería la perfección simétrica; misma que no existe ni domina en el caótico desorden de la vida real. La estructura apolínea se reduce al individuo moralista, inhibido y, por lo tanto, débil.


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La otra parte de esta dualidad, lo dionisíaco, es la interpretación cambiante que nunca llega a conjugarse como un sistema, sino como una simplificación e imposición natural. La perspectiva dionisíaca está distorsionada pero es manejable; según Nietzsche, un verdadero artista debe superar las limitaciones y los esquemas morales de lo apolíneo para proponer nuevas y poderosas dinámicas que cuenten la verdad absoluta a partir del arte. El mundo está más allá de la definición y la limitación, de acuerdo con Dionisio; esta figura griega representa la perspectiva de un artista y/o pensador que triunfa y destaca a través de su creatividad ilimitada, sus impulsos contra las reglas y su dominante e irracional pensamiento.


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Esta magnificencia y sentido de gozo no sólo fueron parte de la lectura predilecta de Dalí, sino la inspiración que lo llevó a convertir la fragilidad y catástrofe humana en genialidad e innovación. Nietzsche, al igual que el escultor catalán, entendía la vida de manera dinámica; ambos rompieron las resistencias del mundo para experimentar la realidad de manera única y, a través de las letras, la pintura y otras disciplinas. En el caso del surrealista, la filosofía y crítica del autor de Así habló Zaratustra (1891) influyeron en cada uno de los aspectos de su vida y profesión; Nietzsche fue el autor de una reconciliación que Dalí tuvo con el “drama” de la existencia humana.


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Aunque El nacimiento de la tragedia proponía dos posibilidades aparentemente adversas, éstas no se contraponen sino que se complementan en cierta forma. El arte, por ejemplo, puede abordarse desde lo dionisíaco o lo apolíneo. A partir del primer concepto se percibe la vida tal y como es, con todos sus horrores y oscuridades; el segundo permite transformar la realidad en un mundo perfecto de belleza clásica e inamovible. A pesar de que parezcan estados contrarios, los griegos conquistaron ambas perspectivas, ellos manejaban y admiraban la armonía estética y la perfección, pero también el desbordamiento de las pasiones y la exacerbación de los instintos. 


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Por esa razón, para Nietzsche un artista excepcional era aquél que equilibraba a Dionisio y Apolo en sus trazos, palabras, esculturas o cualquier otra pieza. La máxima expresión artística es la que se encuentra en armonía y, al mismo tiempo, sin miedo de ser. Esto nos lleva a preguntarnos, ¿Dalí habrá sido quien alcanzó ese nivel de locura contenida y genialidad perfecta?


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En Diario de un genio Dalí plasmó todas y cada una de las enseñanzas que la filosofía de Nietzsche le dejó; mismas que lo acompañaron y, al mismo tiempo, lo enfrentaron a lo largo de su vida. Sin embargo, así como al poeta alemán se le consideraba un trágico, inconformista y loco de la filosofía, al máximo representante de lo onírico se le admiraba (u odiaba) por problemático, excéntrico y doblemente loco. Tal vez fue por ello que el genio de bigotes afilados se sentía identificado y fascinado por la filosofía del incomprendido pensador.


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El inconfundible bigote de Dalí –así como muchas de sus obras– no sólo fue la muestra de su instinto competitivo, sino parte de un homenaje a la influencia de Nietzsche en su proceso creativo. Además, el pintor rechazó las virtudes cristianas y eligió el ateísmo después de devorar Así habló Zaratustra. "El Nietzsche de lo irracional" fue el apodo que el mismo Salvador Dalí compuso para destacar su admiración por la filosofía nietzscheaniana. 


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Entonces, toda la crítica que se ha hecho alrededor de un loco, excéntrico y escandaloso Dalí podría tener una explicación a partir de la inspiración que las palabras del filólogo alemán significaron para él. O tal vez no y en realidad el pintor simplemente intentaba perturbar –de cualquier manera– a todos a su alrededor para proclamarse genio a partir de la publicidad que su actitud dionisíaca le ganaba. 


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Lo que es un hecho es que en las pinturas y esculturas de Dalí se aprecia el experimento de pensamiento que Nietzsche proponía como una dicotomía en sus textos. Las piezas del artista catalán son un intento por interpretar el mundo de dos maneras y también refieren la existencia de dos conceptos distintos, de dos verdades: la absoluta y la relativa. Leyendo Diario de un genio podemos encontrar que él conocía muy bien el contenido de El nacimiento de la tragedia y que para impregnar de lujuria, erotismo, exaltación y brutalidad algunas de sus obras, tuvo que haber comprendido la revolución que significaba lo dionisíaco. Al mismo tiempo, alejarse del “arte académico” y arriesgarse en otros campos que exponían y demandaban la destrucción, deformidad, violencia, perversión y fealdad de la realidad, no niegan que el punto de partida de Dalí haya sido la belleza clásica de un fiel Apolo; mismo que terminó por entregarse al surrealismo en cuerpo y alma. 


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El método paranoico-crítico de Salvador Dalí es el resultado de la fusión entre la postura filosófica de Nietzsche y su propia propuesta surrealista.