Cosas que entiendes sobre tus padres cuando eres adulto

Miércoles, 29 de agosto de 2018 17:47

|Cultura Colectiva
como ser buen padre

Tal vez una de las más grandes incógnitas a las que se enfrentan muchos adultos es cómo ser buen padre o madre. Nadie tiene la solución, eso es algo que entendemos sobre nuestros propios padres mucho tiempo después.



Sea cual sea la etapa de la vida en la que te encuentres, aunque no seas madre o padre, o estés a un paso de serlo o ya lo seas, lo que sí es seguro es que eres hija o hijo, probablemente los conoces y convives con ellos, los conociste y conviviste con ellos y hoy ya no están, o no los conociste y alguien decidió acogerte en su hogar; de cualquier forma fuiste criado en presencia de al menos una figura materna o una figura paterna.


Pero ser madre o padre es uno de los desafíos más complejos, retadores y demandantes que existen; a la vez puede ser una de las

experiencias más inspiradoras, amorosas y satisfactorias que podemos experimentar. Lo cierto es que nadie nos enseña a ser padres, no importa la edad que tengan nuestros hijos, siempre tendremos algo nuevo que aprender, algún reto que superar; experimentamos tristeza o desazón por su dolor y frustración, pero también sentimos orgullo y felicidad por sus logros y alegrías.



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Desde el momento en que nos convertimos en padres se dice que nuestra vida cambia, pero en realidad nuestra existencia se transforma para siempre, ya que nuestra paternidad subsistirá hasta el fin de nuestros días, no importa la edad que tengan nuestros hijos, no importa si están con nosotros o ya no lo están, un poco de nuestra esencia moral está en su ser físico, mental, emocional y espiritual. Por lo tanto, algo de nuestra madre y de nuestro padre habita en nosotros también.


Sin duda la convivencia e interacción entre padres e hijos conlleva un sinnúmero de experiencias, que van desde el asombro al ser testigo de la maravilla de un pequeño ser humano en crecimiento y sus infinitas posibilidades, en contraste con la inocencia con la que iniciamos el descubrimiento de nuestro entorno y nuestros propios potenciales; lo difícil que puede ser tomar las mejores decisiones en beneficio de quien está a nuestro cuidado y lo contradictorias que nos pueden resultar las decisiones de nuestros

padres en el camino hacia nuestra libertad; las expresiones de amor, los momentos de alegría, juegos, diversión, inevitablemente acompañados de situaciones de tristeza, desencuentro, dolor o aflicción. ¡Compartimos tanto con nuestros padres!



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Sin embargo, a veces ciertos acontecimientos —sobre todo si son desagradables— de alguna manera provocan un sesgo en la percepción que tenemos de nuestros padres y podemos llegar a pensar que, si hay regaños, molestias, desavenencias, discusiones, castigos, etcétera, siempre ha sido así y concluimos que “nos tocaron unos malos padres”; nos dejamos llevar por la tendencia de nuestro cerebro a centrarse en lo negativo. En este momento recuerdo a uno de mis maestros citando a Rich Hanson, quien afirma que: “Nuestro cerebro es como el velcro para las experiencias negativas y como el teflón para las experiencias positivas”. Nuestro cerebro está diseñado para ayudarnos a sobrevivir y una estrategia que ha utilizado a través de miles de años es darle prioridad a las situaciones negativas y peligrosas antes que las positivas, el cerebro se apega a sus rutinas para disminuir los riesgos que atentan nuestra supervivencia. Si bien, es un sistema natural de defensa que en las épocas primitivas resultaba eficaz, hoy ya no es funcional para guiar la manera en que nos relacionamos con los demás.


La buena noticia es que nuestro cerebro posee la cualidad de la neuroplasticidad, que se refiere a la manera en que nuestro sistema nervioso se modifica al interactuar con el entorno; y esto significa que podemos aprender nuevas perspectivas, nuevos enfoques que nos ayuden a reencuadrar ciertos recuerdos en nuestra memoria para orientarnos más allá de lo agradable o desagradable, y así tener la posibilidad de descubrir todo lo que podemos seguir aprendiendo y lo mucho que podemos agradecer a nuestros padres.



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Al final, no importa cuál sea o haya sido la personalidad de nuestros padres, los aciertos o desaciertos en su manera de educarnos, lo que cuenta es que todo lo que hicieron ha contribuido a conformar la persona que somos hoy, con talentos, virtudes, áreas de oportunidad y retos por afrontar; en cada uno de nuestros logros o satisfacciones hay un poco de ellos y eso es valioso. Honrar a tus padres a través del amor y la gratitud, comprendiendo que no son infalibles, que al igual que tú son seres que anhelan ser felices y no quieren sufrir, es el mejor regalo para ellos y para ti.


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El texto anterior fue escrito por Adriana Gtz.


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La revista Psychological Science publicó cuatro pasos para ser feliz según la neurociencia, síguelos y comienza hoy mismo a aplicarlos en tu vida cotidiana. ¿Crees que requieres de la aceptación, una pareja perfecta, fama y fortuna para vivir plenamente? Piénsalo dos veces después de leer las cosas que no necesitas para ser feliz.



REFERENCIAS:
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