La película que nos muestra cómo el sexo es un fantasma que nos persigue hasta que saciemos las ganas
Cine

La película que nos muestra cómo el sexo es un fantasma que nos persigue hasta que saciemos las ganas

Avatar of Julandalf

Por: Julandalf

4 de agosto, 2017

Cine La película que nos muestra cómo el sexo es un fantasma que nos persigue hasta que saciemos las ganas
Avatar of Julandalf

Por: Julandalf

4 de agosto, 2017


(El artículo contiene spoilers)




En la obra anterior del director David Robert Mitchell, la interesante cinta The Myth of the American Sleepover (2010), ponía en boca de uno de sus personajes una reflexión que no por ser un poco naíf dejaba de ser muy cierta y acertada: "lo de las aventuras de la juventud es un mito, y es un mito ser adolescente. Te hacen dejar atrás la niñez con la promesa de vivir todas esas aventuras, pero una vez que estás ahí, entiendes lo que perdiste y ya es demasiado tarde, ya no puedes recuperarla".


En It follows (2014), el punto de inflexión no es el cambio de curso, o el paso al instituto, o a la universidad, lo que marca el antes y después en la vida de los protagonistas es el sexo. Cuando somos niños tendemos a ver el mundo adulto con admiración, sin sospechar que ellos miran el nuestro con nostalgia. Ansiamos poder vivir con libertad miles de aventuras e historias apasionantes, y entre estas se encuentran las románticas. El sexo nos atrae por naturaleza y se nos presenta como algo interesante, lleno de misterio y diversión. El sexo se convierte en el inicio y el fin de todo, el vórtice alrededor del cual giran las sociedades, pero nadie nos dice que una vez que lo probamos su atracción nos perseguirá sin descanso el resto de nuestra vida; nos condicionará la percepción de lo que nos rodea.





La mayoría entramos de manera voluntaria a ese juego, y así lo hacen también todos los personajes del filme: unos por curiosidad, otros por simple satisfacción-del-deseo. En la escena del primer encuentro sexual de la protagonista, Jay (Maika Monroe), se muestra que una vez consumado el acto ella comienza a divagar con ensoñaciones de libertad, futuro, felicidad y romanticismo, pero la realidad es que se corta en seco ese estado onrírico/nirvánico en el que se encuentra. Ha caído dentro de la telaraña, pues aunque el sexo sea algo que se disfruta, tal como le sucedió a Adam (Jake Gyllenhaal) en Enemy (2013), también puedes volverte presa de él. Has traspasado una puerta y ya nada volverá a ser igual, te perseguirá y modificará todo lo que ocurra a tu alrededor. Es una variable que en la infancia no existía y ahora se presenta como eje central.


La brillantez de la cinta radica en que el director nos enmascara este mensaje en una historia de terror fantástica, disfraza ese paso hacia la madurez sexual, ese deseo recién nacido que ahora nos exigirá ser saciado a través de unos espectros que perseguirán a la protagonista a donde vaya. Estos fantasmas sólo le darán un pequeño respiro cuando "le-transmita-la-maldición" a otra persona. ¿Adivinas cómo? Pues teniendo relaciones sexuales con otra persona. La metáfora es brillante.


Una vez se produce el despertar sexual, estará presente en nuestra vida para siempre.



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La toma de conciencia por parte de Jay de esa nueva realidad, nos la transmite el director al hacer uso de unos planos secuencia maravillosos por los suburbios de Detroit, donde una lacónica y melancólica Jay —casi como si se sintiera "engañada" por la naturaleza—, observa a través de la ventana del coche la decadencia, la dificultad, la pobreza y la corrupción de su ciudad: antes ya estaban ahí, pero ella, inmersa en su burbuja inocente de la felicidad de la niñez, no se daba cuenta, no lo percibía. Su mundo ha cambiado para siempre, y la nostalgia de la inocencia perdida inunda todo su ser. El color rosa y los pétalos que vuelan no eran más que un cuento, un cebo para atraerla hacia el complicado mundo de los adultos.


En el apartado técnico de la obra, destaca, sobre todo, el uso de la profundidad de campo que se encuentra a la altura de los más grandes del cine: siempre, aunque los personajes no se percaten, hay alguien al final del plano acercándose; y eso, al cerciorarlo unas cuentas veces, hace que los espectadores estén perpetuamente expectantes ante lo que se mueve en el fondo, crea una tensión leve pero constante, que nos hace partícipes de la intranquilidad y falta de paz que sienten los protagonistas. La música, los travellins, los planos secuencia, la fotografía... todo contribuye a crear ese ambiente de desasosiego, pero a la vez tan real, de algo que te persigue y no te deja un minuto de tranquilidad.



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La resolución del film tampoco nos deja indiferentes, ya que nos ofrece una conclusión pero a la vez deja las puertas abiertas a otras posibilidades. Parece que los protagonistas hallan la manera de esquivar a los espectros, de acotar o controlar eso-que-siempre-te-persigue, y todo parece indicar que es al recurrir a una pareja sexual estable, es decir, a unirse por amor de una manera prolongada en el tiempo... pero al acostumbrarnos a lo largo de la película de otear siempre el fondo de la escena, en la secuencia que cierra la cinta parece que vemos que "el peligro" aún asecha a Jay y a su pareja mientras pasean… ¿Será que nunca hay descanso, ni siquiera en la estabilidad de una relación duradera? ¿O será que ya nos hemos vuelto paranoicos y vemos fantasmas donde no los hay?


En definitiva, una maravillosa película en la que se conjugan la técnica y la narración para crear un producto alegórico perfecto.



**


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Referencias: