Se cuenta en el Génesis, el primer libro del Antiguo Testamento, la historia de Judá y Tamar:
Por aquel tiempo bajó Judá de donde sus hermanos para dirigirse a cierto individuo de Adullam llamado Jirá.
Allí conoció Judá a la hija de un cananeo llamado Súa, y tomándola por esposa se llegó a ella; ella concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Er. Volvió a concebir y dio a luz otro hijo, al que llamó Onán. Nuevamente dio a luz otro hijo, al que llamó Selá. Ella se encontraba en Akzib al darle a luz. Judá tomó para su primogénito Er a una mujer llamada Tamar.
Er, el primogénito de Judá, fue malo a los ojos de el Señor, el Señor le hizo morir. Entonces Judá dijo a Onán: “Cásate con la mujer de tu hermano y cumple como cuñado con ella, procurando descendencia a tu hermano”. Onán sabía que aquella descendencia no sería suya, y así, si bien tuvo relaciones con su cuñada, derramaba a tierra, evitando el dar descendencia a su hermano. Pareció mal al Señor lo que hacía y le hizo morir también a él. – Génesis, cap. 38, versículos 1-10
Onán, personaje bíblico, fue de quien se tomó referencia para el término onanismo, considerado por error como un sinónimo de masturbación, pero íntimamente relacionado con ésta por sus implicaciones físicas para estimular el miembro masculino.

En realidad, Onán no concluyó el acto sexual con su cuñada: “entraba a la mujer” pero “se derramaba en la tierra”, lo que se conoce como el método coitus interruptus: interrupción de la relación sexual antes de que se produzca la eyaculación, y en el que generalmente los fluidos se corren fuera de la zona vaginal.
En 1879, después de declarar que había recibido propuestas tentativas de parte de algunas mujeres, el escritor y aventurero Mark Twain ofreció en París una conferencia frente a un grupo masculino en la que hizo algunas acotaciones sobre lo absurdo de condenar una práctica común y natural para el equilibrio mental del ser humano. El autor norteamericano se mostró como un detractor de la religión que condena la masturbación y habló en sátira sobre los “efectos nocivos” de recurrir al autoplacer.

En “Reflexiones sobre la ciencia del Onanismo”, Twain hace una aguda crítica a la religión por respaldar teorías ridículas y considerar a la acción, entre la masturbación y el onanismo, como un pecado mortal que merece la condena eterna. Esto por antecedentes como los establecidos en un texto médico de principios del siglo XX en el que se hacía a los padres “recomendaciones” sobre lo que debían decir a los pequeños cuando estos estimularan sus genitales.
“Enseñe a su niño que cuando se masturba o excita los órganos sexuales todas las partes del cuerpo sufren. Es por esto que se llama auto-abuso. El pecado es terrible, y es, de hecho, peor que mentir o robar. Porque, aunque estos son malos y van a arruinar el alma, el auto-abuso arruinará el alma y el cuerpo. Este hábito repugnante sienta las bases para el consumo, parálisis y enfermedades del corazón. Esto hace que muchos niños pierden la cabeza; otros, cuando crecen, se suicidan”.

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Mark Twain ironizó esta postura médica afianzada por la religión; durante la conferencia se burla de estas actitudes sociales, propias de la época, que han permanecido en el terreno de la moral y la cultura desde tiempos inmemoriales e, incluso, han sido tema de discusión entre los autores de todos los tiempos para elaborar una reflexión sobre el papel de la masturbación en el medio creativo.
Estas son las citas de algunas de las personalidades más destacadas en la historia y la literatura acerca del acto de masturbarse, y que Twain pronunció en aquella ponencia:
Homero, en el segundo libro de la Ilíada, señaló: “Dame la masturbación o dame la muerte”
César, en sus Comentarios, dice: “Para los que están solos, es la compañía; de los desamparados es un amigo; para los de edad avanzada o impotentes es un benefactor; los que sean pobre son ricos si con esto se divierten”.
Robinson Crusoe añadió: “No puedo describir lo que le debo a este noble arte”.
La reina Elizabeth dijo: “Es el baluarte de la virginidad”.
Cetewayo, el rey del pueblo zulú, comentó: “Un tirón en la mano vale más que dos en el monte”.
El inmortal Franklin aclaró: “La masturbación es la madre de la invención”. “La masturbación es la mejor política”.
Al término de estas referencias, Mark Twain dirigió sus declaraciones hacia la teoría evolucionista de Darwin, de quien dijo, se entristeció al verse obligado a declinar su propuesta sobre que el hombre desciende directamente del mono, y que es éste el lazo de unión entre el ser humano y las especies animales inferiores.
“El mono es el único animal, además del hombre, que practica esta ciencia; por lo tanto, él es nuestro hermano; hay un lazo de simpatía y de relación entre nosotros. Sitúe a este animal en un momento propicio y él en seguida hará a un lado sus otros asuntos para llevar a cabo el acto; verá, por las contorsiones y su expresión de éxtasis, que toma un interés inteligente y humano en su actuación”.

En el mismo tenor de satirizar el tema, Twain hace mofa de los supuestos efectos de la práctica, de los que dice son “fácilmente detectables”. Uno sabe si una persona se masturba demasiado cuando lo realiza como un incentivo para comer, beber, fumar, para convivir con los demás, reír, hacer bromas, contar historias o lo toma como “un deseo vivo” para pintar cuadros.
Las consecuencias de la masturbación frecuente y fervorosa son: pérdida de memoria, pérdida de la virilidad, ausencia de alegría, esperanza, carácter, e incapacidad para tener descendencia.
Dijo Twain que de todas las prácticas sexuales, la masturbación es la menos recomendable, pues “como diversión, es demasiado fugaz; como ocupación, lleva demasiado tiempo; como exposición pública, no genera ingresos. Además, no está bien practicarla en la sala de estar, y en las sociedades más cultas hace tiempo que se desdeñó de las reuniones sociales”.

Para cerrar, el escritor declaró: “If you must gamble away your life sexually, don’t play a Lone Hand too much”.
Incluso por encima del coito explícito y las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, la masturbación sigue siendo un tema del que se habla a puertas cerradas y del que todavía se tiene una imagen sucia y vergonzosa por tratarse del autoplacer y el reconocimiento de la capacidad de uno mismo de fabricar fantasías y estimular pensamientos poco impíos, a pesar de ser una práctica recurrente entre hombres y mujeres de todas las edades.
La masturbación se ve macerada desde el Génesis con Onán, cuando Dios le da muerte por desperdiciar su semilla en suelo infértil, pues el sexo por placer, la estimulación y el autoerotismo no son acordes a la idea de la reproducción como la misión del hombre por extender la obra de Dios.

Pero después de las limitaciones religiosas, la ciencia, en específico la medicina, alimentó las versiones sobre las consecuencias que traía sobre la salud el exceso de fluidos. Se atribuía a la masturbación y el onanismo el desequilibrio mental y enfermedades como la tuberculosis, según señaló el médico suizo S. Tissot en 1741. Los libros de medicina del siglo XIX señalaban a esta práctica como un vicio inmoral y de graves daños para la salud: ceguera, epilepsia, pérdida de memoria y en general enfermedades que atacaban al sistema nervioso.
Del mismo modo, los menores con un arraigada herencia en esta actividad presentaban señales físicas como: acné, calvicie, manos húmedas, aspecto demacrado, uñas mordidas o se orinaban en la cama. La cura estaba en emplear acciones como cubrir los genitales con vendas u otra envoltura, atar las manos del enfermo, la circuncisión en carne viva (en el caso de los hombres) o la quema del clítoris con ácido (en el caso de las mujeres).
Con la llegada del nuevo milenio y a pesar de los avances en la ciencia y sobre el pensamiento de los hombres, el acto de masturbarse todavía hace ruido entre las sociedades más conservadoras e, incluso, en quienes asocian esta práctica con un fracaso personal sobre las relaciones amorosas que limitan a la persona en cuestión al punto de recurrir al autoplacer para evadir la soledad. Cierto es que esto ya considera cuestiones personales y del desarrollo afectivo de cada persona; la masturbación “en secreto” aún es, de cierto modo, vergonzoso, inmaduro y si se hace rutina, adquiere tintes enfermizos.

La realidad es que la masturbación no debe verse como un acto condenatorio, que produzca culpa o genere un rechazo ante su sola consideración, sino como una actividad complementaria en la vida sexual de cualquier persona para dar salida a impulsos sexuales que no siempre pueden ser complacidos por otro. Diría alguna vez Woody Allen: “La masturbación es el sexo con alguien a quien amas”.
Referencias:
http://elpais.com/diario/1995/01/23/opinion/790815610_850215.html
http://www.brainpickings.org/index.php/2014/02/26/mark-twain-on-masturbation
