Tenía trece años cuando me di cuenta que era niño

Tenía trece años cuando me di cuenta que era niño

Por: Alex Campos -


“Tenía trece años cuando me di cuenta que era niño. No te puedo decir cómo lo supe, pero había algo en mí que no estaba bien. Me gustaban las faldas pero prefería ponerme la ropa guanga de mi hermano. Ésta me ayudaba un poco a disimular las curvas que la naturaleza dotaba a mi cuerpo. Comencé a vendarme los senos pues escuché que así podía reducir su tamaño. Me despedí del cabello largo. A pocos agradó mi transformación. Recuerdo los golpes de mi padre: Alcohólico y conservador. Mi madre sólo lloraba mientras escuchaba mis gritos. Sería ella quien entendería primero lo que pasaba por mi mente y cuerpo. No fue fácil para nadie. Imagina contener dentro de ti todo aquello que te hace ser quien eres. Mi cotidianidad era la humillación, el sufrimiento. Tener que correr por la calle para evitar que los niños me apedrearan. Llorar por las noches sumergido en mi almohada. Sufrir. Pensar que este mundo no estaba hecho para mí. Que ser quien soy es pecado y delito. No poder ser. No”.


La brisa del mar y el quebrar de las olas te remiten inmediatamente a un paraíso. Estás en La Habana, Cuba, 1975, la Revolución ha triunfado y está consolidada. La vida no es fácil y la equidad social aún no se logra. Danay tiene 15 años, un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer. Hijo no reconocido de la Revolución. Su anatomía no cuadra con su mente, pero Danay hará lo que sea necesario para que así sea. Su determinación lo expone al rechazo de su padre, a burlas, acosos y ataques. La igualdad parece no conocer su domicilio y no lo hará por décadas.

La sociedad cubana postrevolucionaria ha cambiado muy poco desde la caída de Batista. A pesar de las consignas y los grandes planes de igualdad, una sociedad no se puede transformar en una misma generación. Persisten rasgos machistas, prejuicios y discriminación hacia aquello que se desconoce. El caso de Danay representa sólo un vistazo hacia la marginación de homosexuales, transgéneros y transexuales en las décadas de los 60 y 70. Cientos de vidas reprimidas. No sólo en Cuba, sino en Latinoamérica.

Sin embargo, en años posteriores, Cuba hizo algo que el resto de América Latina no quiso hacer: mirar a sus minorías. En la década de los 80 la isla caribeña experimentó una lenta apertura respecto a los derechos de los homosexuales. El Ministerio de Cultura de la isla afirmó que la homosexualidad era una variante de la sexualidad humana y por ende, la homofobia era inaceptable. Un hecho que hasta ahora, cientos de países se niegan a reconocer.

Los pequeños pasos de inclusión dados por el gobierno fueron vistos como un rayo de esperanza para miles de cubanos. Era cierto, los logros hasta ahora conseguidos habían sido producto de años de lucha y de marginación. Danay recordó las piedras zumbando sus oídos mientras corría por los callejones de La Habana.

Las décadas trajeron una vorágine de cambios liberales en Cuba. Desde 1979 es legal mantener relaciones entre personas del mismo sexo. Para 1993, el gobierno de la isla permitió que personal abiertamente homosexual sirviera en el ejército. Incluso, comenzaron a establecerse leyes antidiscriminación en el trabajo. Así, Danay podría ser quien en realidad era sin temor a represalias por el gobierno.

En el 2008, Danay recordaría los años de su adolescencia cuando se vestía con la ropa de su hermano. Era oficial, a partir de ese momento, el gobierno otorgaba el derecho, a quien lo quisiera, de cambiar de género. Curiosamente, la iniciativa estuvo encabezada por Mariela Castro, hija de Raúl Castro, sexóloga y presidente del Centro Nacional de Educación Sexual, una institución que encamina los esfuerzos del gobierno en torno a la educación sexual, con enfoque de género y respeto a los derechos humanos.

El gobierno de La Habana asumió el costo y la responsabilidad de las operaciones de cambio de sexo. Atendiendo así a esta cuestión como un asunto de salud pública. Danay estaba sumamente nervioso cuando se acercó a las oficinas para preguntar. Había sido humillado toda su vida, pero ahora, podía ser diferente. De todos modos, nada podía ser peor que el infierno de la marginación. 

Desde el 2008 hasta el 2010, al menos 15 personas se han sometido a la cirugía. Misma que cuenta con la cooperación internacional de médicos belgas. En la serie fotográfica que se exhibe se ve un retrato antes y otro después del reasignamiento de sexo. En ellos se aprecia la transformación de cada ser humano, una búsqueda y una realización por encontrarse a sí mismos en su exterior. Sabiendo quiénes eran por dentro pero sintiéndose ajenos frente al espejo.

Ahora Danay camina por las calles de La Habana sintiéndose libre mientras viste un nuevo atuendo, una nueva vida. Sus músculos empiezan a marcarse. Su espalda se ha ensanchado. Ha dejado de pensar en aquella tarde en el malecón cuando pensó matarse. 

Referencias: