Un cuerpo que derrama sangre mientras de las entrañas sale algo que parece un feto, y alrededor, un paisaje desolado le da el toque final, el toque neurótico que la convierte en una pintura verdaderamente sombría. Un mundo de pesadillas que parecen salidas de un lugar demoniaco o simplemente, del infierno.
Los monstruos pueden provenir de muchos lados y debido a distintas causas. En la Edad Media, se creía que existían dos clases diferentes de monstruosidades: los portentos y los monstruos, los primeros, eran prodigiosos y sorprendentes, como hermafroditas o niños de dos cabezas; los segundos, eran monstruos no humanos nacidos de padres iguales entre sí. La historia fue transformando esta distinción entre monstruosidad y nuevos descubrimientos de distintas civilizaciones, hicieron ampliar la definición y convertirla en una mucho más humana, con hombres deformes o seres antropomorfos que solían cambiar simplemente en tamaño y pelaje.

En las pinturas de Aleksandra Waliszewska, ambas definiciones se conjugan, pues, en la época moderna, ser monstruo no sólo significa una deformación real. Los monstruos están en nuestras pesadillas, en el infierno, en los demonios que no imaginamos, en los viles individuos que nos atormenta, en aquel señor que no sale de su casa porque algo muy malo le ocurrió, en la terrible bestia animal que nos atacó de pequeños, en los niños que torturan sin piedad a los animales, en el ejército, el gobierno, la iglesia, la educación, los medios de difusión… los monstruos pueden ser todo y los condenados, también.
Los últimos, son representados en sus pinturas por niños, niñas, hombres, mujeres y mascotas por igual, nada los distingue del juicio final y ellos, sin ningún tipo de emoción, parecen recibir el castigo sin dolor. Los lobos devoran adolescentes sin que éstos se defiendan, mujeres comen corazones crudos como si se tratara de cualquier manjar suculento y las parejas observan el suplicio de quien, en algún momento, fue su compañero de vida. El mundo es oscuro, pero en las pinturas de Aleksandra Waliszewska la oscuridad toma otra dimensión completamente diferente.
Conectadas a la pintura medieval pero sin el aspecto religioso, cada cuadro es parte de una mirada a las ánimas que se encuentran abandonadas de toda salvación, con las emociones a flor de piel y la incomodidad restante en el espectador. Cada cuadro, cada trazo, cada pincelada, conjuga la rigidez de sus personajes con un momento que amerita gritos y llantos como ningún otro. Seguramente, aquellos que sienten una fascinación por el sexo, la violencia y los crímenes, observan sus trazos como si se trataran de paisajes maravillosos, pero el resto, es víctima de un escozor que invade su cuerpo con cada vistazo.
Sus lienzos conjugan el surrealismo de mundos espeluznantes, el misterio medieval y algunas historias dignas de protagonizar terribles cuentos de hadas, recordando a grandes pintores como El Bosco o Goya, quienes podríamos decir, comenzaron a experimentar con el arte clásico y la inclusión de personajes fantasiosos.
Aleksandra Waliszewska es una de las jóvenes artistas más talentosas de la escena polaca. Se graduó de la Academy of Fine Artes en Warsaw y más tarde recibió una beca del Ministro de Cultura y Herencia Nacional de Polonia. A pesar de que el arte contemporáneo se centra en los medios, los performance y un arte con demasiado significado simbólico, ella lo rechaza y, en lugar de esto, opta por tomar los modelos artísticos tradicionales de la pintura.

Ha realizado más de 20 exhibiciones en solitario en Polonia y ha colaborado con el grupo de arte internacional Frederic en París. Es parte de Focus Poland 2013 – Take 5 y sus trabajos han sido curados por Friederike Fast con la intención de mostrar el dinamismo y calidad del arte polaco. Ha sido seleccionada para participar, con otros cuatro artistas en Leto Gallery en Arco Madrid, una de las ferias de arte más grandes del mundo; en la cual, recibió el Gran Prix como el mejor trabajo de arte presentado por un artista extranjero.

Sus obras son un legado del gótico tardío y sus artistas de referencia viran entre Hans Memling y Enguerrand Quarton; sin embargo, a pesar de mantener una pintura basada en lo tradicional, dejó atrás el óleo que la hizo famosa y se centra en pinturas guache, técnica sobre papel o cartón con colores disueltos en agua y mezclados con goma arábiga, más espesa que la acuarela. Hace al menos dos por día encerrada en una habitación en la que nadie puede entrar.













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