La vida amorosa rara vez es tan sencilla como en las películas románticas, de hecho, muchas veces el camino hacia una relación sana y bonita está lleno de tropiezos y experiencias que, aunque en su momento parecen malas jugadas del destino, terminan enseñándonos más de lo que imaginamos. Y sí, a veces hay que besar a muchos cucarachos antes de dar con el hombre bueno.
Cada historia tiene su propia lista de personajes que no estuvieron a la altura: el que jugaba de más con tus sentimientos, el que no sabía lo que quería, el que pensaba que ser indiferente era atractivo, o el que nunca aprendió lo que significa realmente respetar a alguien. Todos ellos fueron parte de un recorrido que, aunque es cansado y frustrante, también te preparó para darte cuenta con claridad de lo que no merecías.
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No se trata de avergonzarse por haber pasado por esas relaciones, ni de pensar que “perdiste el tiempo”. Todo lo contrario, cada beso que diste, cada cita que parecía prometer algo y terminó en decepción, cada ilusión, todo eso construyó la experiencia suficiente para que hoy, con más seguridad, puedas reconocer lo valioso de encontrar a alguien distinto.

El hombre bueno no llega con fuegos artificiales ni con discursos grandiosos, no promete más de lo que puede cumplir, porque entiende que el amor se demuestra en acciones pequeñas y constantes. Es el que te escucha de verdad, el que te acompaña sin necesidad de grandes espectáculos, el que cuida lo que tienen juntos porque sabe que no se trata solo de conquistar, sino de sostener.
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Y es ahí donde cobra sentido todo lo anterior, los cucarachos no fueron una maldición, sino lecciones necesarias para valorar al que sí supo ser diferente. Para darte cuenta de lo importante que es el respeto, la paciencia y la honestidad, cosas que antes dabas por hechas y que aprendiste, a base de desilusiones, que no todos son capaces de dar.
Así que no, no besaste cucarachos en vano, cada uno te mostró un reflejo de lo que no merecías y aunque dolió, también fortaleció tu criterio, tu capacidad de elegir y tu claridad para reconocer al hombre bueno cuando finalmente apareció.
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