Hace aproximadamente 2 años estaba a punto de lanzarse la cinta “The Interview”, una sátira sobre el gobierno de Corea del Norte protagonizada por Seth Rogen y James Franco. La promoción de esta cinta, así como su personificación de Kim Jong-un, el dictador de dicha nación, causaron que surgieran tensiones entre países e incluso llegaron amenazas de muerte a quienes participaron en la cinta. Aunque al final no resultó nada grave de esta situación, sirvió como táctica de marketing para llamar la atención del público y ganar un poco más de dinero en taquilla. La cinta resultó no ser tan buena, pero nos presentó algunos elementos que son realidad en Corea del Norte.
Durante una de las escenas de la película, cuando ambos protagonistas van llegando al país asiático para entrevistar al excéntrico dictador, pasan por un pequeño pueblo donde está una tienda. El local (desde lejos) parecía tener todos los alimentos comunes de un pequeño supermercado. Fruta, botanas, refrescos, etcétera. Pero conforme avanza la cinta, ambos se dan cuenta de que en realidad es un establecimiento falso, con productos que sólo daban la sensación de que era una negocio normal. Esto también se ha visto en distintos documentales que tratan sobre la vida en Corea del Norte. Aunque el país parece desierto, la gente que estaba de visita comentaba sobre lugares que parecían ser iguales que en Estados Unidos, pero que en realidad no lo eran.
Esta es una situación extrema de lo que se ve todos los días en algunos escaparates de Japón. Sin embargo, en el país nipón no se realizan esos trucos para engañar la visión de distintos países, si se utiliza es con un propósito muy particular: invitar a la gente a comer con una “realidad plastificada” .
Aunque en la mayoría de los restaurantes del mundo sólo basta con una pequeña foto en el menú o con una descripción, los japoneses llevan a otro nivel las muestras de comida. Este (ahora considerado) arte se llama sampuru, que viene del inglés “sample” y se trata de reproducciones en cera o plástico de algunos platillos japoneses que se ponen como ejemplo en los escaparates de los lugares donde se vende su gastronomía.
La historia del sampuru comienza a inicios del siglo XX, cuando la cultura japonesa comenzaba a abrirse al resto del mundo. En esta etapa inicial de globalización era importante para los nipones recibir extranjeros y atraerlos a su cultura y viceversa. Al comenzar la llegada de productos y platillos de otras naciones, algunos intentaban vender esta nueva comida a sus compatriotas, pero ¿cómo llamar su atención?
Al principio, como comúnmente lo vemos, se apostó por dibujos de los productos, pero se comenzó a pensar en que las reproducciones tridimensionales tendrían un atractivo mayor. Al percibir el platillo de la manera más fiel, visualmente generaría más atención al posible cliente y de esa forma no estaría lanzándose a la suerte para ver lo que recibiría.

Este tipo de creaciones comenzaron a usarse desde 1917, pero fue hasta 1932 que Iwasaki Ryuzo decidió fundar una empresa llamada Iwasaki Be-I, que se centraría especialmente a esta actividad. Actualmente es una gran industria que genera bastante dinero y es que ya no sólo genera los platillos en general, sino productos individuales creados con gran detalle que después el cliente ya puede posicionar de la forma en que lo desee.
El arte del sampuru se solía desarrollar con cera, pero actualmente se usan plásticos y derivados para crear las figuras. Lo interesante de esto es que se les considera artistas a quienes desarrollan estas reproducciones, ya que además de que se crean con un detalle impresionante, es básicamente imposible que una máquina cree con esa precisión un platillo (sin mencionar la variedad de mezclas que pueden existir).

Usar el sampuru como muestra en un restaurante trae distintas ventajas. Además de que llama la atención del cliente con una reproducción fiel de un platillo real, permite mantener el modelo durante mucho tiempo en el escaparate, sin que corra el riesgo de que el platillo se eche a perder o que no salga dos veces igual. Como se mencionó previamente, al inicio se utilizaba para acercar a los japoneses a la comida extranjera, pero con el paso del tiempo esto ha cambiado. Ahora este arte sirve primordialmente para acercar a personas de otros países a la comida nipona, ya que facilita el proceso que luego se interrumpe debido a las limitaciones del lenguaje. Es común que el cliente se acerque al local y sólo señale la figura sampuru del platillo que desea para tenerlo en sus manos a los pocos minutos.
Pero no sólo hay que comprar unos platillos sampuru una vez. Es importante para los dueños de los locales darles un cuidado y reemplazarlos cuando ya no sirvan. Aunque su periodo funcional no es tan corto, suelen actualizarse regularmente para llamar la atención de la clientela. Cabe destacar que si el restaurante no cumple con las características del sampuru en el platillo final, su reputación se verá reducida, ya que éste sirve para dar un acercamiento a la comida, no hacer un engaño.

Es indudablemente una forma curiosa pero efectiva de mostrar comida a los visitantes. Se dice que este arte está pasando a otros lados del mundo y no sería algo de extrañarse, es un método muy efectivo mientras la calidad de los alimentos reales se mantengan fieles a la figura que los representa.
La creación de estos elementos seguramente resulta tan interesante como los de comida real, además de que su fidelidad suele ser mayor a la de las fotografías que a veces vemos en los menús. Esto logrará acercar a nuestras culturas de una manera totalmente inesperada y afortunadamente nos mantendrá alejados de la comida chatarra una vez más.
