Cuando la Ciudad de México colonial se comenzó a extender sobre los cimientos de la antigua Tenochtitlán, cientos de tesoros prehispánicos quedaron ocultos entre la tierra y el asfalto de la ciudad moderna, es por ello que a pesar de que el Templo Mayor ha sido descubierto desde hace décadas, a la fecha aún hay asombrosos hallazgos que nos permiten vislumbrar la vida precolombina.
Foto: National Geographic / Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor.
Tomás Cruz realizando la primera inspección. / Foto: National Geographic / Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor.
Reuters reportó en exclusiva el hallazgo de la tumba de un emperador azteca, la cual sería la primera tumba de toda esta civilización, marcando de tal forma un hito en la arqueología mexicana, pues a pesar de décadas de investigación hasta el momento no ha sido posible encontrar alguna.
Foto: National Geographic / Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor.
Foto: National Geographic / Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor.Sin embargo, la presencia de una ofrenda jaguar —es decir, encontraron el esqueleto de un jaguar completo adornado como un guerrero—, así como de un niño ataviado como si fuese Huitzilopochtli y un sinnúmero de conchas, cajas de piedras y otros artefactos preciosos, indican que podría tratarse de la tumba de un emperador.
Loba de la Ofrenda 174. / Foto: National Geographic / Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor.En su concepción el Templo Mayor era pensado como el centro del Universo, por lo que es una de las estructuras insignes, por ello, no habría de extrañar que a mayor profundidad se encuentren otros tesoros.
Espinas y cráneo de pez globo. / Foto: National Geographic / Miguel Báez, cortesía del Proyecto Templo Mayor.
«El jaguar estaba vestido como un guerrero, con un aro de madera sobre la espalda, el anáhuatl, el símbolo de los dioses guerreros, y armado con un dardo y un lanzadardos, también de madera. El animal fue cubierto con una capa de corales de cuatro especies diferentes, además de conchas, caracoles pequeños, peces globo y numerosas estrellas marinas de la especie Pentaceraster cumingi, que son de color rojo y que viven en el océano Pacífico, a 300 kilómetros de distancia de Tenochtitlán-Ciudad de México. También hay dos esqueletos de ibis espatulado, un ave de plumaje rojizo asociada a los reyes y a los guerreros muertos en la guerra».
Leonardo López Luján, director de la excavación del Proyecto del Templo Mayor.
Foto: National Geographic / Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor.
Posteriormente, en julio de 2019 fue encontrado un lobo de tan sólo 8 meses junto con 22 piezas de oro y recientemente, a principios de noviembre hallaron un par de aves de presa que suponen ser halcones que portan piezas de oro y collares. Estos tres animales, el jaguar, el lobo y las aves de presa integran tres ofrendas dedicadas a Huitzilopochtli —el dios azteca de la guerra— y se encuentran ubicadas en una línea recta que los investigadores esperan que los esté guiando a la preciada tumba de un emperador mexica.
Foto de la última ofrenda encontrada en el Templo Mayor en el que se encontraron las dos aves de presa, así como piezas de oro y cuchillos de pedernal. / Foto: El País – Mirsa Islas (PTM)
Conoce más en National Geographic y en la página oficial del Proyecto del Templo Mayor.
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