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La fotógrafa libanesa que nos demuestra cómo hipersexualizamos a las niñas y parece no importarnos

Fotografía La fotógrafa libanesa que nos demuestra cómo hipersexualizamos a las niñas y parece no importarnos


No bastan los kilómetros para medir las distancias.


Entre un hombre y una mujer existen millones de lágrimas, silencios, llamadas sin hacer o abrazos equivocados como longitudes que nunca son recorridas por temor a encontrar, en el extremo, un motivo para no volver al punto de partida. En el caso de las niñas no es distinto: crecer significa andar una senda que no puede mirarse hacia atrás, porque las distancias no vuelven.

Todos los días, el transcurso de los relojes deja evidencias de su paso. Una arruga donde antes la piel lucía radiante, un diente menos en la sonrisa antes magnífica, ahora dañados por el ritmo de una máquina diseñada para marcar el trayecto del sol en las ventanas: los relojes acompañan el cambio de las personas, y al hacerlo, algo en ellas permanece para siempre en el momento anterior a la transformación.


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El trabajo de Rania Matar es un testimonio de esa irreversible transición. Para la fotógrafa nacida y criada en Líbano pero establecida en los Estados Unidos desde 1984, el cambio entre un entorno sociopolítico y otro con características diferentes significó volver a contemplar las implicaciones que esto había tenido en ella y sus familiares. Fue así como un día, al mirar a su hija, se percató que el paso de la infancia a la adolescencia la habían transformado en una mujer que desconocía, y como ella, miles de niñas alrededor del mundo proyectaba una imagen sexual más allá de su edad.


rania matar


Para elaborar esta serie fotográfica, Rania Matar tenía una sola condición que comunicó a las niñas retratadas desde el comienzo: prohibido sonreír. Con esa frase evitó retratar escenas forzadas o actitudes que no correspondían con las pequeñas —de entre 8 y 12 años— que desfilaron frente a su cámara, sin ningún dejo de complacencia o falsedad.


"Les concedí que adoptasen la pose que quisieran, porque mi objetivo era retratarlas permitiendo que se representasen a sí mismas

Los retratos de Matar capturan el brío de miradas sin temores ni consideraciones. Niñas que han comenzado o están por iniciar una etapa de transición sin fecha exacta en los calendarios, porque, a veces, su crecimiento y maduración son exigidos por el entorno en el que nacieron. Su atuendo no es sólo el reflejo de sus preferencias a la hora de vestir, sino también de las decisiones que son tomadas por ellas, lo quieran o no.

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Las fotografías se reunieron a lo largo de seis años y fueron capturadas en diversos puntos de los Estados Unidos y el Líbano, incluso en un campamento de refugiados palestinos y con esto no pretendió dar lugar a las comparaciones entre cada una de las pequeñas y su estilo de vida, sino las similitudes que cada una de estas niñas comparte entre sí mismas: sueños, aspiraciones e inquietudes; descubrimientos por suceder.

 

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Uno de los hallazgos más reveladores por Rania, durante el proceso creativo de su serie de imágenes, fue el hecho de que las niñas adoptaran posturas cómodas, según sus propias palabras, en las que aludían a las actrices, cantantes o ídolos pop femeninas con las que se identificaban. Modelos de conducta que determinaron la naturalidad de las pequeñas a la hora de mostrarse a sí mismas como mejor les pareciera.


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No obstante, al contemplar con atención estas imágenes, la personificación de las pequeñas como mujeres mayores salta de inmediato a la vista. La hipersexualización infantil, reflejada en su forma de vestir o comportarse es la muestra de la existencia de un culto a la juventud que, día a día, se incrusta en el inconsciente de las pequeñas gracias al erotismo presente en la televisión, las modelos jóvenes con cada vez menos ropa o el seguimiento de patrones sociales donde la mujer es cosificada como un cuerpo-objeto, en el que cuida su imagen para ser deseado. 


"La feminidad está muy presente en estas niñas. Son conscientes en alto grado de los cambios que se están produciendo en sus cuerpos, de la belleza, de su condición cercana de mujeres"


De acuerdo con la psicóloga y sexóloga española Paola Obrador, la erotización de la niñas a una edad cada vez más temprana puede llegar a tener implicaciones psicológicas como trastornos obsesivos, depresión o una inseguridad alarmante. Por esa razón sugiere respetar los tiempos del crecimiento infantil y no estimular la sexualidad de las niñas a una edad donde lo primordial es respetar los tiempos de la infancia. Una etapa donde aprender, jugar y tener momentos de ocio es mucho más importante que usar zapatos de tacón o lápiz labial. 

Los retratos de estas niñas y adolescentes juegan a contradecir el tiempo. Su mirada es la sonrisa que no pudieron dibujar en el rostro a petición de la fotógrafa, pero que se hace presente en el sutil relámpago de las pupilas que miran a la cámara, orgullosas de quien son pero sin la certeza de los planes del mañana.


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Tal y como sucedió con Rania Matar y el poder de sus imágenes, otros fotógrafos se han valido de la magia de la cámara para congelar momentos que abarcan desde la lucha contra el olvido, hasta el valor que se necesita para hacer de la soledad y la muerte motivos para seguir adelante, sin importar las circunstancias.



Referencias: