Fotografías de la obsesión que tenemos por el deseo oral

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por marzo 30, 2017
Fotografías de la obsesión que tenemos por el deseo oral
Fotografías de la obsesión que tenemos por el deseo oral

Las fotografías de Marius Sperlich producen un extraño efecto en quien las observa. La proximidad con lo fotografiado causa una especie de incomodidad. Es como transgredir un espacio personal, íntimo, oculto. Al mismo tiempo, sin embargo, nace una especie de atracción que impide dirigir la mirada a otro sitio. Uno se ve casi obligado a ver. Así pueden pasar varios minutos.

La boca, objeto de las imágenes presentadas a continuación, es un extraño lugar al admirarlo de cerca, tan cerca como nos lo presenta Sperlich. De ser sinceros, la conjunción de saliva, lengua y dientes no es precisamente armónica, bella en sí. Sin embargo, la interacción con objetos que no le son propios, logran un escenario extrañamente placentero. Nos invitan a sentir. Queremos besar, morder, lamer.

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La relación que tiene la boca con el placer es más que conocida. Sin ir más lejos, Freud describía la fase oral como la primera en el desarrollo de la líbido. Además, la boca es el primer canal por donde conocemos el mundo. Antes de nombrarlo, múltiples cosas que conocimos en nuestra primera infancia pasaron por nuestro paladar.

El placer producido en la boca, es tan primitivo como fundamental. Lamer, morder, tragar, masticar, son procesos tan primarios que están cargados de un rasgo profundamente humano. Puede ser esa la razón de que estas fotografías nos parezcan un tanto grotescas pero placenteras al mismo tiempo.

Por la boca nos alimentamos, bebemos, hablamos, bostezamos, gritamos, besamos. La boca representa de manera importante nuestra conexión en el mundo. Una conexión sin mediaciones.

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Los labios encendidos y los dientes blancos y filosos dotan de un alto grado erótico a estas instantáneas. La cavidad bucal se revela en toda su sensualidad.

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Objetos extraños, fuera de lo común, transgreden lo natural. La delicada piel de los labios, la intensa sensibilidad dotada por las terminaciones nerviosas que los componen, parece ser invadida, sometida por lo ajeno.

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El amor también se expresa con besos. El acto romántico está casi siempre acompañado de un juego donde las lenguas, los dientes y los labios se encuentran con otros. Se mezclan y confunden.

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En gran parte de sus fotografías recientes, este artista nacido en Hamburgo, retrata el escenario de lo femenino como un punto de encuentro entre la lujuria, el dolor, lo grotesco y su extraño juego con la sensualidad.

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Según Susan Sontag. “La fotografía, que tiene tantos usos narcisistas, también es un instrumento poderoso para despersonalizar nuestra relación con el mundo; y ambos usos son complementarios”. La fotografía comunica y lo hace de manera eficiente y directa. Tiene la capacidad de situarnos frente a lo real de un modo singular. Ente muchas otras cosas, una instantánea permite al espectador situarse al margen del tiempo. La contemplación de la imagen, que en este caso está compuesta con elementos cargados de simbolismo, produce emociones a veces, incluso, desconocidas para nosotros mismos.

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La obra de Sperlich mueve fibras profundas, fibras cargadas de deseo. Con propuestas estéticamente intrigantes, logra mover nuestro deseo hacia un lugar poco común. Su obra, expuesta en Instagram, nos recuerda la fragilidad humana. Fragilidad que puede dotar de sensibilidad, que permite la comunión con el mundo.

Fotografías: Marius Sperlich

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