Amar a alguien que se avergüenza de ti

4 min de lectura
por junio 24, 2025
Relato verguenza - amar a alguien que se avergüenza de ti

Ser creadora de contenido no fue algo que planeara desde siempre. Fue algo que se fue dando. Empecé compartiendo pedacitos de mi vida, luego hice una parodia, luego otra, y poco a poco ese espacio se convirtió en mi trabajo, pero también en mi espejo.

En el lugar donde, por primera vez, me sentí completamente libre para ser yo. Sin filtros. Sin maquillajes emocionales. Sin tener que hacerme la interesante. Solo yo. A veces haciendo el ridículo, a veces llorando, a veces burlándome de mí misma, pero siempre real.

Y lo digo con toda la responsabilidad que implica: no es fácil vivir mostrándote. No es fácil ser vulnerable por elección y por vocación. Pero hay algo muy poderoso en hacerlo. Algo que me conecta con quienes están del otro lado de la pantalla, que me permite decir: “mira, esto también pasa, esto también duele, esto también soy yo.”

Lo que nunca imaginé fue que esa libertad que encontré en internet me iba a costar tan caro en mi vida personal.

Con mi familia ya tengo acuerdos: no los muestro si no quieren, no expongo lo que no es mío. Mis amigos más cercanos lo entienden, incluso a veces se suman al chiste. Pero con él fue diferente.

Con él fue silenciosamente hiriente.

Desde el principio hubo señales, pero el amor es ese filtro que lo suaviza todo. Le quitaba importancia a sus comentarios, me convencía de que sólo “estaba cuidándome”, de que “no era para tanto”.

Cuando no me pedía que bajara un poco el tono, me advertía que ese contenido me hacía ver mal o me mostraba los comentarios más humillantes para probar no sé bien qué…

Y yo dudaba. Me empezaba a censurar. A suavizar el tono. A dejar de compartir cosas que antes compartía con libertad. Como si de pronto la risa de otros ya no fuera suficiente escudo para la incomodidad de quien dormía a mi lado.

Nunca lo dijo con esas palabras, pero se notaba: le daba pena. Le daba pena lo que hago, cómo hablo, cómo me muestro. Le daba pena yo.

Lo más doloroso no fueron sus palabras. Fue el subtexto. Fue cómo me miraba cuando grababa. Cómo apretaba la mandíbula si alguien se me acercaba en la calle para pedirme una foto. Imagínense: cuando alguien le preguntaba a qué me dedicaba, yo decía con orgullo “creadora de contenido” y él lo matizaba con un: “Bueno, pero estudió marketing y negocios”.

Como si necesitara justificarme. Como si decir “creadora de contenido” no fuera suficiente. Como si tuviera que recordarle al mundo —y a él mismo— que yo tenía un título “serio”, que no era solo una chistosa en internet.

Katy perry orlando bloom - amar a alguien que se avergüenza de ti

Y yo aguanté. Porque lo quería. Porque quise creer que se le pasaría. Porque pensé que si me iba bien, si llegaban más campañas, si crecían los seguidores, entonces él vería lo valioso de lo que hago.

Pero no. Pasó un año y medio y no cambió. Empeoró.

Cuando le dije que quería mudarme a Ciudad de México, que sentía que era el momento de apostar por mí, por mi proyecto, por ver hasta dónde podía llegar, me dijo que no. Que él no pensaba irse, que esa ciudad no era para él.

Y después vino la frase que todavía me hace un nudo en la garganta:

“No te veo futuro. No me imagino mi vida al lado de alguien que exhibe todo lo que es y lo que hace.”

Y entonces supe que era el final. No sólo de la relación, sino también de una parte de mí que durante mucho tiempo se había estado encogiendo para caber en su mundo.

Terminamos. Y aunque fue una decisión necesaria, me dejó muchas heridas. No por el adiós, sino por todo lo que implicó sostener una relación donde, en el fondo, yo le daba pena.

No me imagino cómo puedes amar a alguien que se avergüenza de ti. Y sin embargo lo viví. Con la esperanza de que algún día cambiara, con la ilusión de que me entendiera, con la fantasía de que el amor lo podía todo.

Pero no. A veces el amor no es suficiente. Para algunos, amar no significa admirar. A veces dicen que te aman, pero no te respetan. A veces quieren quererte, pero sólo si te pareces más a lo que ellos pueden tolerar.

Y ahora estoy en este punto en el que me siento un poco insegura. Me cuesta pensar cómo volver a abrirme, cómo confiar en que alguien pueda mirarme sin incomodarse con mi forma de existir. Me da miedo toparme otra vez con alguien que me diga que soy “demasiado”. Que quiera bajarme el volumen. Que me quiera “mejorar”.

Pero hay algo que me repito cuando me dan ganas de esconderme: No vine a gustar. Vine a ser.

Y si eso implica incomodar a alguien, no es mi lugar el que está mal. Es el suyo.

Yo ya hice las paces con mi rareza, con mi forma de contar las cosas, con mi necesidad de convertir la vida en historias. Y a quien le incomode, que pase de largo, que me dé unfollow, que se voltee para otro lado.

Porque aquí seguiré: mostrando lo que soy, riendo fuerte, llorando cuando toca, haciendo el ridículo con estilo. Porque mi vida no es un chiste. Pero a veces, reírme de ella es la forma más valiente de vivirla.

Gracias por leer hasta acá. Prefiero resguardar mi identidad y mandé esto porque soy KatyCat (fan de Katy Perry) y resueno con su fallida historia de amor con Orlando Bloom.

¿dónde quedó la chilindrina? El misterioso motivo por el que no apareció en la versión animada de 'el chavo'
Historia anterior

¿Dónde quedó La Chilindrina? El misterioso motivo por el que no apareció en la versión animada de ‘El Chavo’

Una mujer con músculos sigue siendo más ofensiva que un hombre con poder. El cuerpo de dua lipa no es el problema: es el espejo de sus inseguridades.
Siguiente historia

Dua Lipa nos presumió sus increíbles músculos y los hombres frágiles solo supieron decir: “¿Es hombre?”

Lo más reciente de Estilo de Vida

× publicidad

Don't Miss