¿Cómo definir al arte si siempre está en constante cambio y es tan subjetivo? El arte no es lo que fue, ni siquiera encajan en éste términos como “estético”, real” u original”; no se realiza una obra como aquellos hombres del Renacimiento lo hicieron y las técnicas han cambiado tanto que pensar que alguna vez requirieron de huevo y agua para hacer sus pinturas parece difícil de creer.

Pero en la época contemporánea, el análisis del arte es tan complicado que en muchas ocasiones el trabajo de diversos artistas ha sido sometido al escrutinio y críticas de un grupo de opositores que sin tientas ha decidido resquebrajar lo que los artistas hacen y así decir que lo que realizan no es arte, sino provocación, que los que ahora montan una exposición son payasos pero nunca podrían llamarse “artistas”.
“El arte contemporáneo, que está imposibilitado para crear belleza, ha pervertido el logro de la inteligencia y la sensibilidad humana para empatarlo con el kitsch y lo bonito. Lo bonito no es bello, el kitsch es vulgaridad… buscan ser decoración, apegarse a lo más digerido, comercializado y vendible de la estética fácil de la tienda de regalos, del objeto desechable de consumo masivo”, palabras de la crítica de arte mexicana Avelina Lésper.

¿Entonces, el arte contemporáneo es una pérdida de tiempo que ni siquiera vale analizar? ¿Para qué vamos a museos y galerías si, como dice Lésper, todo se ha desvirtuado hasta llegar a la vulgaridad?
La crítica no debe ser ataque, sino reflexión, y eso es lo que le hace falta a los postulados de Lésper para que alguien pueda compartir su opinión en lugar de considerarla un argumento básico que sólo se basa en gustos personales que no involucran más que un análisis superficial.

Yves Michaud, exdirector de la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París, asegura que en este punto de la historia al arte contemporáneo es un estado gaseoso y volátil que se basa en la experiencia, en las relaciones provocadas, en actitudes y conceptos.
La belleza ha invadido todo, desde los anuncios que circulan en los autobuses hasta las cremas de rejuvenecimiento. Y entonces, ante la penetración en todos los ámbitos, la presencia artística se ve disminuida por su incapacidad de distinción.

Entonces, ¿todo puede ser arte? Asegura Régis Debray: “Anything goes? Sí, siempre que sea lo contrario del anything precedente, sin lo cual la información no será válida. La validez se concede sólo a lo insólito […] Se comprende que después del arte ‘académico’, que apelaba al pasado y el arte ‘moderno’ que apela al futuro, el posmoderno aspire a disfrutar de un arte en el presente que sólo apele a sí mismo”.
Cuando un joven de 17 años llamado TJ Khayatan visitó el MoMA de San Francisco con sus amigos, puso sus lentes en el suelo para que simularan ser parte de la exposición. Poco después, los lentes del joven se convirtieron en la obra más polémica y transgresora de la exposición. Las personas empezaron a fotografiar la “pieza” y el ridículo fue mayor cuando el joven los evidenció en redes sociales.

¿Cómo distinguir el arte contemporáneo de unos lentes cualquiera? Tal vez los postulados de Debray y Michaud se quedan cortos en un punto. Sí, todo lo paradigmático, que rompa con lo anterior, lo novedoso y transgresor puede ser arte, pero sólo si existe una curaduría de por medio.
En realidad, el arte implica algo más que sólo apelar a sí mismo. Se necesita una visión más profunda que ponga en duda el discurso de la pieza y ese salto al discurso, en la mayoría de las ocasiones ya no es tarea del artista, sino del curador.

Los espectadores no deben sobrepensar el arte contemporáneo pero, tal como indica la historiadora de arte Amy E. Herman, el trabajo del curador de arte es pensar también en la distribución de las piezas en un espacio museístico que el asistente sea capaz de recrear, contemplar y emocionarse con ellas. La tarea de quien se encarga de esto es que con su discurso aquél que mira la pieza sea capaz de considerar las posibilidades, cuestionarse y formarse una opinión de lo que ha visto, por lo que, la última persona, clave para la pieza de arte es el espectador.
Formarse una opinión crítica, lograr interpretar, dejar de ser parte del público para intervenir en el proceso de creación. Así debe ser la tarea del espectador, quien gracias al curador podrá captar los elementos para su análisis.

Si quieres conocer más momentos ridículos del arte contemporáneo tal como el accidente de los lentes confundidos con una obra maestra, da click aquí. Si decides aprender de arte contemporáneo, puedes centrarte en estos 6 autores para comenzar.
