¿Cuál es el objetivo de hacer una película: que la gente la vea o que gane premios? ¿Es el séptimo arte una experiencia que sólamente se puede disfrutar en una sala de cine o algo personal, que se adapta al gusto de diferentes público? Estas son algunas de las preguntas que surgieron luego de las controversiales declaraciones que marcaron el inicio del Festival de Cannes de este año sobre Netflix contra las salas de cine. La producción de películas que se estrenan directamente en el servicio digital dio origen a un debate internacional acerca de lo que está sucediendo en la industria cinematográfica. El auge de las plataformas de streaming y la inmediatez con la que llevan el cine a las audiencias nos advierten que las grandes salas ya no son la única opción para ver películas; pero no hay por qué alarmarse, el cine no ha muerto ni morirá, solo ha cambiado.
Gracias al Internet, la audiencia se acerca a películas que de otro modo jamás hubiera visto. Las obras cinematográficas llegan cada vez a más gente a través de diferentes pantallas, se dividen las opiniones con respecto a qué es mejor: ver las películas en las salas tradicionales de cine o a través de una plataforma streaming.

El debate surgió a partir de que el director de cine Pedro Almodóvar, presidente del jurado de largometrajes de esta edición del Festival de Cannes, lanzó una declaración con respecto a dos de las películas producidas por Netflix que fueron seleccionadas para competir —“Okja”, de Bong Joon-ho, y “The Meyerowitz Stories”, de Noah Baumbach,— y que serán estrenadas directamente en la plataforma sin antes haber pasado por las salas de cine. Almodóvar declaró:
“Creo firmemente que, al menos la primera vez que uno ve una película, la pantalla no debe ser parte de nuestro mobiliario, nosotros debemos ser diminutos para poder sentirnos dentro de esas imágenes y ser arrastrados por esa historia”.
Pero, seamos honestos, ¿cuántos de nosotros vimos por primera vez grandes obras cinematográficas en la pantalla de un televisor y en la comodidad de nuestro hogar? Películas como “Ciudadano Kane” de Orson Welles, “Cinema Paradiso” de Giuseppe Tornatore, “Tiempos Modernos” de Charles Chaplin, “Casablanca” de Michael Curtiz o “Psicosis” de Alfred Hitchcock son ejemplos de clásicos que muchos de nosotros no pudimos ver en el cine, pero que pudimos descubrir y sumar a nuestro repertorio de favoritos gracias a la facilidad de poder rentar una película y verla en nuestras propias salas. La industria de los videocentros no fue el síntoma de una enfermedad terminal para el cine; al contrario, alimentaba el deseo de querer seguir viendo más y de alguna forma definió el futuro de las salas tradicionales, pues nos dio la posibilidad de decidir dónde queremos ver las películas.

“¿Tengo que ver esta película en el cine?”, nos preguntamos cuando sabemos de un estreno. Eso dependerá de la historia, de la experiencia que quieras tener y el dinero que estés dispuesto a pagar, ya que una ida al cine actualmente es un lujo para muchas familias mexicanas, y la opción de video bajo demanda es una forma más económica de poder ver películas.
El cine es cine cuando la obra es presentada al espectador, no importa el medio. Lo que importa es su visibilización. Mientras exista dónde ver películas, el cine no morirá y por ende las salas tradicionales tampoco. Lo cierto, como dice Jonathan Rosenbaum —uno de los teóricos más importantes del cine actual—, es que nos encontramos en una especie de paraíso cinéfilo, que nos permite recuperar un cine nunca antes visto o muy poco conocido gracias a las plataformas que están a nuestro alcance.
La experiencia social de ir al cine no se refiere simplemente a las condiciones para verlo, sino también al diálogo que se genera después de hacerlo; las críticas, los debates y la educación cinematográfica son el resultado de ver cine donde sea que se proyecte, así que mientras éste exista, las salas tradicionales serán una opción más para aquellos que quieran ver películas.

La pantalla grande no necesita defensores, ya que muestra evolución y sobrevivencia a lo largo de sus múltiples cambios desde las primeras proyecciones en 1895 realizadas por los hermanos Lumiére. Desde la “explosión taquillera” de los llamados blockbusters de verano, la permanencia voluntaria y los intermedios, hasta las salas VIP con meseros y experiencias en 4D, las salas de cine tradicional demostraron que no mueren, evolucionan.
La manera de distribuir las proyecciones de cine a lo largo del año también cambia. La taquilla de verano tan cotizada hasta hace algún tiempo se ha extendido. Las películas más esperadas se proyectan casi en cualquier época del año; por ejemplo, la saga de Star Wars eligió diciembre como la fecha ideal para llegar a su público, un mes que anteriormente se consideraba un punto muerto y se reservaba para películas de poco presupuesto.
Las películas son para verse y punto. El cine es una industria que está en constante evolución, desde las historias, los géneros y formatos, hasta la forma en la que se consume. Las películas a las que se les otorgaron premios en el Festival serán vistas como mejor le convenga al espectador; si hay una alta demanda no duden que Netflix y las demás plataformas de streaming se ajustarán a las peticiones y las llevarán a la pantalla grande, porque la industria del cine es un negocio y al cliente lo que pida. Lo que no debería ser difícil de aceptar es que la experiencia de disfrutar el séptimo arte le ha dado más vida que nunca.

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Todos amamos el cine. Si crees que no tienes tiempo de ir a una gran pantalla o ver películas en tu casa, aquí te dejamos una guía que te dará las claves para convertirte en un cinéfilo. Además, no dejes de revisar esta lista de películas galardonadas que puedes ver en Netflix.
