La triste y cruel verdad detrás de la "química" en las relaciones
Estilo de vida

La triste y cruel verdad detrás de la "química" en las relaciones

Avatar of Olympia Villagrán

Por: Olympia Villagrán

17 de octubre, 2016

Estilo de vida La triste y cruel verdad detrás de la "química" en las relaciones
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Por: Olympia Villagrán

17 de octubre, 2016





No es el olor de sus feromonas, no se trata de la perfección de su anatomía, tampoco de su labia o inteligencia, ningún factor externo influye y tampoco tiene que ver con tus planes a futuro. La realidad sobre la química entre tu pareja y tú se basa en un síndrome que lleva al ser humano a depender inconscientemente de las dos fuerzas más invencibles y por lo tanto más devastadoras de todas: el amor y la guerra. El amor de tu vida, la mitad que te completa, tu alma gemela y el hombre o la mujer de tus sueños es la misma persona que se convertirá en tu compañero de celda, peor pesadilla, verdugo y peor enemigo. 

¿En verdad siempre se hiere a quien se ama y siempre se ama a quien nos hiere? Así es, de acuerdo con el Síndrome del Imán Humano todos estamos destinados a sentirnos atraídos instintiva e irrefutablemente por personas que nos provocan los dos impulsos con los que el ser humano se crea esplendorosamente y se destruye sin miramientos: el amor y la guerra. La disfunción de las relaciones no se debe a otra cosa más que a la misma compatibilidad que en un principio nos unió a alguien. 

Es complicado comprender cómo la única persona que nos llena plenamente es la misma que nos provocará el dolor más cruel de todos. Pero es así, amor y odio, esperanza y decepción, seducción y rechazo, compañía y soledad, plenitud y frustración, entre otros tormentosos vínculos se desarrollan entre las parejas que se sintieron atraídas como ninguna otra. Esa química de la que tanto se habla y poco se sabe es la que cruelmente ata dos almas opuestas y al mismo tiempo completamente compatibles. Quienes forman una conexión magnética que va de la perfección al sufrimiento una y otra vez.

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El Síndrome del Imán Humano, concepto acuñado por el psicoterapeuta Ross Rosenberg, es el responsable de que la codependencia impere en todas las relaciones. Evidentemente, para que ésta exista debe tratarse de una relación en la que los dos integrantes se sientan, por lo menos en un principio, exquisitamente atraídos. El emparejamiento casi mágico los lleva a imaginar que su conexión amorosa es ese sueño del amor único y eterno que tanto se idolatra. La realidad es que su unión es resultado del síndrome que nos lleva a absolutamente todos a buscar y encontrar a nuestro opuesto, sin importar si éste es el comienzo de nuestra propia destrucción.


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Narcisistas y codependientes protagonizan el lazo al que se refiere Rosenberg. Por desgracia y sin excusa alguna, todos somos alguno de esos dos personajes. El narcisista se enamora profundamente de los cuidados abnegados que satisfacen o superan sus necesidades y expectativas emocionales y personales. Los codependientes se entregan a relaciones en las que pueden brindar amor, respeto y cuidado al otro sin medida ni filtro alguno. Esta unión parece perfecta, pues uno le da al otro lo que desea exactamente; desgraciadamente las cosas no funcionan así.


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El narcisista jamás estará satisfecho con lo que recibe y el codependiente jamás se sentirá lo suficientemente necesitado como para ser una pareja feliz, sobre todo sana. Estos polos opuestos, naturalmente atraídos entre sí, caen en un patología de la que es difícil escapar y en la que juntos cavan su propio agujero. Enamorarse de alguien que tiene nuestros mismos gustos, sueños, hobbies o las mismas manías, aspiraciones e inquietudes es una gran mentira, pues como imanes que se atraen, hombres y mujeres también buscamos la perfección de la pareja en alguien antagónico a nosotros.

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Por eso las relaciones, en su mayoría, terminan en fracaso. Sin embargo, ésa no es la parte más peligrosa del Síndrome del Imán Humano, pues la guerra comienza cuando el codependiente y el narcisista deciden tomar su papel en serio para dejar de aparentar amor y respeto. La necesidad de sentirse protegido, deseado, admirado y amado crece cuando el narcisista comprueba que ha encontrado a alguien que se lo entregará todo sin excusas ni demandas. Mientras que la necesidad de ser imprescindible, indispensable, efectivo y suficiente para el otro agobia al codependiente hasta casi asfixiarlo. 

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Obviamente en este punto de la relación ninguna de estas dos personalidades reconoce o siquiera se percata de que hay una disfunción importante y peligrosa en su relación. El magnetismo entre ambos imanes crece y fuerza negativa que los atrae hace cada vez más difícil que alguno de los polos logren separarse. El amor que en un principio favorece a las parejas, haciéndolas sentir comprometidas e inseparables, se convierte en la guerra más tortuosa y cruel en la que ambos se destruirán. 

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Este mecanismo psicológico e inevitable es el que todos usamos para elegir a nuestra "pareja ideal". La química que experimentamos cuando conocemos a alguien que nos hace reír, disfrutar y vibrar, se debe a todo eso que no somos y que sabemos que alguien más nos puede dar. Este síndrome es como un baile en el que al principio ambos van al mismo son, después de acelerar o bajar el ritmo sus pies comienzan a confundirse hasta tropezar entre ellos y finalmente la pieza se vuelve incómoda o hasta dolorosa. 


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Nuestra historia, la que se formó durante nuestra infancia y juventud; nuestra familia, en la que fuimos educados y amados de cierta forma, y todo lo que nos rodeó durante la etapa en la que nuestra personalidad se moldea nos define hoy. Nuestras carencias y recursos son el resultado de ese camino ya recorrido, mismo que dicta si somos codepedientes o narcisistas, egoístas o altruistas, controladores o empáticos, conservadores o arrogantes. Y justo eso que no somos es lo que buscaremos en el otro; cuando lo encontramos el juego inconsciente de los tipos de personalidad opuestos y "perfectamente" equilibrados comienza. Todo es magia, felicidad y amor, pero después la relación se vuelve oscura, difícil, confusa, agresiva, doliente y como una guerra interminable en la que nuestra propia química será nuestra criptonita.

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Es una decisión personal creer o no en la teoría del Síndrome del Imán Humano. Tristemente, las coincidencias son muchas; ¿cuántas relaciones comienzan por supuestas similitudes y cuántas terminan porque, curiosamente, no eran tan parecidos como pensaban? ¿Quién es capaz de reconocerse narcisista o codependiente? ¿Cuánto tiempo se necesita para conocer a alguien de verdad? ¿Cómo no enamorarse de la persona que tiene y es todo lo que tú no eres?








Referencias: