7 cosas absurdas que sucedieron en el pasado pero que alguien creyó que iban a funcionar
Historia

7 cosas absurdas que sucedieron en el pasado pero que alguien creyó que iban a funcionar

Avatar of Alejandro I. López

Por: Alejandro I. López

24 de octubre, 2016

Historia 7 cosas absurdas que sucedieron en el pasado pero que alguien creyó que iban a funcionar
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Por: Alejandro I. López

24 de octubre, 2016





La insaciable curiosidad del ser humano por descubrir más sobre el mundo en el que vive siempre ha dominado su mente. Desde tiempos inmemoriales, el asombro por conocer los fenómenos que ocurren a su alrededor ha llevado al hombre a realizar pruebas de todo tipo para interactuar con su entorno y comprender un poco más de él.

A través de los tiempos, los métodos para acceder a un conocimiento más amplio han cambiado según la cosmovisión de la época. En la Antigua Grecia, el oráculo era un nexo entre el hombre y las deidades para conocer las respuestas más urgentes a su existencia. Durante el periodo victoriano en Inglaterra, la moral imperante, además de la industrialización masiva y la fusión entre ciencia, creencias religiosas y mitos de los antiguos pueblos bárbaros, derivó en una búsqueda multiforme de la verdad.

Con la sabiduría de la época, muchos hombres decidieron investigar por sí mismos el funcionamiento del cuerpo humano, la Tierra, el Universo y cada ser vivo que coexiste en este planeta. Estos fueron algunos de los experimentos más extraños que sucedieron en Europa durante este periodo:


Globo aerostático espacial

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Más que un medio de transporte, el globo aerostático se posicionó durante el siglo XVIII como una manera ingeniosa y romántica de realizar viajes –hasta entonces improbables– a lo alto del cielo a merced del viento. Durante su apogeo en el Reino Unido, James Glaisher, meteorólogo británico, imaginó que podía llegar al espacio exterior con el suficiente combustible para elevar el globo más allá de la atmósfera terrestre. Después de alcanzar los 8 kilómetros, los animales que llevó consigo comenzaron a morir. Tres kilómetros más alto, oficialmente en el espacio exterior, Glaisher y su compañero Coxwell mostraron síntomas de debilidad y justo antes de desmayarse, James liberó la válvula que los llevó de vuelta a tierra firme.


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Entrevistas telepáticas

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William Thomas Stead fue un periodista inglés a cargo del Pall Mall Gazzette. Su ambición por informar y las creencias de la época victoriana le llevaron a asegurar que poseía dones telepáticos, mismos que intentó poner en práctica en su oficina, realizando dictados a secretarias, charlando con reporteros y dirigiendo el diario desde otros países. El suceso más descabellado a cargo de Stead ocurrió cuando entrevistó a una serie de políticos en completo silencio, llevándose los dedos a su cabeza y concentrado en comunicar por medio de su mente sus inquietudes. William murió en 1912 en el Titanic y su periódico afirmó estar enterado por la cobertura en vivo que realizó durante el hundimiento.


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Lectura canina

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John Lubbock fue un científico e historiador sobresaliente durante la edad victoriana, conocido por su trabajo en el estudio de la prehistoria y la clasificación que aún se utiliza. Con una reputación intachable, Lubbock se concentró en una investigación sobre la inteligencia canina y creyó establecer las bases científicas que explicaban por qué los perros podían leer. Ensimismado y optimista, se sumergió en su estudio junto con su perro y un enorme pizarrón durante años, sólo para encontrar frustración ante la incapacidad de su mascota para comprender lo que escribía.


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Señales a Marte

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Giovanni Schiaparelli se dedicó a observar la superficie marciana y entre otros hallazgos, anunció el descubrimiento de depresiones que llamó "canales". Una traducción incorrecta eligió la palabra "canals" en vez de "channels" y tergiversó el hallazgo como producto de una inteligencia humana. La noticia llegó a Inglaterra y la fiebre por comunicarse con los marcianos llevó a personas adineradas a los más absurdos intentos de hacer contacto. Una multimillonaria francesa gastó toda su fortuna en construir espejos gigantes por toda Europa para reflejar la luz solar hacia Marte, mismos que después de meses de trabajo se ensamblaron con el objetivo de enviar señales en código Morse al planeta rojo. La millonaria empresa terminó frustrada luego de que su creadora descubriera que los espejos ya no apuntaban a la órbita marciana. 


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Lentes para caballos

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Convencido de que su caballo sufría de problemas de visión y estaba quedándose ciego, Mr. Dolland, un optometrista que se transportaba en su equino a diario, decidió estudiar el cerebro y la visión de los caballos para descubrir el origen del mal funcionamiento de sus ojos porque consideraba que su forma de reaccionar frente a algo que les asusta era la misma que la de un ciego. Dolland pasó toda una vida trabajando en el diseño de lentes ideal para caballos e incluso utilizó al suyo para probar distintos tipos de armazón y lentes, pero su fiel amigo –al igual que todos los equinos– siguió comportándose de la misma forma ante lo desconocido. 


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Optografía

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Durante la Inglaterra victoriana, llena de crímenes irresolubles, detectives sesudos y un creciente interés por la anatomía, la optografía se convirtió en una práctica recurrente a pesar de su rotundo fracaso. Según algunos médicos de la época, a través de la disección del ojo humano era posible obtener la última imagen que vio una persona antes de morir, de la misma forma que una fotografía. La técnica fue utilizada en ejecutados y sobre todo, en cadáveres víctimas de un crimen para descubrir al perpetrador de su asesinato, con montadas farsas que le dieron credibilidad durante esta época.


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Comer para aprender

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A principios del siglo XIX, William Buckland era considerado un geólogo y científico respetado entre la clase alta en Inglaterra. Odiado por Darwin, creyente del creacionismo y buscador de pruebas del Diluvio Universal, Buckland llevó la observación científica al límite: no sólo realizó observaciones para comprender lo que veía, también llegó a comer casi todo lo que existe para obtener conocimiento a partir de la deglución de su esencia. Perros, ratones, erizos, cocodrilos e incluso partes del cuerpo humano –entre ellas el corazón de Luis XIV– fueron devoradas por Buckland en su afán por descubrir la esencia de las cosas. 


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El camino hacia el saber humano nunca ha sido fácil. La historia en busca de respuestas para satisfacer la curiosidad humana es sinuosa y no ha estado exenta de polémica. Conoce el caso de los ladrones de cuerpos que resucitaban muertos en Edimburgo y los avances de la anatomía gracias a estos crímenes. ¿Aún crees cosas que aprendiste en la primaria, como que en el espacio no hay gravedad o que el Sol está ardiendo en llamas? Descubre estas 6 grandes mentiras de la ciencia que aprendimos como verdad en la escuela y reconsidera tus respuestas.

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Referencia:

Listverse







Referencias: