¿Por qué nuestra decisión para votar está en el inconsciente?

Miércoles, 16 de mayo de 2018 13:11

|Hervey Arteaga
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Entre mayor información tenga el cerebro para procesar, relacionará su decisión con emociones y sensaciones de forma rápida, sin esfuerzos y de manera inconsciente.

La toma de decisiones es un proceso complejo del cerebro, la cual consiste en elegir una opción entre las disponibles con el fin de resolver un problema. La palabra decisión proviene del latín decisio, "onis", que significa determinación, resolución que se toma o se da en una cosa dudosa. Tomar decisiones es una actividad cotidiana, en la que estamos inmersos en diferentes contextos que nos obligan a valorar las condiciones para tomar decisiones más acertadas, pero éstas dependerán de las circunstancias, situaciones, metas, propósitos y resultados. 


Vivimos tiempos de cambio e incertidumbre, la saturación de información a la que estamos expuestos nos hace tener más herramientas y oportunidades; sin embargo, el sistema político emite simultáneamente una gran cantidad de mensajes procedentes de una multiplicidad de emisores. El exceso de información al cual estamos expuestos a través de los diversos canales de comunicación, hace que la toma de decisiones esté basada en experiencias emocionales, en las que se involucra: análisis, categorización, juicios probabilísticos, construcción de alternativas y decisión. 


Hipercubo Neuromarketing realizó una investigación con herramientas de la neurociencia, con el fin de conocer los procesos mentales de los electores, esto lo hizo con la técnica electroencefalograma (EEG), que estudia el funcionamiento del sistema nervioso central e interpreta la actividad eléctrica de la corteza cerebral, la cual permitió conocer el impacto que genera la influencia de la saturación de información durante el momento de la toma de una decisión electoral. 


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Daniel Kahneman plantea dos sistemas por los cuales tomamos decisiones:


Sistema 1: Opera de manera automática, con poco o ningún esfuerzo, de forma rápida, es intuitivo, instantáneo y utiliza atajos para su funcionamiento.

Sistema 2: Centra la atención a las actividades mentales esforzadas que lo demandan, incluidos los cálculos complejos, requiere esfuerzo, presta atención, racional, deliberativo, utiliza reglas para evaluar las situaciones.


El estudio realizado partió de la hipótesis: entre mayor información tenga el cerebro para procesar, relacionará su decisión con emociones y sensaciones de forma rápida, sin esfuerzos y de manera inconsciente.


La muestra seleccionada fue de 120 ciudadanos mexicanos, de 18 a 65 años, 58 hombres, 62 mujeres, representando los diversos contextos económicos, políticos y sociales de la ciudadanía en general, todo esto con la finalidad de recabar valoraciones plurales. A los ciudadanos seleccionados se les saturó por medio de diferentes canales de comunicación sobre el acontecer económico, político y social que viven día a día —spots, Internet, campañas políticas, redes sociales, comentarios, publicidad, rumores, encuestas, prensa nacional e internacional—, para así ejemplificar el impacto al que están expuestos. A través de un estudio con electroencefalograma (EEG) se analizaron seis métricas cognitivas: estrés, compromiso, interés, excitación, enfoque y relajación; y las variables: voto y tiempo.






Estos fueron los resultados de la investigación:


Estrés: qué tan incómodo se sintió el participante al tomar una decisión. En una escala de 0 a 100, en la que 100 es el número más alto de estrés, el promedio de los participantes fue de 60.16. 

Compromiso: qué tan inmerso se encontraba el participante cuando estaban tomando la decisión. 75.58 fue el nivel promedio de los participantes.

Interés: si le gustó o no le gustó tomar la decisión al participante, de aquí se obtuvo que un 58.25; sí le gustó. 

Excitación: midió el nivel de excitación emocional que tenía el participante a la hora de tomar la decisión. El promedio de los participantes fue de 42.35.


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Enfoque: qué tan inmerso se encontraba el participante en sus procesos mentales cuando estaba tomando la decisión, 56.25 fue el nivel promedio de los participantes.

Relajación: midió la capacidad del participante, de alcanzar un estado mental tranquilo cuando tomaba la decisión. El promedio de los participantes fue de 33.41.

Voto: de los 120 participantes sólo el 58 % (70 ciudadanos) tomaron la decisión de votar, y 42 % (50 ciudadanos) anularon su voto.

Tiempo: 11 segundos fue el tiempo más corto en tomar una decisión electoral y 56 segundos el tiempo más largo. La toma de decisión promedio se realizó en 28.2 segundos. 



La investigación realizada determina qué es lo que sucede cuando un ciudadano tomará una decisión electoral:


Cuando un mensaje llega al cerebro de los ciudadanos, éste pasó por algunos filtros externos —la saturación a la que estuvo expuesto—, al ingresar los mensajes al cerebro es que ya fueron modificados por esos filtros, o sea, el mensaje puro no llega al 100 %. El ciudadano activa las habilidades cognitivas, los sistemas sensoriales, las emociones, la motivación y, sobre todo, el inconsciente para adaptar los mensajes en función de sus procesos mentales para la obtención de información. El cerebro no interpreta los mensajes como salieron del emisor ni tampoco en la forma que emergieron de los filtros, el cerebro decodifica con base a sus códigos, los lee a través de sus experiencias de lo que ha aprendido a lo largo de la vida. Dentro del cerebro los mensajes no permanecen idénticos, tras su decodificación éstos son elaborados con base a la información obtenida y esto provoca que se produzcan juicios, que son realizados al contacto con la información o basados en la memoria de la información archivada.


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El cerebro evalúa los mensajes en función a criterios básicos: a quién se dirige, problema que aborda, solución que aporta, personalidad del candidato, valores del partido o candidato, posicionamiento en relación a los otros candidatos y confianza en el político. Las decisiones electorales están formadas por los componentes, razón, emoción e instinto. Esto nos habla que existe una discrepancia entre cómo creemos que tomamos decisiones y cómo las tomamos en realidad. Al final, la decisión de voto se descarta, se corrige o se confirma. Este proceso complejo ocurrió en un promedio de 36.5 segundos para los que votaron y 16.6 segundos para los que anularon el voto. 


Tanta saturación de mensajes a la que estamos expuestos dan la ventaja al voto automático, al voto del sistema 1; cuanto más complejos se vuelven los asuntos de nuestro entorno, más insuficientes serán los procesos mentales automáticos, y por tanto será más necesario el sistema 2. Está investigación es un preámbulo para predecir la intención del voto a través de conocer cómo nuestro cerebro toma decisiones. La clave de la decisión de voto está en el cerebro humano.



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¿Sabes qué es lo que pasa en nuestra mente cuando por primera vez vemos a un político? Aquí te lo compartimos.



Hervey Arteaga

Hervey Arteaga


Columnista
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