Las pantallas en los cines brillaban con emoción antes de 1977. Grandes obras llegaban a ojos de millones de espectadores presentando historias legendarias con producciones maravillosas que iban desde los dramas más profundos hasta los episodios más violentos de la sociedad. Películas como “El Padrino”, “Odisea en el Espacio”, “El Graduado”, “El Exorcista” y “Tiburón” fueron algunas de las que se convirtieron en las más taquilleras los años en que fueron estrenadas. Actualmente, “Transformers”, “Avengers” y “Piratas del Caribe” acaparan las listas de los filmes con más entradas vendidas y su contenido carece de la calidad de las películas previas al 77.
Algo sucedió ese año que cambió la historia del cine para siempre y de la peor manera. “Star Wars” se estrenó el 25 de mayo y con una historia respetable y una producción impresionante, atrajo a casi mil millones de personas alrededor del planeta. Aunque actualmente es un clásico, su producción es responsable de que el mundo esté lleno de franquicias y sagas mediocres. “Star Wars” tenía buenos efectos, música, locaciones y sus personajes son únicos, pero lo que enganchó a las empresas fue que el factor “fantasía” y de “asombro” podía ser explotado durante décadas sin arriesgarse a alguna pérdida.

El problema del mundo cinematográfico que se reveló después del lanzamiento de “Star Wars” fue que, como cualquier otra industria, tenía épocas con altas y bajas. Al notar que la cinta de George Lucas tenía una fórmula que era infalible comenzaron a apostar exclusivamente a películas de este tipo. Aunado a eso, comenzó un acercamiento más amplio de marketing que se enfocaba a que, sin importar si la película era buena o no, se vendería que era un producto de alta calidad. Y, a partir de ese punto, las cintas de ciencia ficción ganaron prioridad ante cualquier drama que tuviera una historia más amplia. Los estudios invertirían en producciones enormes que no prestaban atención al guión para atraer al público.
Y funcionó. Durante muchos años vimos películas de calidad como las de “Indiana Jones”, “Volver al Futuro” y “Terminator”, pero con el paso del tiempo, la exigencia del público por buenas historias se vio disminuida y las cintas que gobiernan la taquilla no toman en serio a su audiencia y dejaron de crear historias memorables para hacerse millonarios. “Harry Potter” fue la excepción. Con raíces británicas, la saga se esforzó en presentar los clásicos sentimientos shakespeareanos con una historia sobre amistad y sobrellevar las dificultades.

Podríamos culpar todo a Marvel y DC, pero estamos mucho más allá de eso. La necesidad de asegurar el éxito de Hollywood los lleva a reutilizar argumentos que el público ya conoce. Lo vemos en las “Tortugas Ninja”, “Transformers” y “Resident Evil” que no tienen ni un sólo mérito de valor porque no se esfuerzan en crear una historia congruente; en cambio muestran un desastre total para sorprender con ruidos y gritos. Pero la culpa la tiene la audiencia, por continuar alabando trabajos mediocres, no demandan calidad en el entretenimiento por el que están pagando.
Y no sucedió solamente con series de TV o videojuegos, las sagas de libros también lo sufrieron. Después de Harry Potter llegó “Juegos del Hambre”, “Divergente” y “Maze Runner”. Su resultado no fue tan exitoso pero muestra cómo Hollywood está dispuesto explotar algo hasta que ya no quede una gota. Sus películas ya no funcionan en el orden en el que el arte debe funcionar (idea-creación-desarrollo), sino que ahora se enfoca en la planeación y encarga a un escritor (que bien podría no tener conexión con la materia a tratar) para que escriba un guión de una nueva adaptación fresca que podría ser el nuevo “Star Wars”.

Buscan replicar el éxito de “Star Wars” en 1977 recuperando la mayor cantidad de dinero posible e irónicamente lo lograron con creces en el lanzamiento de “The Force Awakens”, episodio séptimo de la saga. Después de comprarle la franquicia a George Lucas, Disney desarrolló una obra digna para asegurarles las taquillas de los años futuros (ya que cada año habrá un lanzamiento de “Star Wars”) y los fanáticos de la saga seguramente lo recibirán con agrado, pero ¿de verdad deberían?

Cuando “Star Wars” salió, a los pocos años ya era considerada una gran película. No era llamada “Episodio IV”, no tenía secuela, era un buen filme con una excelente producción e ideas modernas sobre cómo contar una historia. La secuela aseguró el éxito y la tercera parte estableció un legado. Las tres cintas eran el santo grial de los fanáticos del sci-fi y fueron llamadas “clásicas”. Cuando George Lucas quiso jugar al “hombre de Hollywood” lanzó una nueva trilogía y puso en riesgo su propia obra. La integridad se ve comprometida cuando “pintamos sobre el lienzo”. ¿Qué nos dice que no tendrán más insignificancia una vez que el universo de Disney/Star Wars explote por completo?

El problema con las franquicias como “Piratas del Caribe”, “Divergente”, “Maze Runner”, “Crepúsculo”, “Rápido y Furioso”, “Superman”, “Avengers”, “Tortugas Ninja” y otras cuantas es que no están pensadas como obras de arte (a diferencia de la trilogía de Batman de Christopher Nolan), sino como productos que tienen fecha de caducidad y que deben verse en cierto tiempo para que tengan validez. No tienen temas profundos, no se adentran en los personajes, sus historias son más absurdas que un cómic de los 30 y al repetir elementos de otras cintas de su mismo tipo, se definen como trabajos “desechables”.
Todos los títulos mencionados en el artículo son responsables de evitar que la población desarrolle un lado intelectual mucho más profundo.
“El Padrino” nos hacía reflexionar sobre la familia, historia y en la consecuencia de las más pequeñas acciones; “Odisea en el Espacio” sobre nuestro futuro como humanidad. Aunque todo lo que derivó de “Star Wars” ahora se ve disperso, mantiene a la audiencia con muchas explosiones, gritos, felicidad y aliens… una tragedia para el futuro del cine comercial.
