La historia del amor codependiente y tóxico que atormentó a Vincent van Gogh

Lunes, 6 de noviembre de 2017 12:02

|Mariana Oropeza

Vincent veía a Theo van Gogh como el único ser humano que lo entendía. En las cartas escritas entre ellos, se percibe cómo habían creado un lazo único.



¿Quién no ha escuchado hablar del gran artista que en su locura entregó la oreja por amor, el gran pintor detrás de la famosa “Noche estrellada”? Él fue el pionero del post-impresionismo; retrató sus sentimientos en pinturas de aquellas calles, paisajes y habitaciones. No obstante —a pesar de que nos sentimos fascinados por su obra y su vida—, no hemos podido indagar a fondo para descubrir la línea entre lo falso y lo verdadero, entre la leyenda y el hombre. No sabemos si lo que alcanzábamos a divisar de su vida en la sutileza y elegancia de sus pinturas era real, o si simplemente escondía en un lienzo lleno de magia una vida de tormento y depresión.





Vincent van Gogh (1853-1890, Países Bajos) fue un hombre cuya vida estuvo repleta de grandes tragedias en el amor; sin mencionar que fue esta miseria la que terminó de envolverlo y apropiarse de él hasta el final de sus días. Desde el principio de su adolescencia, ya había encontrando a varias jóvenes que lo obsesionaron, y pese a los grandes esfuerzos que hacía por enamorarlas, terminaban por huir espantadas por la actitud del artista. Se dice que fue una persona impulsiva que poseía un temperamento propenso a la exaltación, y es así como lo vemos en cada uno de sus actos. Sin embargo, las pinturas reflejan a un hombre sereno que no oculta el dolor de su existir.





El pintor tenía un hermano cuatro años menor que él. Vincent veía a Theo van Gogh como el único ser humano que lo entendía. En las cartas escritas entre ellos, se percibe cómo habían creado un lazo único. Theo era el único que podía hacer sentir la cercanía del amor a Vincent, puesto que además fue el padre quien les mostró el primer rechazo a muy temprana edad.


En múltiples formas, Theo van Gogh fue el salvador de Vincent. Le mostró a sus amigos cercanos y famosos las grandes pinturas que creaba su misterioso hermano. Todo marchaba excelente y la unión entre ambos crecía con los años; hasta que su padre murió y Theo adoptó ciertas posturas en contra de Vincent. Con este sentimiento de abandono, las emociones se tornaron en el peor enemigo de Vincent y lo hicieron caer en la falta de cordura; parecía que el único sostén que lo mantenía dentro de aquel mundo color amarillo era su hermano, quien en poco tiempo le había roto el corazón y el alma.





Parecía que Vincent se consumía en vicios, noches de borrachera y trabajos que no finalizaba; el amor para él se había acabado y necesitaba otra manera de llenar el vacío que habían dejado el romance, la amistad y la familia. Él discutía constantemente con todos hasta el punto de ser una compañía insoportable, parecía que la ansiedad le comía vivo, se encontraba sumido en la desesperación. Fue en una de esas noches que, urgido de cierto afecto, se arrancó la oreja para poder pagarle a una prostituta llamada Rachel. En el acto perdió muchísima sangre, junto con los últimos rastros de su salud mental.





Poco a poco se le veía empeorar hasta el punto de enfadarse consigo mismo. Ya no podía distinguir entre lo que era fantasía y la vida real; causaba disturbios en los vecindarios, se encerraba varios días sin el contacto de otro ser humano, parecía que Vincent se había sumido en la más profunda depresión, y ni su amor al arte podría salvarle, ya que para el público sus obras eran basura. A punto de encerrarse en las alucinaciones, se internó en un psiquiátrico por su voluntad, esperando salvarse del mal que tanto le aquejaba día y noche.





Después de estar un periodo en tratamiento, por fin se sintió lo suficientemente recuperado como para volver a lo que más le gustaba en la vida: pintar. A pesar de que tiempo después se expusieron sus pinturas, él vuelve a caer en la depresión, probablemente afectado por la nueva vida familiar de Theo. El pintor regresó a su alcoholismo y tuvo nuevos episodios de brotes psicóticos. El tiempo que había pasado junto a su hermano le había regresado a la vida y le daba esperanza por vivir; pero al nacer el hijo de su hermano, se sintió otra vez arrebatado de la compañía y el amor de aquel ser que necesitaba tanto.





Vincent Willem van Gogh había perdido varios amores a lo largo de su vida, además perdía tiempo rogándoles que se quedaran a su lado, tratando de aplacar aquel sentimiento que le aquejaba tanto y que le hacía sentirse horripilante. El dolor lo había consumido a tal grado que un día el doctor llamó a Theo para decirle que su hermano tenía una herida de bala en el vientre. Parecía que Vincent había enloquecido por completo y había cometido una atrocidad. El atormentado artista murió en los brazos de su hermano, el único ser que le pudo mostrar amor, aunque éste nunca fue suficiente para Vincent. En un destino casi poético, Theo murió algunos meses después de su hermano, víctima de la sífilis y la pobreza que había perseguido a los hermanos desde tiempo atrás.


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La obra de Van Gogh se sostuvo del torbellino de emociones del artista. Si quieres apreciar y conocer más sobre las pinturas de este artista, te invitamos a develar los secretos escondidos en las pinturas de Van Gogh.



Mariana Oropeza

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