La nueva temporada de Monsters en Netflix habla de uno de los casos más perturbadores, y es que en la casa de Ed Gein se escondían los restos de una locura que marcaría para siempre la historia del crimen en Estados Unidos. Lo que encontraron los policías dentro fue tan grotesco que nadie volvió a ver esa granja con los mismos ojos.
Ed Gein vivía en Plainfield, Wisconsin, un pueblo pequeño donde todos se conocían. A simple vista, era un hombre solitario y reservado, alguien que hablaba poco y se mantenía ocupado arreglando cosas para sus vecinos. Pero bajo esa rutina simple se escondía una mente profundamente perturbada. Después de la muerte de su madre, Gein comenzó a perder contacto con la realidad. Obsesionado con ella y con las ideas religiosas que lo atormentaban, empezó a desenterrar cadáveres del cementerio local para fabricar con ellos objetos domésticos: lámparas hechas con piel humana, máscaras con rostros reales, tazones con cráneos.
La casa de Ed Gein que terminó calcinada y los secretos que quedaron ahí
El 16 de noviembre de 1957, la desaparición de Bernice Worden, la dueña de una ferretería local, llevó a la policía directamente hasta la granja de Ed Gein. Lo que descubrieron dentro superó cualquier pesadilla: restos humanos colgados, muebles tapizados con piel y partes del cuerpo conservadas como si fueran trofeos. La escena era tan macabra que incluso los agentes más experimentados quedaron marcados de por vida. En cuestión de días, la casa se convirtió en símbolo del mal, un lugar donde la línea entre lo humano y lo monstruoso se había borrado.

Tras su arresto, el silencio se apoderó del lugar. La gente del pueblo evitaba pasar por la carretera que conducía a la granja, y quienes vivían cerca decían sentir una presencia que no se iba. Los rumores crecieron, y cuando se anunció que la propiedad sería subastada, muchos temieron que alguien la comprara solo para convertirla en una atracción morbosa.
Pero el 20 de marzo de 1958, antes de que eso ocurriera, la casa ardió en un incendio misterioso. En pocas horas, el fuego la devoró por completo. Nadie fue acusado oficialmente, aunque siempre se sospechó que fue provocado. Algunos vecinos lo vieron como un acto de justicia, otros como una forma de liberar al pueblo de algo que nunca debió existir. Las cenizas fueron lo único que quedó de ese lugar, y el terreno, desde entonces, ha permanecido vacío.
Lee también: ¡De terror! El aterrador y extremo cambio físico y mental de Charlie Hunnam para interpretar a Ed Gein

Hoy, en Plainfield, solo hay un campo silencioso donde antes se levantaba la casa de Ed Gein. No hay placas, ni restos, ni señales que indiquen que ahí ocurrió algo. Pero para muchos, el verdadero horror nunca se fue. La historia de esa casa no terminó con el fuego: sigue viva en las películas, en las pesadillas colectivas y en la idea de que hay lugares que absorben la oscuridad de quienes los habitan.
La casa de Ed Gein no fue solo el escenario de un crimen. Fue el espejo de una mente enferma y el recordatorio de que, a veces, el verdadero terror no está en los monstruos del cine, sino en las personas que alguna vez fueron normales.
