
Courtney Love y Kurt Cobain fueron una de las parejas más emblemáticas del rock en los años noventa, llamados “Los nuevos John y Yoko” o “Los nuevos Sid y Nancy”. Eran un dúo explosivo, increíble y único. Había mucha química entre ellos, pero esa intensa que va muy rápido y agarra mucha fama por más que la rechace.
Se conocieron en un concierto (claro, ¿dónde más?) el momento perfecto para unir estas intensas vidas. Kurt tenía novia y no era de esos hombres infieles así que lo dejó pasar aunque confiesa que se sintió atraído a ella desde que Courtney le dijo ‘Te pareces a David Pirner’.
Poco después iniciaron un romance intenso, loco, que todos los fanáticos del rock querían saber cada detalle. Dos años después, el 24 de febrero de 1992 se casaron en Honolulu, Hawaii. Courtney ya estaba embarazada de su hija Frances Bean pero nadie lo sabía, era un secreto a voces. Por supuesto que fue una boda rara, tan rara como sus protagonistas.
Kurt eligió un atuendo muy inusual: llevaba ¡pijama! algo muy Cobain ¿verdad? Cero formal, el pelo relajado como acostumbraba, un collar de cuentas y un bolso de lana guatemalteco. El cigarro no podía faltar, incluso en el momento del ‘sí, acepto’. Hablemos del look de Courtney.
La esposa de Kurt Cobain debía compartir esa locura y al parecer Courtney era la indicada. En el atardecer de Hawaii de aquel 24 de febrero, esperábamos ver el bridal look de la importante figura del punk y grunge. No esperábamos nada, a decir verdad, esperábamos lo más extraño. ¿Será negro? ¿con capas? ¿roto? ¿llevará botas? ¿qué detalle exuberante agregará la futura esposa de la estrella del rock? pues no decepcionó. Eligió un vestido blanco, muy suelto, que le pertenecía a la actriz Frances Farmer, una intérprete famosa en el Hollywood de los años 30 y 40, que fue retenida en una institución mental contra su voluntad. Por ella nombró así a su hija. Tenía detalles rosas y la hacía ver aún más pálida de lo que era su blanca piel.

Le agregó una pequeña corona de flores a su rubia y alborotada cabellera que acompañó con un sencillo maquillaje destacando sus labios rojos.
Y por supuesto, así como su novio, no podía faltar el cigarro.
Un detalle que llamó la atención fue que ambos llevaban un ramo de flores; se convirtió en el sello de una pareja llena de amor, locura y excesos. Estuvieron felizmente casados durante dos años, vivieron una intensa vida juntos así como siempre fue su historia. Desgraciadamente sabemos cómo terminó: Kurt quitándose la vida el 5 de abril de 1994.

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