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HISTORIA

El último rey egipcio que poseía la mayor colección de pornografía

Mientras muchos excéntricos coleccionan víctimas, autos, joyas, animales en peligro de extinción, mansiones, mujeres o demás caprichos, hay gobernantes que en algún momento decidieron entregarse a un vicio más peculiar: coleccionar cine pornográfico a raudales. Alfonso XIII, rey de España, uno de los personajes más liberales de cuantos han estado en el trono de la monarquía española, no sólo poseía una gran cantidad de cintas de este género sino que financiaba producciones eróticas, las primeras en realizarse en España.

Muchas de ellas eran rodadas en el Barrio Chino de Barcelona. El mismo rey en un arranque de inspiración, realizó algunos de los guiones para las mismas. Teniendo como protagonistas a pícaros sacerdotes, obscenos ministros de justicia o médicos de dudosa ética, estas cintas se mantuvieron ocultas durante muchos años hasta que aparecieron en un convento de Valencia. Después se procedió a su restauración y conservación en la filmoteca de Valencia.

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Al igual que Alfonso XIII, existió otro monarca que gastaba varias horas de sus días en la contemplación de material porno. Nos referimos a Farouk I, quien en 1952 fue derrocado por un golpe militar que buscaba la liberación de Egipto de sus garras tiranas. Cuando los militares penetraron a su lujoso palacio de El Cairo confiscaron la mayor colección privada de películas porno que se tuviera registro en la historia hasta aquel momento. 

Tan rimbombantes como su título (Su Majestad, Faruq, por la gracia de Dios, rey de Egipto y de Sudán, soberano de Nubia, Kordofán y Darfur) eran las fiestas que organizaba en su palacio. Las clases más acaudaladas de la sociedad egipcia gozaban con peculiar alegría de los platillos millonarios con que el rey los complacía en sus hermosos salones. En las calles mientras tanto, el pueblo mendigaba por un pedazo de pan o algo que calmara su hambre por unas horas. Egipto fue una nación sumida en una pobreza aguda durante su reinado.

Fue con el fallecimiento de su padre, el rey Fu'ad I, que Farouk asumió las riendas de su país con tan sólo 16 años, un gobernador demasiado joven a la usanza de los faraones. El pueblo y la prensa simpatizaron con el adolescente que gozaba de una educación privilegiada en Inglaterra y las mejores escuelas de Egipto. En unas vacaciones por Europa, el nuevo rey conoció a la joven Safinaz Zulfikar, con quien se encaprichó de tal manera que terminó casándose con ella. Todo en la vida de Faruk ocurría demasiado aprisa, sentía que no tenía tiempo que perder; el poder le daba la sensación de ejercer control sobre absolutamente todo.

Los harenes ya no eran una costumbre en su país, pero eso no le impidió al joven rey rodearse de una incontable cantidad de amantes que lo acompañaban en escandalosas fiestas privadas. Safinaz Zulfikar no estaba dispuesta a llevar una vida así y terminó abandonando a Farouk. El joven se refugió entonces en su otro vicio: la ludopatía, específicamente pasando noches interminables en el Real Automóvil Club (RAC) o en el centro nocturno Scarabee.

Palacio del rey Farouk

Como si sus excesos no fueran demasiado, Faoruk se distinguió por ser un obsesivo cleptómano. Entre los artículos que mostraba con orgullo se encontraba un reloj de Winston Churchill. El rey era un ser que se divinizó al afirmar que era descendiente directo de Mahoma. Los caprichos y el despotismo fueron parte esencial de su carácter: en una ocasión, al jugar la póker, se adjudicó la partida cuando tenía un trío de reyes: «Tengo póker, porque yo soy el cuarto rey”, dijo con burla y orgullo».

Faoruk era amante de los lujos, los excesos y le encantaba darse a notar por medio de actos que para otros serían vergonzosos: uno de los vestidos de su segunda esposa, Narriman, estaba adornado con 120 mil diamantes. Al ser un adicto a la cacería, llegaba a matar hasta 344 patos. Al principio de su reinado le encantaba sobrevolar el río Nilo y desde los cielos arrojar pelotas de ping pong. Los campesinos que lograban atrapar una de ellas tenían el derecho de presentarse en su palacio para recibir una ración generosa de golosinas. Faoruk se sentía un elegido que daba a sus súbditos y gobernados la posibilidad de obtener favores y placeres.

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Otras de sus enfermas excentricidades consistía en manejar a gran velocidad carros americanos como Lincolns o Cadillacs haciendo sonar una bocina que imitaba el ladrido de un perro para causar miedo y escándalo en las personas. A los actos oficiales le gustaba llegar en lujosos Rolls Royce de los cuales ostentaba una gran colección. Era un exhibicionista que finalmente pagó cara su costumbre cuando estrelló su auto contra la parte trasera de un camión. Tras herirse de gravedad los ojos comenzó a usar gafas negras que serían uno de sus sellos distintivos.

Farouk gustaba de ingerir cantidades exageradas de comida todos los días (pastas, postres, etc…), lo que fue provocando que su peso aumentara. Dicen algunas fuentes que era capaz de beberse decenas de botellas de refresco a diario. En especial era un adicto a las ostras, mismas que se importaban desde Dinamarca en centenares para el delicado paladar de nuestro personaje. Al rey le gustaba este alimento por su poder afrodisiaco del cual no quería librarse. Sus médicos le recomendaron que tenía que moderar su manera de alimentarse por temor a posibles daños a su salud.

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Con el paso de los años, el monarca fue ganando enemigos en diversas partes del mundo: los islamistas, los ingleses y los nacionalistas criticaban sus decisiones, sus maneras de gobernar y sobre todo, sus excéntricos comportamientos. Finalmente, en 1952 el Ejército se alzó en contra de Farouk para destronarlo y acabar con la monarquía egipcia que tanto daño le causaba al pueblo. Los Jóvenes Oficiales, dirigidos por el general Nasser, lo quitó del gobierno y se proclamó la república. Con todo lujo, fiel a su extravagante personalidad, partió al exilio a Italia, uno de sus países favoritos, específicamente dividió su estadía entre Capri y Roma. El principado de Mónaco también le sirvió como refugio.

A los 45 años y con 140 kilos de peso encima, Farouk murió en la mesa de un infarto mientras se atracaba una apetitosa cena en Roma.

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