Cualquiera que haya vivido lo suficiente como para poder juzgar a los demás, es capaz de confesar que no ha existido nadie en esta vida que no se arrepienta de algo irreversible que lo ató a la culpa para siempre, no hay alguien que no desee cumplir un sueño inalcanzable o que no haya tenido un amor inolvidable –de esos que te llenan de historias irrepetibles– y mucho menos, alguien sin secretos que no haya callado hasta el último suspiro.
¿Te has preguntado qué sucede con todo eso que te niegas a contar, a dónde se va todo lo que necesitas compartir pero temes decir, cuándo se logra convertir un secreto en parte de tu normalidad o por qué te sabe tan mal el silencio que decidiste mantener?
La razón de sentirte extraño, por no decir agotado, frustrado, enclaustrado o culpable al guardar un secreto, tiene que ver con la manera como la mente relaciona el impacto de encapsular una idea, un pensamiento o un sentimiento con la perspectiva que tu mismo cerebro tendrá de la realidad a partir de ese esfuerzo por no delatarte. Es decir, esa metafórica y común frase que describe un gran secreto como un enorme peso sobre los hombros, es literalmente cierta y a lo largo del artículo comprenderás por qué.

*4 consejos budistas para el hartazgo emocional
Un estudio recién realizado por la Universidad de Columbia, a cargo del profesor Michael Slepian, demostró a partir de un experimento con dos grupos de personas cómo éste afectó varios aspectos de su vida relacionados con la perspectiva de su realidad.
Primero se dividió en dos a un grupo de personas; el primer conjunto guardó un secreto que el profesor Slepian categorizó como “preocupante”, refiriéndose a algo significativo. El segundo grupo guardó un secreto “no preocupante”, el cual ocupa menos capacidad cerebral, aseguró el investigador. A todos los participantes se les mostró posteriormente una imagen de una colina que tuvieron que observar con detenimiento para después hacerles algunas preguntas sobre la misma a cada uno.
Los resultados al final del experimento fueron sorprendentes, pues el grupo que recordó un secreto importante percibió una colina mucho más pronunciada y/o peligrosa en comparación con lo que vio la otra fracción de personas que se encargaron de ocultar algo más sencillo. La conclusión a ambas reacciones se basa en la manera en que nuestra mente comienza a demandarnos y a utilizar más recursos cognitivos y emocionales para poder sobrellevar el secreto que necesita de cierta energía para mantenerse oculto.

Todo lo que no podemos o queremos exteriorizar se transforma en una presión que nos mantiene en un estado de estrés y angustia constante, el cual dificulta nuestra existencia; de hecho, un secreto se vuelve el responsable de una lucha interna y no sólo mental que tenemos con nosotros mismos, la cual impacta de enorme manera en diversas áreas de nuestra vida. Sentirse continuamente preocupado altera y dificulta nuestra cotidianidad, pues una gran parte de nuestra atención y energía se enfoca en no cometer el error de hablar de más, ventilar algún detalle o caer en cualquier equivocación que conlleve a que un secreto se nos escape.

*Cosas que haces para seguir siendo un perdedor
La respuesta a este problema o fenómeno es bastante obvia, Splein explicó que contarle a alguien lo que llevamos tanto tiempo escondiendo o disfrazando libera una gran parte de nuestra mente y alivia la carga con la que lidiamos todos los días. Evidentemente, algunos secretos involucran consecuencias de las que muchas veces no queremos hacernos responsables, siendo esa la razón por la que decidimos actuar con tanto misterio, pero la realidad es que un secreto jamás abandona la mente de quien lo guarda, pues siempre afectará la perspectiva de lo que nos rodea o sucede y nunca podremos desvincularlo de aquello que aqueja nuestra paz.

Por lo tanto, de acuerdo a esa investigación y empleando el sentido común, conservar un secreto no nos hará más fuertes, el misterio nos alejará de la plenitud, reservarnos nos llenará de culpa y el sigilo angustiará nuestra mente hasta desquiciarla. Aunque para muchos la verdadera esencia de la vida gira en torno al descubrimiento, a la revelación y a la excitación de lo oculto, la realidad es que para nuestra mente es agotador encubrir la verdad.

“He aprendido a amar los secretos. Parecen ser lo único capaz de prestarle cierto misterio o fantasía a la vida moderna. Lo más banal resulta delicioso con sólo esconderlo”.
Oscar Wilde (El retrato de Dorian Gray)
Guardar o no un secreto es una decisión personal que se justifica a partir de infinidad de razones, sin embargo, callar algo que debes confesar es igual a mentir, y una mentira, por más piadosa que sea, jamás nos llevará a nada bueno. Decidir contar la verdad es una muestra de valentía que te puede liberar de bastantes ataduras, no es necesario que le grites al mundo toda tu lista de secretos, puedes comenzar por contarle parte de aquello que te ha perturbado por tanto tiempo a alguien en quien confías totalmente; recuerda que nadie puede juzgarte, pues nadie es perfecto.
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Engañar a los demás es igual que engañarte a ti mismo, por lo que puede que todo el caos que sientes se relacione principalmente con el o los secretos que has guardado, para que entiendas un poco mejor este fenómeno, lee sobre cosas que no sabías sobre la ley de atracción y después confirma por qué vivir con culpas es lo opuesto a las 20 cosas que una mujer debe hacer por su salud durante sus 20.
