







Entonces llegó el momento de ver a las grandes bandas que encabezaron el cartel, empezando por Cafe Tacvba, quienes aparecieron en el escenario ataviados con unos asombrosos trajes norteños de colores fluorescentes, y flecos larguísimos de colores. Con un sampleo muy atinado de música norteña dieron pie a “El fin de la infancia” que puso a brincar a todos, seguida de “Ingrata” para asegurar la encendida del público. Un bloque romántico inicia con “Cómo te extraño”, “Las flores” y “Las batallas” que llega a interrumpir “Rarotonga” aunque perpetuara la hilera de clásicos. “Olita del altamar” trae el setlist a fechas más recientes, junto con “Volver a comenzar”. Vuelve a sonar, también a cargo de Álvaro Henríquez de Los Tres, “Déjate caer” (esta vez con coreografía), que alistó el ánimo para cantar al unísono “Chilanga banda”. La recta final del show, ligeramente opacado por los desesperados fans de Blur que los exigían en el escenario, dio inicio cumpliendo con el consabido canto “paparupapa eueeeeoo” que logró la ejecución de “El baile y el salón”, y una vez satisfecho el deseo, la “Chica banda” prolongó la festividad, apenas menguada por “Eres” y “María”, para concluir tranquilamente con “Mediodía”.



Éste fue sin duda un gran festival, que lejos de insistir por lo multitudinario, y habiendo enfrentado dos grandes amenazas logísticas, supo dar mucho de sí y ofrecer cosas originales que se pudieron disfrutar a pleno, como los hermosos prados del Parque Trasloma. Quizás si Foals no hubieran pospuesto su presentación el festival hubiera caído en el exceso, dadas las condiciones climáticas y logísticas que demandaba el tamaño de cada banda. Sin embargo, al menos para los chilangos que nos aventuramos a explorar otras escenas, desde la comida hasta el ambiente, todo fue extraordinariamente inclusivo y armónico, y se reconoce que existan opciones, mismas que esperamos con ansias que continúen diversificándose a lo largo del país.
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Fotografías por Pablo Navarrete
