¿Qué es chemsex? La peligrosa moda sexual que se expande por el mundo

Miércoles, 3 de octubre de 2018 13:24

|Victoria Navicelli
la peligrosa moda sexual que se expande por el mundo

¿El sexo es mejor bajo el efecto de las drogas? Descubre qué es el chemsex y cuáles son los riesgos de practicarlo.

Chemsex” es una peligrosa práctica sexual que se puso de moda en los últimos años en el viejo continente, arrojando graves problemas físicos, emocionales y hasta psicológicos en aquellos que participan de estos encuentros. El término es una abreviación de la expresión inglesa "chemical sex", que significa sexo químico; y no es más que el consumo de drogas con la intención de prolongar la duración de las relaciones sexuales hasta 72 horas ininterrumpidas, sin comer ni beber y, muchas veces, hasta sin dormir, llegando a tener relaciones casuales con múltiples personas a lo largo de tres días. 



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Estas prácticas sexuales son potenciadas por el consumo de drogas y sustancias químicas, enmarcadas en fiestas donde todo está permitido ya que, bajo el efecto de diversos estupefacientes, el intercambio de parejas con desconocidos no es sorpresa. El chemsex se torna en una diversión peligrosa porque combina compuestos que facilitan sesiones de sexo prolongadas, lo que también se vincula con tener encuentros con múltiples parejas, “transformándose en un problema de salud importante no sólo si tomamos en cuenta los efectos de las drogas en el cuerpo sino las posibilidades de contraer alguna infección de transmisión sexual”, comenta la ginecóloga Laura González. 


Los estupefacientes utilizados en estas fiestas sexuales generan en quienes lo consumen no sólo efectos físicos capaces de hacer que el cuerpo permanezca activo tantas horas y teniendo sexo, sino psicológicos: “hay compuestos que funcionan como desinhibidores y, al consumirlos, provoca una distancia con respecto a los sentimientos personales que se tienen sobre sí mismo tales como la falta de confianza o baja autoestima”, dice la psicóloga Lorena Vázquez. Del mismo modo, otras sustancias utilizadas en estas fiestas sexuales sirven para aumentar el ritmo cardíaco y así promover la agitación sexual.


Tanto González como Vázquez concuerdan respecto a los efectos devastadores para la salud del chemsex y el estilo de vida que lo rodea: “desde dependencia psicológica hasta fisiológica, ya que el cuerpo pierde noción de sí mismo al pasar tantos días sin ingerir alimentos ni líquido, sumado a la falta de descanso, y rematando con los efectos de las sustancias químicas en el cuerpo”, comparte Vázquez. 



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La práctica del chemsex, y su expansión por Europa, con España y el Reino Unido como los países con más fiestas de este tipo, nos lleva a pensar sobre el valor que le damos a los vínculos sociales y a las relaciones amorosas ya que “podemos estar corriendo el riesgo de banalizar los vínculos cercanos, acusándolos de aburridos o poco placenteros y esta interpretación errónea de la vida en pareja puede llevar a buscar este tipo de encuentros casuales que no sólo desembocan en una pérdida de amor propio sino en la terrible propagación de enfermedades”, afirma la ginecóloga.


Asimismo, “si sentimos que sortear nuestra soledad de la mano de estupefacientes tan peligrosos para nuestro cuerpo (y también para la vida en sociedad), es una solución transitoria, estamos en peligro porque esto va más allá del consumo de sustancias químicas fuertes para prolongar los días despiertos y pasar horas teniendo sexo con diferentes personas; esto es algo mucho más grave y social que hace que las personas recurran a estas prácticas para divertirse o salir de sus estados de soledad”, añade la psicóloga. 


Por otro lado, la tecnología ocupa un rol fundamental en esta nueva costumbre sexual, ya que el uso de espacios en la web o de aplicaciones permite el contacto directo entre personas que quieren participar de chemsex y “huir” de cualquier tipo de control que antes se encontraba en clubes o bares; ahora al poder organizarse en casas privadas y lugares de poco acceso se reducen las medidas de seguridad que es posible imponer.


Lo más curioso de estos casos es que el chemsex no sólo se practica entre la población más joven, sino entre adultos de en promedio 35 a 40 años, en su mayoría hombres, con trabajos estables o estudiantes universitarios, según datos brindados por hospitales de Madrid, Sevilla, Málaga y Granada. Entre las sustancias más consumidas en las largas sesiones de chemsex se destacan: el cristal, la mefedrona (ambas generan euforia), el GHB (desinhibidor), éxtasis líquido y metanfetaminas. Según Vázquez, “esto también puede tomarse como una práctica de autoflagelación relacionada con sentimientos profundos de negatividad, así como falta de amor propio, baja autoestima y pérdida de confianza”. 



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Fiesta, drogas y sexo sin protección parecen ser un cóctel peligroso que se está expandiendo en varios países, enmascarado detrás de “búsqueda de intimidad y pasar un buen momento”, lo cierto es que las consecuencias pueden ser devastadoras tanto para quien participa de estos encuentros como la sociedad en general.


“Estamos frente a una pérdida de valores que puede afectar fuertemente nuestra vida en sociedad, los vínculos de pareja, la vida intrafamiliar y el contacto social. Lo recomendable es volver a lo sencillo del día a día, confiar en que la pareja y el hogar que se forma es el mejor espacio para plantear las emociones que se sienta, es el mejor lugar donde ser contenidos y queridos. Y, sobre todo, evitar caer en encuentros donde la droga es una invitación para pasarla bien. Es sabido que para estar bien con uno mismo y los demás, la clave está en ganar seguridad y confianza”, finaliza la psicóloga. 



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Victoria Navicelli

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