A menudo, los ecos de la infancia son más un estado mental que verdaderos recuerdos. La memoria, ese mecanismo tan cercano al olvido y a la transformación inevitable del pasado, puede ser un halo que ilumina una vez más la felicidad vivida. Todos tienen algo que apreciar de su niñez, así sea mínimo y distante. Sea como sea, en ese universo pueden destacar las primeras imágenes que despertaron el gusto por la lectura, las historias y la fantasía. Muy pocos no han oído hablar acerca de Winnie Pooh, el tierno oso amarillo con playera roja cuyo gusto por la miel es un rasgo esencial en sus historias, que conforman una serie de poemas y libros infantiles como Winnie-the-Pooh, creado por el autor inglés A. A. Milne. A este característico personaje, que ha inscrito en la literatura infantil universal frases realmente inspiradoras, lo acompaña un grupo de amigos, como Tigger, Igor, Piglet, entre otros. Si bien es cierto que la versión más conocida es la animada desarrollada por Disney, la cinta Goodbye, Christopher Robin [Simon Curtos, 2017], conocida en Latinoamérica como Hasta pronto, Christopher Robin, da cuenta de cómo Milne ideó estos personajes que han conquistado a generaciones.

A. A. Milne y su hijo C. R. Milne
Hasta pronto, Christopher Robin es un drama biográfico que relata cómo la creación del personaje ficticio cambió la vida de Milne y su familia para siempre. Sobre todo la del pequeño Christopher Robin, quien se veía agobiado por la intromisión de la gente a su vida privada desde corta edad, cuando él sólo quería hacer lo que los niños hacen mejor: jugar. La historia transcurre en Inglaterra aborda el trasfondo real del surgimiento del personaje emblemático, durante la primera década del siglo XX y hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, en medio de un panorama convulso en lo social y en lo político.
Domhnall Gleeson da vida a Milne, Margot Robbie a su esposa, Daphne, y Will Tilston debuta como Christopher Robin a los 8 años. El joven actor destaca porque impregna su interpretación con un toque de inocencia y simpatía.
El guión, desarrollado por Frank Cottrell Boyce y Simon Vaughan, cuenta con un excelente ritmo narrativo, que mantiene en expectativa, a pesar de lo lento del inicio. Lo cierto es que una vez que la historia agarra el tono adecuado, se mantiene así hasta el final. Hasta pronto, Christopher Robin cuenta además con diálogos ágiles y muy graciosos, que explotan la parte inocente y fantasiosa del niño, sin que esto estuviera forzado o fuera de lugar, desde conversaciones comunes hasta otras que son más ingeniosas y logran arrebatarle una sonrisa al espectador.

Los méritos son más destacables en la dirección de Simon Curtis, mejor conocido por Mi semana con Marilyn y La dama de oro. Definitivamente supo cómo abordar cada escena, sin restarles espacio a los instantes felices y tristes, dosificándolos como una gama de momentos emocionalmente cargados, a menudo tiernos mas no empalagosos. Podría decirse que no quiso correr para atacar el momento conmovedor de la manera más fácil ni tampoco se extendió demasiado en ello. De esa forma logró una película equilibrada, agradable, entusiasta y sin presunción por centrarse únicamente en generar un sentimiento compasivo en la audiencia.

Otro gran mérito selo lleva el trabajo de edición, en el que se nota una labor acorde con la temática. Hay escenas en las que los personajes pasan de ser dibujos a lápiz a seres de carne y hueso, un astuto y genuino homenaje al origen del personaje, que además significa un guiño de ojo sobre la ficcionalización en función de hechos y personas reales.
Hasta pronto, Christopher Robin sin duda es una película recomendable que te hará recordar lo importante de la infancia y, con su particular mirada hacia el origen de un hito de la niñez de muchos, ampliará tu visión del imaginario como forma de preservar emociones, aspiraciones y sentimientos gloriosamente anclados en el pasado. Asimismo, expone un tema que muchos han ignorado: no es sano robarle los momentos de inocencia a un niño y menos explotarlo para beneficio propio.
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Desde su aparición, Netflix ha permitido saciar el hambre de millones de amantes del cine que se rinden ante nuevas series, documentales y otras propuestas como si fueran adictos.
