Se trata de Jean, también conocido como ‘El Ángel’, un velero escocés construido en 1819, que naufragó en 1836 en el caribe mexicano, a tres kilómetros de Cayo Lobos, frente a las costas del municipio Othón P. Blanco, en Quintana Roo. Estaba destinado a llevar ‘palo de tinte’, madera que se usaba para pigmentar textiles de Gran Bretaña a Honduras Británica, hoy Belice.
Su hundimiento permaneció anónimo hasta el año 2004, cuando, tras una labor de investigación de Octavio del Río, buzo y arquitecto con especialidad en arqueología submarina, lo halló junto a Maricarmen García, quien en ese entonces era directora de la Reserva Banco Chinchorro.
Pero fue hasta el año del 2006 que la Subdirección de Arqueología Submarina del INAH inició formalmente el proyecto de investigación de toda la zona del naufragio, Octavio del Río lideró ese proyecto sin ningún altercado hasta el 2017, cuando Nicolás Ciarlo, doctor con especialidad en arqueología marítima y Laura Carrillo, comenzaron a colaborar con la dirección del proyecto. A partir de este momento el proyecto comenzó a presentar diversas negligencias.
Foto: Animal Político y Octavio del RíoUna de las negligencias más destacables fue atar a una de las estructuras del arqueológico barco forrada de corales centenarios una cuerda de la boya que se utiliza para señalar en la superficie la ubicación del pecio. Lo cual trajo como consecuencia, el desprendimiento de la burzada.
«Puede parecer solo un pedazo de hierro, pero la buzarda es la parte más importante del barco; es la parte que te da toda la información de la forma del barco y de características como la dimensión y el tonelaje. Fue una negligencia que nunca debió haber sucedido. Es como si decapitadas una escultura en un museo porque la amarraste una soga a la cabeza». Comentó Del Río.
El arquitecto también señaló los daños ocasionados por costales que se utilizan para proteger las partes del velero que quedaron expuestas, luego de que los investigadores le quitaran el sedimento que los cubrió durante siglos. Varios de esos costales cayeron directamente sobre los restos arqueológicos y encima de los arrecifes de coral, afectando la reserva natural de la Biósfera Banco Chinchorro, tal y como muestran múltiples fotografías y un video tomado por Del Río.
Foto: Animal Político y Octavio del RíoOtro daño ocasionado fue que el arrastre del ancla de la embarcación que transportaba al personal del INAH por el pecio. El ancla quedó atorada entre los corales y entre las piedras de lastre que transportaba el Jean, las cuales estaban repletas de vida por las incrustaciones coralinas que crecieron sobre ellas con el paso de los siglos. «Pasaron un ancla por encima de los corales y de bichos que habían crecido a lo largo de 200 años en una biósfera que está protegida», dijo Del Río.
El arquitecto, denunció que esos daños fueron producto de reiteradas negligencias de los investigadores del INAH con quienes trabajó hasta noviembre del 2018, cabe destacara que tras denunciar irregularidades, fue excluido del proyecto por una presunta mala conducta.
La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) interpuso dos denuncias por daños en el área protegida de Banco Chinchorro ante la Fiscalía General de la República y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente.
Foto: Animal Político y Octavio del RíoLa Subdivisión de Arqueología Subacuática del INAH reconoció algunos daños a los restos arqueológicos y negligencia de su personal en algunas de las maniobras, cómo atar una boya a parte de los vestigios arqueológicos. Pero matizó que las afectaciones fueron provocadas por un accidente propio del trabajo en mar abierto.
Mientras tanto se analizan posibles sanciones contra el personal de la Subdirección Acuática del INAH que participa en el proyecto de Banco Chinchorro por los daños ocasionados al barco Jean, Roberto Junco, subdirector de Arqueología Subacuática, dijo que se atendrán al proceso de evaluación:
«Reconocemos los daños y acataremos todas las disposiciones de las autoridades para resarcir los daños y para recibir cualquier tipo de observación, o de sanción, si procediera, aunque insistimos en que todo se debió a un accidente», subrayó el funcionario.
El Consejo de Arqueología del INAH admitió las afectaciones del vestigio arqueológico, por lo que informó que la Subdirección Acuática colaborará con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas para resarcir los daños.
Foto: Animal Político y Octavio del Río
En portada: Culture Trip
