El primer amor y su perversidad según el Marqués de Sade
Historia

El primer amor y su perversidad según el Marqués de Sade

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Por: Eduardo Limón

16 de mayo, 2016

Historia El primer amor y su perversidad según el Marqués de Sade
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Por: Eduardo Limón

16 de mayo, 2016



La historia de ese primer amor, de esa pérdida de inocencia, se resume –en Sade– como un ofrecimiento de sí mismo a un quiebre de dogmas. A una aceptación de las conductas naturales fuera de esa moral  que reprimen los instintos del hombre. “La filosofía en el tocador” es un libro clave para comprender que en el deseo hay un trasfondo de pasión y crimen a los cuales es imposible renunciar si dejamos de apelar a la virtud y nos dejamos sumir en la voluptuosidad y embriaguez del goce.

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El Marqués de Sade, recobrando un entendimiento por la vida en la que el placer es un eje indiscutible para la cultura griega, narra visceralmente la oscuridad seductora en el cuerpo humano y la verdadera profundidad de sentir el mundo. Este hombre de letras innovadoras, de juicios estruendosos, en ocasiones puede concebirse vacíamente como un libertino consternado, pero no debemos perder de vista que fue un pensador más complejo que eso.

En “La filosofía en el tocador” nadie puede negar una asimilación y un estudio complicado en torno a los instintos, la imaginación y la ficción de la moral, la justicia y el orden; Sade es una muestra absoluta de que el libertino es el filósofo del erotismo. Su famoso libro puede y debe ser tomado como un tratado del comportamiento humano en los marcos de la sociedad y el impulso personal.


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La historia se centra en Eugène, una joven que visita a Mme. De Saint-Ange por un fin de semana para aprender sobre la sexualidad, la renuncia a la virtud y la excitación de los sentidos. Junto a la dueña de la casa, el hermano de ésta y Dolmancé (uno de los libertinos más reconocidos en Francia), la pequeña señorita entonces deja atrás toda privación en algún momento aprendida de su religiosa madre para descubrir sus talentos natos en la alcoba.

Cabe destacar que ella ha sido enviada a dicho lugar por su propio padre, amante de Mme. De Saint-Ange, para ser introducida en un mundo de libertad y juicio propio, de hedonismo puro. Allí, Eugène comienza su educación en arduas jornadas de desnudamiento, formas de exaltación, juegos, técnicas de masturbación, sexo anal, oral, homosexualidad y los misterios del orgasmo.


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Cabe destacar que en estos relatos no se da la crónica ni el exaltamiento del detalle por un simple gusto estético del placer, sino porque en esa representación escrita, incluso pensada, se generan cuestionamientos serios y relevantes para el seguimiento, instauración y derroque de aquello que se suele pensar como prudencia, corrección, pecado, suciedad, maldad, etcétera.

Perfilándose al desenlace narrativo de sus vivencias, Eugène es una mujer que ha dejado en el olvido la innecesaria sacralidad de la virginidad por completo y se ha versado en las artes amatorias del incesto, el adulterio y la sodomía; esas piezas esenciales para conocer a la perfección el significado de amar, no esos estándares religiosos y mojigatos que rigen el acto humano. Finalmente y sin ningún punto que pueda dirigir al retorno de los valores perdidos, ella ve a su madre, en un intento por recuperarla, en medio de actos feroces, cómo es violada, golpeada y penetrada por un hombre con sífilis como castigo de su puritanismo.


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Dentro de este ejercicio literario y de fantasías sin freno, Sade establece una suerte de filosofía natural que intenta recoger los principios que rigen la existencia en la naturaleza del hombre y sus instintos; una naturaleza que constantemente encuentra el equilibrio y reconoce tanto sus amabilidades como sus perversiones y violencias. Así, de manera constante, el autor francés expone con vehemencia ciertas conductas que se pueden resumir de la siguiente manera, respetando sus propias disertaciones:


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La homosexualidad

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¿Se puede condenar a un hombre por disponer libremente de su cuerpo si la misma naturaleza lo ha hecho sensible a los placeres? ¿Si a ésta le tiene sin cuidado su procreación?



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La prostitución

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Tampoco se le puede acusar a una mujer por saciar las necesidades de un hombre o sentirse bien al reconocer que no hay norma en su vida que le prohíba el probar tantos miembros como ella quiera en su cama.



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El incesto

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¿De qué otra forma se pudo perpetuar a la especie humana si no fue entre las piernas de la familia de Adán o de Noé?



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El asesinato

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Sólo porque el hombre no se sienta un animal en esta tierra y crea que hay algo distinto en su supervivencia, en su voluntad gozosa y criminal.



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La crueldad

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¿Por qué hemos desdeñado esas posibilidades de sentir y descubrir al mundo a partir del golpe, la aberración y la palabra desnuda? Infligir dolor y humillación es un placer que dirige a la verdad.


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“La filosofía en el tocador” es un manual y un cúmulo de lecciones alrededor de ese primer amor que debe anular de su conciencia y de su legislatura un número de acciones que, en efecto, no van en contra de la especie y sus orígenes, sino procuran el vínculo con el otro en términos diferentes. En condiciones plagadas por el placer y la libertad. Dicho de otra manera, es un llamado a la reconsideración de un derecho legítimo: el de disfrutar la sexualidad y el orden de los deseos fuera del panorama mojigato que nos gobierna.


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