Sentir ganas de desaparecer en medio de una fiesta, buscar desesperadamente el baño para respirar cinco minutos o pensar “ya me quiero ir” aunque apenas llegaste no es rareza, es ansiedad social. Y no, no necesitas tener un diagnóstico clínico para sentirla, a muchísima gente le pasa, incluso a quienes por fuera parecen súper seguros.
De hecho, el trastorno de ansiedad social afecta aproximadamente al 7% de los adultos, pero la ansiedad social “normal” puede aparecerle a cualquiera. Así lo explica la psicóloga clínica Hillary Ammon, PsyD:
“Las preocupaciones sociales son comunes. A veces surgen con desconocidos, a veces con personas cercanas. A veces son las grandes multitudes, a veces las reuniones íntimas. Es normal preocuparse, hasta cierto punto, por cómo te perciben los demás”.
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La ansiedad social es la razón por la que convivir con otras personas puede ser aterrador y así puedes controlarla

Primero lo primero: no es lo mismo sentir nervios sociales que tener un trastorno de ansiedad social. Según el Instituto Nacional de Salud Mental, el trastorno implica un miedo intenso y constante a ser juzgado, al punto de evitar situaciones sociales o vivirlas con muchísimo malestar durante al menos seis meses, afectando la vida diaria. En esos casos, buscar ayuda profesional es clave y no hay nada mejor que eso.
Pero si lo tuyo son esos nervios que aparecen en fiestas, reuniones o eventos sociales, hay cosas que puedes hacer para atravesarlo sin salir corriendo. Porque sí, puede parecer aterrador llegar a un lugar llena de gente desconocida y tener que socializar, pero estoy segura de que si lo intentas, en poco tiempo te darás cuenta de que es mucho más divertido salir y conocer personas nuevas, que quedarte en casa por miedo.
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¿Por qué da la ansiedad social?
La ansiedad social aparece, en muchos casos, porque nuestro cerebro está intentando “protegernos”, aunque lo haga de una forma bastante exagerada. Básicamente, interpreta las situaciones sociales como si fueran un peligro real: hablar con desconocidos, estar frente a mucha gente o sentir que alguien nos observa activa la misma alarma interna que se encendería ante una amenaza física.

El problema es que esa alarma se dispara por miedo al juicio, al rechazo o a “hacer el ridículo”, cosas que no ponen en riesgo nuestra vida, pero que emocionalmente se sienten enormes. También tiene mucho que ver con experiencias pasadas y con la forma en la que aprendimos a relacionarnos.
Comentarios, burlas, críticas, rechazos o momentos incómodos que se quedaron grabados pueden hacer que el cerebro anticipe que “algo malo va a pasar” otra vez. A eso se le suma la presión social, las redes, la comparación constante y la idea de que siempre tenemos que vernos seguros y perfectos, todo junto crea el combo ideal para que la ansiedad social aparezca, incluso cuando por fuera “todo está bien”.
¿Qué puedes hacer cuando tu ansiedad social empieza a crecer?
1. Quédate, aunque tu cuerpo te grite que te vayas
No suena fácil y no te voy a mentir, no lo va a ser, pero tiene sentido. Hillary Ammon explica que quedarte le enseña a tu cerebro que la situación no es una amenaza real, es como si le dijera que no va a pasar nada grave y sobre todo, te demuestra a ti mismo que puedes superar ese miedo y esa incomodidad. La psicóloga Thea Gallagher también agrega que:
“A veces es importante simplemente intentar superarlo y darte cuenta de que no va a durar para siempre”.

2. Si lo necesitas, tómate un break
Salir un momento, ir al baño o tomar aire no es huir, es regularte. Gallagher lo dice claro: está bien reajustarse cuando lo necesites. Una de las formas más recomendadas para relajarse y regularse, es respirar lento: inhalar cuatro segundos por la nariz y exhalar seis por la boca.
Otra de las formas que suelen ser muy buenas para relajarte es usar estímulos físicos, mojar tu cara con agua fría, masticar un chicle o una menta, lo que necesitas es algo que distraiga a tu mente de los pensamientos negativos antes de regresar al lugar que te generó la ansiedad social.
3. Recuerda qué es lo que puedes controlar y qué no
No puedes leer mentes ni controlar lo que otros piensan y eso es algo que debes de tener muy en cuenta, bien dicen por ahí que nadie piensa tanto en nosotros como nosotros mismos y es muy cierto, así que no te enfoques en lo que tu piensas que están pensando de ti (porque muchas veces es falso), mejor concéntrate en conocer gente y disfrutar lo más que puedas. No es resignación, es aprender a soltar lo que no depende de ti.
Y algo importante para cerrar: sentir ansiedad social no te hace débil ni exagerado, es una respuesta humana demasiado común. Pero si sientes que te limita demasiado, pedir ayuda es la mejor solución. A veces no se trata de volverte la persona más extrovertida del lugar, sino de aprender a quedarte, respirar y seguir, incluso con el corazón acelerado.
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