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Razones por las que ir solo al cine te convierte en una persona peligrosa

Cine Razones por las que ir solo al cine te convierte en una persona peligrosa




Estar solo es una enfermedad. Nadie quiere contagiarse de la soledad. Las visiones dogmáticas sociales apuntan con el dedo a quienes disfrutan de la propia compañía, pues el solitario parece estar destinado a ser un ermitaño, a no tener hijos, a ser ajeno a una familia y morir en un vacío interminable. ¿Por qué? Se cree que si no hay una persona a un lado, el individuo tiende a ser un retraído que tarde o temprano exteriorizará sus defectos mentales, sacará una bomba de su mochila e impulsado por el odio inconsciente a su padre la hará detonar y asesinará a todos a su alrededor; feliz, por fin, pues se ha vengado de la sociedad. Claro que tiene que ser así, ¿cómo va a ser de otra forma?

Estar solo en un espacio público se ha convertido en un elemento de rareza. El hombre que se sienta en una banca a mirar de frente parece una amenaza, pues al estar en soledad es evidente que nunca se casó, o que sus hijos lo detestan y lo han condenado a vivir en una cueva por el resto de su existencia, y privado de sus necesidades fisiológicas tiene que buscar en la banca de un parque a una joven para satisfacer sus deseos sexuales. ¿Cómo vamos a creer otra cosa? Es improbable creer que ese hombre simplemente se sentía agobiado de estar encerrado en una oficina, o enfrente de una televisión o un teléfono móvil hasta decidir salir a caminar por su cuenta a conocer las calles de su ciudad.


por qué ir al cine solo


Ir al cine sólo es extraño. Porque ver una película en la que no se puede hablar con otra persona por respeto es la mejor idea para conocer a alguien. ¿De qué sirve ir a socializar en un lugar en el que te callan si dices algo? ¿Es posible conocer a una persona al ver una pantalla y no sus ojos? Es posible, tal vez, si adivinas las expresiones que hace en las escenas de la cinta, pero en la oscuridad es difícil apreciarlo; debe existir un conocimiento pleno e interpersonal para ir al cine con alguien, conseguir esa confidencia total y pura, ya que no es algo que se encuentre a diario. Ir al cine acompañado es uno de los signos de amor más antiguos. Sientes de manera accidental la mano de la persona sentada alado de ti. Es probable que se aleje instintivamente y, ocultos en la oscuridad, ambos sonreirán. Uno tomará la iniciativa y entrelazará sus dedos. Quizá recueste su cabeza en el hombro y ahí, justo en ese momento, John Wayne volverá la mirada, atravesará la pantalla y sabrá que un amor ha nacido. Pero, ¿quién nos dice que todo debe ser así?

¿Por qué entrar a una sala de cine sin que nadie nos haga compañía es malo? ¿Por qué esto no se considera también un acto de amor? Existen situaciones que hacen necesaria a la soledad de vez en cuando; 130 millones de personas en una extensión de aproximadamente 2 millones de kilómetros cuadrados hace que respiremos en la nuca de alguien más. Querer estar sólo en un mundo tan sobrepoblado, en un planeta en el que en menos de 80 años se triplicó la población no es sólo un lujo, es una necesidad. Entrar a una sala de cine, solo, es sano, pues el cine también es un lujo. 


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Ver las ideas de un director plasmadas en una pantalla gigante no deja de emocionar, pues hay situaciones que sólo son posibles en una sala oscura. Incluso, una persona en soledad es más propensa a analizar una imagen. Si se está solo, ¿quién va a juzgar? Si las lágrimas brotan nadie preguntará, ¿estás llorando? Sólo sabrás que hubo algo en la escena que coincidió a la perfección con esa soledad necesaria. Tal vez algunos volteen a ver al solitario, pues creerán que es peligroso.  

Culturalmente estar solo está mal. Los superhéroes, tarde o temprano. tienen que revelar su identidad a un grupo seleccionado, pues la soledad es su kriptonita, aunque la simbiología del héroe exige su soledad para proteger a sus seres queridos. En las biopics siempre hay alguien detrás sin el cual el hecho legendario no habría sido posible. Se cree también que no se puede conseguir nada solo, ¿por qué no? Ir al cine sin que alguien te acompañe es incluso terapéutico. El mensaje es para ti y para nadie más. No entablar una conversación con alguien no es timidez, muchas de éstas son menos productivas que la reflexión intrínseca. Otras más, si alguien está solo no es porque lo han abandonado, sino que decidió alejarse de todo lo que lo abruma.


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Nos gusta tener miedo. El kamikaze siempre va solo. El terrorista también. El que va solo siempre aparentó ser una persona normal hasta que saca una escopeta y mata a quien se le ponga enfrente. Esa es su historia, siempre lo será. Porque el hombre que está acompañado de una mujer no puede ser malo. Aparentemente encontró el amor, y un ratón hace muchos años dijo que el amor salvará al mundo. Una persona sola no puede tener amor. El amor si no se entrega a alguien no es amor, es soledad; sin embargo, la soledad también es amor.

Entender a alguien es amor. Saber cuáles son los defectos de alguien es amor. Dar la vida por alguien es amor. Regalarle tiempo a alguien es amor. Cuando el gasto se convierte en inversión por alguien es amor. Escribirle a alguien es amor. Caminar por y con alguien es amor. Trabajar hasta el cansancio por alguien es amor. ¿Tú no eres alguien? En el vasto mundo tú también eres una persona, y si quieres entenderte, también se considera amor, amor propio, pero amor al fin y al cabo. No hay que dejar morir al amor en todas sus formas.

El hombre solo, la mujer sola; ellos no son peligrosos, también buscan el amor —quizá no precisamente del alguien más—, y lo hacen en un lugar donde nadie lo buscaría. En sus ojos, por ejemplo.


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La literatura es un compañero ideal para aquellos a quienes les gusta disfrutar de su soledad, por eso te compartimos estos poemas para los que siempre están al borde de la soledad, el amor y la muerte. Además, te has preguntado alguna vez, ¿por qué la obsesión de encontrar una pareja es un refugio contra la soledad?








Referencias: