Enterrar botellas de vino en un ataúd (Francia), alimentar a la novia hasta que suba de peso (Mauritania), prohibir ir al baño a una pareja durante 3 días (Malasia) o regalar huevos a las monjas (España), son algunas tradiciones que se acostumbran llevar a cabo cuando una pareja formaliza su relación en distintos lugares del mundo. Hoy, en nuestro país, es suficiente con hacer una llamada a nuestra mejor amiga para contarle que nos acabamos de mudar con él o preparar una cena entre familiares y allegados para anunciar un compromiso con aquella persona.
Cada uno sabe lo que está dispuesto a hacer a partir del día en que decide compartir su vida con alguien más, pero, ¿qué estás dispuesto a dejar de hacer para que tu relación se convierta en algo serio? Lamentablemente, aún pensamos que comprometernos es sinónimo de limitarnos u oprimirnos. La realidad es que la confianza, el amor, la solidez y madurez, son factores que nos dan la pauta para dejar de actuar y comenzar a ser. Aún si decidimos pasar nuestros días con alguien que amamos, no tenemos porqué vivir añorando libertad y deseando individualidad; ambas cosas nos pertenecen y nadie nos las puede arrebatar.
Hay una línea muy delgada entre respetar y permitir que nos falten al respeto, así que no confundamos amor con posesión o pasión con obsesión. Todos hacemos y dejamos de hacer cosas al momento de forjar una relación con alguien a quien consideramos importante o especial, pero ¿cuáles son los límites que determinan lo que debemos dejar de hacer, cómo no perdernos en la sombra de otra persona, en qué momento dejamos de ser seres autónomos para convertirnos en una posesión del otro?

En una escala de menor a mayor, es decir, de lo más habitual a lo más peligroso o indignante, ubica dónde se encuentra tu relación y pregúntate si las cosas que has dejado de hacer son las que realmente consideras saludables o convenientes para ti.
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Le dedicas más tiempo a tu pareja que a tu amigos
Es completamente normal querer compartir tus ratos libres con tu pareja. Desde pasar horas en el teléfono contándole anécdotas de tu pasado, hasta pedirle consejos para resolver los problemas de tu vida diaria, son parte de esas conversaciones de calidad que disfrutarás. Sin embargo, no confudas el compartir tu tiempo con él o ella, con absorber toda su atención o peor aún, con dejar que esa persona se adueñe de todos tus momentos.

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Integras a tu novio(a) a tu círculo de amigos y a tus planes familiares
Cuando una relación toma ese carácter formal, ambas partes querrán involucrar al otro en todo tipo de dinámicas. Las reuniones familiares, los compromisos de fin de semana y las fiestas de viernes por la noche ahora serán actividades de los dos. No obstante, confundir la integración con la posesión es algo que los dos deben evitar, todos tenemos proyectos y cuando no es posible mezclarlos ninguno debe molestarse.

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Planeas tu futuro tomando en cuenta la presencia de la otra persona
Organizar unas vacaciones juntos, invitarlo a la boda de tu mejor amiga el próximo año o esperar que asista a tu graduación es parte del compromiso que llegaron a construir. Aunque no es lo mismo dejar de hacer cosas sólo para evitar que tu pareja se sienta desplazada, pues aún cuando se tiene una relación el mundo sigue girando y los planes continúan surgiendo.

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Pides su opinión para tomar decisiones importantes
Es obvio que cuando tenemos pareja la tomemos en cuenta para tomar decisiones –menores o mayores– cada vez que lo necesitemos. Pero es distinto que esa persona o que uno mismo quiera controlar cada paso que damos, cada quien decide el rumbo que le quiere dar a su vida.

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Permites que él o ella influya en tu comportamiento y estilo de vida
En ocasiones, el enamoramiento hace que modifiquemos algunos hábitos o cambiemos nuestra forma de pensar. Sin embargo, alejarnos poco a poco de la persona que realmente somos es un error garrafal que no sólo arruinará nuestra relación, sino a nosotros mismos.

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Dejas que tu pareja te trate de forma despectiva porque él o ella asegura ser mejor que tú
Tu enamorado te ha convencido de que en este mundo no hay nadie mejor para ti que él. Tú le has creído y por eso permites que te trate con desprecio, faltas de respeto y desdén. Por donde quieras ver la situación, este acto es completamente reprobable y no tiene nada que ver con una relación seria, sino con un abuso y una enorme falta de amor propio.

No confundas una relación seria con una jaula de oro, la señales de que vives en una espiral de violencia son claras, sólo tienes que identificarlas y aceptarlas. Por otro lado, reconoce si algo cambió en tu relación y tranquilízate, puede que después de algunos meses las cosas se transforman, y eso no significa que se haya acabado el amor.
Si tu relación está atravesando una crisis por alguna infidelidad, lee sobre las cosas que podrías tomar en cuenta para perdonar un engaño.
