Imagina despertar una mañana y sentir que un intruso entró en tu cuerpo. No eres tú. Hay algo que se levanta, camina, habla y piensa por ti. Te posee y te obliga a hacer cosas contra tu voluntad, contra tu vida. Algo similar ocurre cuando eres víctima de una adicción. Todo tu ser está dominado bajo el yugo de una sustancia ajena a tu cuerpo y sin la que, a pesar de todo, no imaginas vivir.
El cielo, la tierra y el infierno del consumo de drogas son retratados por Neil Armfield en esta cinta australiana estrenada en 2006. Basada en un libro de Luke Davies, “Candy” no sólo refleja el proceso de dependencia hacia las drogas, sino una historia de amor intensa, contradictoria y mortal.
Los protagonistas –Candy y Dan– son dos jóvenes impulsivos y llenos de vida. El consumo de heroína los une de una manera extrañamente profunda. La vida va bien y juntos son capaces de lograr lo que sea, la sustancia que corre por sus venas fortalece su amor.

Armfield retrata con majestuosidad el furor de los primeros días de enamoramiento. Este sentimiento acompañará a los protagonistas a vivir emociones sublimes; la pasión desbordada, la felicidad inconmensurable y el éxtasis de una vida al límite envuelve a la joven pareja en una especie de sueño del que se niegan a despertar. La realidad, sin embargo, tendrá otros planes para ellos.

De una manera un tanto precipitada, toman la decisión de casarse. La familia de Candy reconoce lo que sucede pero prefiere mantenerse al margen; sus padres, angustiados, son testigos impotentes de cómo su hija va deteriorándose física y mentalmente. El incipiente matrimonio no tarda en tener sus primeros quiebres; un sentimiento violento por parte de ambos comienza a asomarse en su relación, las peleas se vuelven constantes, las desgracias van acumulándose. Sin que lo sepan, esto es sólo la antesala del colapso total.

No hay dinero que alcance para sostener una adicción. El respeto al otro y a sí mismos se borra por completo. De manera cada vez más indolente, Candy oferta su cuerpo y con él, todo el amor que una vez tenía para Dan. El consumo de heroína se vuelve una necesidad y no importa la manera de obtener recursos para conseguirla. Aunque parecen ignorarlo, ellos saben que lo que hacen no es correcto. Sufren por ello, sin embargo, el síndrome de abstinencia es un costo que no están dispuestos a pagar.

Además de la dependencia física, las drogas comienzan a crearles un desequilibrio emocional demoledor; pese al amor que ambos se profesaban al comienzo, los problemas lo destruyen todo. Ambos están muy afectados emocionalmente, confundidos y poco a poco dejan de ser quienes eran para convertirse en cuerpos temblorosos y necesitados. Un trágico episodio en sus vidas terminará con todo lo que alguna vez soñaron. La muerte y la locura ronda sus vidas, se convierten en el vivo rostro de la desesperación.

¿Dónde queda la esperanza?, ¿dónde está el futuro y sus venideras promesas?. Ni todo el amor del mundo basta cuando la voluntad de alguien ha desaparecido por completo y está a expensas de una obsesión despiadada. Armfield nos lleva en ascensos y picadas a esta historia que oscila entre el amor y el odio, la libertad y la necesidad, la felicidad y lo dañino.

Algunos críticos sostienen que es una cinta predecible y con una intención moralina. Para otros, es el reflejo perfecto de la crueldad de los efectos de un consumo desmedido. Cuando no se tiene la decisión de optar por rehabilitación, frecuentemente el destino de las personas adictas es la cárcel, la locura o la muerte.
A diferencia de otras películas que giran en torno al tema de la drogadicción, esta no es una película adoctrinadora. No intenta condenar o censurar el consumo, simplemente exhibe lo que naturalmente sucede; eventualmente, después de la euforia y el éxtasis de placer, la heroína cobra todo el bienestar con altas dosis de sufrimiento.
Esta película fue acreedora de los premios Australian Writers Guild de 2006 y al Film Critics Circle of Australia del mismo año. Además, estuvo nominada al Festival Internacional de Cine de Berlín Heath Ledger y Abbie Cornish estuvieron nominados como mejores actores en los Inside Film Awards.
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Referencias
Filmaffinity
