Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña; o por lo menos eso pensó el artista francés Julien de Casabianca tras visitar el Louvre y enamorarse de una obra de Ingres, que alimentada por el polvo y por una falta de aforo, hizo a Casabianca percatarse de la realidad que es el que cada vez menos gente va a los museos, y todavía menos buscan la contemplación de obras clásicas. Fue así que decidió sacar la obra a la calle; ayudar a la joven de vestido blanco y dorados guantes; decidió hacer algo por ella, rescatarla de su miseria, levantarla de la esquina e invitarla al baile de la vida. La sacó a la calle.

Casabianca hizo una reproducción para darla a conocer, para darle ese público que ya no tenía en el museo; cientos o incluso miles de transeúntes, de camino a casa, a clase, al trabajo o incluso al supermercado, pueden aunque sea de reojo, notar ahora su presencia, y con un poco más de suerte, conocerla, detallarla; apreciar el virtuosismo con que su creador la trajo al mundo; la dulzura de sus gestos, la belleza de sus ropajes y telas.

Ella fue el principio de un gran trabajo que busca rescatar esas joyas que han sido dejadas al olvido, que forman parte de ese acervo histórico reservado en las esquinas, llenas de polvo y del que sólo un par o tres aficionados las acompañan cada tanto. El artista buscó darles una nueva vida, la posibilidad de empezar de nuevo, y de sacarlas de su marco y aura de antigüedad que las envuelve, ambientándoles con ese fresco respiro que envuelve el arte callejero y que los jóvenes identifican por ser actos de rebeldía y euforia; por esa ilegalidad que atrae pero que desconcierta al no traer mensajes controversiales o políticos: es arte puro, arte por el arte, retratos de personajes que ya no existen o que nunca existieron, pero que son legado de una época anterior: que son parte de nuestra historia.
El arte clásico, lamentable y erróneamente se ha vuelto sinónimo de aburrimiento. Con esta propuesta innovadora se están rompiendo estereotipos, y se está acercando el arte un público mayor, rompiendo elitismos. Este proyecto se está haciendo universal, pues otros artistas alrededor del mundo están participando en la propuesta, inundando las calles con imágenes clásicas para que reciban la atención que merecen: si la gente no quiere ver arte clásico, el arte clásico va a la gente.





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Fuente de las imágenes:
Bored Panda
