Llegó el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, un día donde el mundo se pinta de morado y verde. Es el día feminista, es el día de lucha, nuestro día.

Y es que a decir verdad todos los días deberían ser nuestros también; días donde luchemos, gritemos, exijamos y nos hagamos notar. Donde los hombres nos vean, escuchen y hasta que nos tengan miedo. Porque así es una mujer: fuerte, decidida y cansada de que la muestren como el ‘sexo débil’, como la que no puede, como la que solo debe limpiar, como la que es una máquina de hijos y debe callar. No, ya no machitos. Las mujeres nos quitamos las ataduras y ahora nos van a escuchar.
Ahora tengo el corazón violeta, rosa y verde, esos colores que muestran nuestra revolución, coraje y lucha constante. No siempre los tuve, es verdad, y es aquí donde les cuento cómo hace unos años critiqué y juzgué las marchas y pintas, pero ahora me sumé y soy una más que alza la voz. Tenía una venda en los ojos y un sentimiento sumiso, pero que no se nos juzgue porque a la mayoría nos enseñaron desde chiquitas que esas actitudes machistas y misóginas estaban bien. Nunca es tarde para informarse y deconstruirse al cuestionar y aprender.
Hace algunos años yo estaba ‘del otro lado’, ese lado que criticó a las mujeres furiosas que pintaban monumentos y aventaban diamantina. Yo ya estaba trabajando en medios, de hecho recuerdo que compañeros de noticias salieron a las calles a cubrir la nota. Regresaron golpeados y llenos de azúcar color rosa. ‘Está bien pero hay formas’ también dije.
Y entonces empecé a leer más, buscar más, seguir más cuentas feministas y acercarme a mujeres que ya estaban luchando, por ellas y por todas nosotras que no entendíamos. Me hicieron ver el error en el que estaba. Jamás me educaron con esta idea de lucha y empoderamiento. Afortunadamente no tenía alguna mujer cercana por la que debía exigir justicia. Sí, así creía. Pero es que hasta me da pena ahora escribir estas líneas porque soy mujer y ahora sé que no hace falta recurrir al ‘imagínate que fuera tu hermana o tu amiga’ para sentir empatía. Es un problema grande donde hombres de todos los niveles, los más cercanos y hasta autoridades, no están viendo esta diferencia.

Estuve dispuesta a salir este año. Moría de miedo por el horrible bicho pero quería alzar la voz. Demostrar que he cambiado mi forma de pensar y estoy con todas las demás mujeres que han luchado incansablemente por años. Que con la situación de México, este país feminicida, mañana puedo ser yo y me gustaría que otras estén furiosas, griten, pinten y rompan vidrios por mí. Y sí, es lo que haría si le sucede algo a mi mamá, a mis primas o a cualquier amiga, pero estoy dispuesta a hacerlo por otra mujer aunque no tenga una conexión social o sanguínea.
Las admiro. Les doy todo el reconocimiento a las chicas que desde hace años están actuando por cuidarse, cuidarnos a todas y por guardar la memoria de las víctimas. Porque en gran parte, gracias a su lucha, yo sigo aquí, viva, muchas de nosotras seguimos aquí, porque ellas se dieron cuenta antes y no les importó si yo era su amiga, hermana o no había ningún vínculo, lucharon también por mí.
Entre muchas otras cosas han cambiado leyes, normas universitarias y mentes. Sí, mentes como la mía. Me han llevado a reflexionar y darme cuenta que he estado en peligro en muchas ocasiones sin saberlo. Que yo lo veía normal y tuve suerte pero muchas otras que pasaron por una situación similar no tuvieron la misma historia. Debo aprovecharla y agradecerla. Aprovechar para alzar la voz que aún tengo, los brazos que aún puedo mover, la garra que aún puedo manifestar y correr hacia donde se necesite sumar a una más. Ya no quiero estar en peligro. Quiero vivir libre y segura. Quiero que ninguna tenga que pasar por situaciones de riesgo y ver si tiene suerte o no.
He soportado mucho así como estoy segura que todas lo hemos hecho. Fui cómplice al callar. Fui una de ellos al aceptar. Es duro darme cuenta, claro que lo es, pero esta reflexión gracias a ellas me ha hecho cambiar el rumbo y evolucionar para ser una mejor mujer.
La empatía está más fuerte que nunca. Al estar cerca de los movimientos entiendes lo que desgraciadamente implica ser mujer; y duele, claro que lastima. Da coraje, rabia, quieres sacar toda la fuerza que hay en ti y luchar fuerte por pararlo.
Hermanas, estoy con ustedes. Lamento que por muchos años las juzgué y critiqué sin entender lo que estaba haciendo. DENUNCIEMOS, ACTUEMOS, LUCHEMOS, porque esto no está fácil pero la lucha no se va a detener; y en un día como hoy, a pesar de estar viviendo en una pandemia, otra cosa que pone en juego nuestra vida, tampoco nos vamos a callar.
Gritemos, actuemos, corramos, exijamos justicia y protección por nosotras y las que ya no pueden más. Unámonos por todas, por las que entendimos, por las que les arrebataron la vida y por las que aún no lo ven. Por las que salen a las calles furiosas a actuar y por las que se quedan en casa criticándonos sin entender. Sí, por ellas también, porque así como a mí, podemos salvarle la vida y estoy segura que pintaremos, romperemos y exigiremos furiosas si algo a ellas les pasa.

Cantamos sin miedo, pedimos justicia
Gritamos por cada desaparecida
Que resuene fuerte “¡nos queremos vivas!”
Que caiga con fuerza el feminicida
Yo todo lo incendio, yo todo lo rompo
Si un día algún fulano te apaga los ojos
Ya nada me calla, ya todo me sobra
Si tocan a una, respondemos todas
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