El fuego sólo puede ser calmado con agua, de lo contrario sus llamas se avivan de tal modo que se convierten en gigantes feroces que devoran todo lo que hallan a su paso. Justo como los jotun, una legión de seres con cuerpos enormes y fuerza sobrehumana que habitaban las montañas de Escandinavia. Ellos se encargaban, en parte, de proteger al pueblo y a los Dioses, entre ellos, Njörðr el amo del fuego, y al mismo tiempo de la tierra fértil, el viento y la costa marina.

Este gigante protector mantenía a salvo las ciudades, ante esto, los vikingos de aquellos años lo amaban. Se convirtió en el rey y dios de suecos haciendo que su fama como monarca se extendiera a otros pueblos. Todos le hacían ofrendas de fuego, incluso quemaban personas vivas para que la deidad pudiera ser feliz y les proporcionara tierras fértiles, navíos exitosos y calor en invierno. Njörðr pertenecía a los Navir, una “especie” derivada de los dioses que mantenían una intensa rivalidad con los Æsir, otra raza similar. Durante el tiempo que los vikingos le rindieron tributos, la mayoría de los Æsir murieron y sus cuerpos, además de los de sus seguidores, fueron incinerados en honor a Njörðr. Sin embargo, un tiempo después, luego de un largo cansancio y la decisión de Odín, el padre de todo, Njörðr, murió tendido en su cama… Su hijo Freyr se convirtió entonces en el nuevo y venerado dios que llevaba por lo alto el legado de su padre.

Se dice que al morir llevaron su cuerpo a un navío y le prendieron fuego. Desde aquel trágico día, los vikingos encienden antorchas para celebrar la vida y obra del dios que les proporcionara su bondad. La tradición sigue llevándose a cabo en un festival que tiene lugar en Lerwick, Escocia. Los habitantes del lugar se enfundan en sus ropas vikingas y retoman la tradición que sus antepasados implementaron en un festival llamado “Up Helly Aa”.

Los habitantes del pueblo escocés participan retomando las tradiciones que poco a poco se fueron terminando gracias a la invasión cristiana de la que fueron víctimas. Para conmemorar la obra de Njörðr celebran la fiesta de Yule, es decir, el renacimiento del Sol. Esto se realiza el último martes del mes de enero, que es cuando empieza su nuevo año. El festival no es un pretexto para hacer fiesta; sino que es una tradición en la que realizan rituales, marchas y entonan cánticos que hablan del Sol, de las batallas, del fuego y de la vida nórdica. El “Up Helly Aa” se planea desde febrero y tiene un orden muy específico para llevar a cabo las actividades. La comunidad elige un comité de voluntarios que seleccionan mediante una votación al Jarl, emulando la forma de gobierno de los antiguos vikingos en la que un gobernante mantenía un escuadrón de vikingos valientes y dispuestos a terminar con las invasiones, o por el contrario, allanar países cercanos.

El Jarl y su escuadrón deben elegir un atuendo que los distinga como el grupo líder, mismo que conducirá la celebración. El ropaje oficial consiste en un casco de metal con alas de cuervo, una capa, escudo y un arma de su elección, Conforme han pasado los años, esto ha ido cambiado hasta convertirse en una vestimenta mucho más apegada a la actualidad, aun con ello, no pueden asistir si no se disfrazan de vikingos, porque como mencionamos antes, se trata de convertirse en un Jarl, un berzerker o un navegante por un día.

El comité hace un itinerario en el que se indica fecha y hora de salida de la marcha de las antorchas, en el que todos los asistentes deben llevar una luz. Las antorchas son fabricadas como se hacía en la antigüedad: troncos y sacos rellenos de madera fina bañados en una sustancia flamable, para que al comenzar la caminata se prendan alumbrado el camino, lo que da la señal para emprender la marcha. Entonces, llega el momento más emblemático de la celebración, puesto que a través de la oscura y silenciosa noche caminan haciendo vallas con las antorchas encendidas. De este modo, el pueblo entero sale a seguir al Jarl y a sus secuaces, todos enfundados en su ropaje vikingo o con la ropa típica de la época.

Algunos llevan un estandarte, otros cantan y otros más dirigen la caminata hacia el mar. Una vez que llegan al final, rodean un barco vikingo que aguarda por ellos. Los cánticos no cesan y con gritos de guerra, pronuncian ciertas frases tan estruendoso como sea posible, no hay un sólo hombre o mujer que no vocifere en nombre del fuego y el nuevo año. Proceden, entonces, a quemar la nave lanzando las antorchas para dejarla zarpar. El barco se aleja ante la celebración de más de 970 personas caminando con cerca de 886 antorchas encendidas. Luego de la quema del navío ejecutan batallas en las que simulan muertes y sacrificios que se toman muy enserio.

Al terminar las justas, los vikingos dan inicio a la celebración en un gran banquete donde la comida y la bebida son los protagonistas del evento como lo hicieran los auténticos vikingos: bailan, cocinan y se divierten. Incluso han celebrado bodas y uniones en medio de la fiesta. De este modo concluye un día en el que los vikingos vuelven a reinar en Escocia, se escucha de nueva cuenta el grito unísono de un pueblo que trató de mantener sus tradiciones a pesar de la represión. Un pueblo que, como el fuego, ha sobrevivido a toda clase de intentos por ser apagado y aun así ha mantenido sus llamas vivas.
