La cura contra la envidia es apagar el celular y empezar a quererte
Estilo de vida

La cura contra la envidia es apagar el celular y empezar a quererte

Avatar of Jazmín Lizárraga

Por: Jazmín Lizárraga

16 de agosto, 2017

Estilo de vida La cura contra la envidia es apagar el celular y empezar a quererte
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Por: Jazmín Lizárraga

16 de agosto, 2017


En ocasiones es difícil no compararnos con quienes nos rodean o desear lo que otros tienen, sobre todo cuando lucen felices, exitosos y bellos. Parece que a nosotros las cosas no se nos dan, pero más allá de cuestionar si eso que vemos en otros es real o no, resulta importante cuestionarnos lo siguiente: ¿por qué sentimos envidia?, ¿qué podemos hacer para dejar de compararnos?

 

El sentimiento de la envidia no sólo es desear lo que otro tiene o lo que alguien más ha logrado ser, sino una insatisfacción personal. Esto quizá pueda ser un sentimiento natural, que se presenta y se va automáticamente cuando recordamos que cada persona es diferente y tiene caminos distintos que recorrer. Cuando la envidia se convierte en alegría por la desgracia del otro o —peor aún— si se invierte tiempo y esfuerzo en propiciar que la persona pierda lo que tiene o sufra, la insatisfacción personal pasa a ser una deformación del alma, pues el resto de las emociones se ven obstruidas ante la envidia.


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La envidia —como la avaricia— es alimentada precisamente por los estereotipos reforzados en redes sociales y otros medios de comunicación. La idea que se propaga todo el tiempo es que debemos aspirar a ser o tener lo que esos moldes, rechazar todo aquello en nosotros que no se parece a las imágenes que nos intentan vender. Debemos perseguir todas las características de belleza, de estatus social, de poder adquisitivo y demás ingredientes que nos han mostrado como la fórmula del éxito.

 

Podríamos pensar que como sociedad fomentamos la envidia. El discurso de libertad y diversidad es superficial, porque en el fondo —y a veces no tan al fondo— se promueve una estandarización, que todos seamos iguales y queramos lo mismo. Es cierto que los seres humanos necesitamos sentirnos aceptados, pero quien es rechazado por ser él mismo no está mal, estamos mal quienes los rechazamos, quienes somos incapaces de respetar esa diversidad que tanto se celebra, pero que simultáneamente se condena con acciones casi imperceptibles.


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Con esto no queremos decir que la belleza es un antivalor o algo malo, sólo que es concebida como un producto con fines que limitan la verdadera esencia humana. La belleza puede ser un don y una cualidad que nos hace crecer; pensemos en la contemplación de paisajes sublimes, en obras de artes, la armonía de colores, texturas, sonidos e imágenes, son una experiencia que puede conducir al desarrollo espiritual. La belleza es eso, es una armonía de los elementos que lo conforman, y sobre todo es un encuentro con el otro. Lo bello existe hasta que es apreciado, depende de la percepción del otro. En este sentido podría decirse que es una forma de comunicación, por ello viajamos y preservamos a través de la historia piezas hermosas, aún cuando el concepto de belleza se ha modificado, algo persiste en los sentimientos que provoca.


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Para acallar la envidia y vivir en paz es necesario conocernos y amarnos a nosotros mismos, sin comparaciones. Ya lo dijo recientemente un monje budista apodado "El hombre más feliz del mundo", Matthieu Ricard: "la comparación es la asesina de la felicidad". Vernos a nosotros mismos no es nada sencillo, es como ver recortes de todas partes y hacer un collage que termina deforme e indefinible, pero único. Resulta que la sociedad frecuentemente no acepta nada de eso, nos orillan a elegir una forma, un color y arrancar lo que “sobra”.

 

Vivir reconociéndonos a medias y con envidia produce un vacío. Es necesario vernos a nosotros mismos y aceptar hasta lo que no nos gusta, lo cual parece contradictorio. Pero es parte de nuestro ser, cuando lo negamos nos mutilamos y nos volvemos personas incompletas; por lo tanto envidiamos lo que creemos que sería bueno tener, lo que quizá nos complementaria. Sólo el amor personal puede salvarnos. Como dijo el escritor argentino Julio Cortázar, “cómo cansa ser uno mismo todo el tiempo”; pero en la vida no hay atajos, trabajamos por la plenitud o cargamos siempre con la insatisfacción.


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La revista Psychological Science publicó cuatro pasos para ser feliz según la neurociencia, síguelos y comienza hoy mismo a aplicarlos en tu vida cotidiana. ¿Crees que requieres de la aceptación, una pareja perfecta, fama y fortuna para vivir plenamente? Piénsalo dos veces después de leer las cosas que no necesitas para ser feliz.





Referencias: