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HISTORIA

La historia real que inspiró 'Poco Ortodoxa' de Netflix

Conoce qué hay detrás de la serie de 4 episodios de Netflix y la vida de las mujeres en la comunidad judía de Satmar.

«Si tuviera un deseo sería poder viajar siempre, de un aeropuerto a otro. De liberarme de la prisión de quedarme quieta». Deborah Feldman 

Poco ortodoxa es una de las series de Netflix que a través de una historia bastante inusual en las pantallas ha conquistado a las audiencias internacionales y que tiene la peculiaridad de ser una de las pocas series filmadas en su mayoría en yiddish —o ídish, una lengua utilizada por los judíos de origen alemán y sus descendientes, y que ha sobrevivido por milenios, pues se rastrea su origen hasta el siglo X— y que muestra el mundo de la comunidad ortodoxa de Satmar con una sorprendente precisión y fidelidad. 

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Si bien la serie sigue a Esther “Esty” Shapiro —interpretada por Shira Haas— y su camino hacia la liberación, después de que decide huir y alejarse de la comunidad que la oprime, lo cierto es que detrás de esta narración que lleva a Esty a Berlín y a cumplir sus aspiraciones como música, está la historia real de Deborah Feldman, cuyo libro inspiró a los guionistas de Poco ortodoxa

Deborah Feldman en su antiguo barrio. / Foto: Eilon Paz - New York Post

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Bajo el título de Unorthodox: The Scandaouls Rejection of my Hasidic RootPoco ortodoxa: el rechazo escandaloso de mis raíces jasídicas, en su traducción literal—, Feldman escribió la historia de su infancia en Williamsburg, Nueva York, un barrio en el que predomina la presencia judía ortodoxa y en el que la comunidad de Satmar ha prosperado; así como su eventual matrimonio a los 17 años, su lucha para identificarse en una comunidad a la que no pertenecía ni cumplía las expectativas y finalmente poder abandonarla aunque significara dejar atrás a algunos de sus familiares más cercanos. 

Si bien en la serie es posible ver cómo Esty Shapiro es incapaz de tener hijos y huye a Berlín para encontrarse con un grupo de músicos y desarrollar una vida nueva en tal ciudad con su madre —quien años atrás también había abandonado la comunidad, dejándola atrás también— la realidad de Deborah Feldman fue distinta. 

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Cortesía de Netflix.

Satmar, la vida de una mujer judía jasídica 

La vida de ambas mujeres, tanto en la ficción como en la realidad son similares en sus primeros años. El grupo jasídico de Satmar en realidad tiene su origen en el antiguo reino de Hungría —ahora Satu Mare, Romania—, lugar en el que el rabino Joel Teitelbaum fue salvado del Holocausto, logrando emigrar a Estados Unidos en 1946. Él, junto con otros judíos jasídicos se asentaron en Williamsburg, comenzando así una de las dinastías jasídicas más importantes y grandes hasta la actualidad. 

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Ellos tienen reglas estrictas y un enfoque dedicado a mantener vivas las raíces del judaísmo: en su vida diaria siempre hablan yiddish, incluyendo en sus propios colegios y escuelas, su uso de la tecnología es limitado dado que adoptar el uso de ciertas herramientas (como el Internet mismo) o usos y costumbres más mainstream involucra el alejamiento de sus raíces y por lo tanto el castigo de Dios; además, cuando se trata de los roles de género, son los hombres quienes tienen el poder adquisitivo y los trabajos, provocando que las mujeres sean dependientes de ellos. Cortesía de Netflix.

Hombres y mujeres tienen sus vestimentas tradicionales y ciertas reglas a seguir, por ejemplo ellas deben usar mangas largas, llevar ropa que cubra hasta el cuello, faldas largas y medias. Durante su periodo menstrual ni su esposo puede tocarlas por dos semanas y el sexo se convierte en un rito exclusivo para la concepción. 

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Las mujeres de Satmar deben raparse antes de su matrimonio (y a lo largo de sus vidas) y usar pelucas dado que este grupo —y otros judíos ortodoxos en lugares públicos— consideran que el cabello de la mujer es motivo de lujuria. El matrimonio y la maternidad son los dos ejes principales de las mujeres en este tipo de comunidad, ya que persiguen un ideal en el que deben reestablecer el número de judíos que perdieron su vida durante el Holocausto; un movimiento que algunos han descrito como la venganza perfecta contra Hitler y el nazismo. Esto ha provocado entonces que una vez que sus jóvenes se casan, concebir familias grandes es una prioridad. 

Cortesía de Netflix.

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Las raíces de la libertad 

Feldman explica que en sus primeros años hubo una serie de actividades que no sólo implicaban romper las reglas impuestas y entonces entrar a la “lista negra” de Dios, sino que poco a poco le mostraban el mundo del cual eran privados y al que no suponían pertenecer. 

En la comunidad Satmar el inglés es una lengua impura, por lo que en ocasiones muchos de sus miembros lo hablan con dificultad, lo cual ha sido el impedimento para muchos de los que huyen, aunque no necesariamente lo fue para Feldman. Si bien en la serie Esty va a clases de piano, en la realidad Deborah era aficionada a las letras, por lo que leía todo tipo de libros en inglés a escondidas, ayudándole a tener un inglés más fluido a pesar de que su vida diaria se caracterizaba por el uso del yiddish. 

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«Dudo que fuera una sorpresa para los demás que abandoné la comunidad jasídica. Como mi zeidy [abuelo] lo predijo, fui seducida por el diablo. Comenzó con pequeñas cosas: esmalte de uñas transparente, delineador de ojos discreto, un viaje en el metro. Pero después quería ver el mundo, utilizar jeans, conducir un carro, aprender a tocar el piano; todo eran sueños imposibles para una mujer de mis circunstancias. Obviamente los libros funcionaron. Si nunca los hubiera leído, no habría manera que esos deseos florecieran en mí».  Fuente

Cortesía de Netflix.Sin embargo, esos deseos no se pudieron materializar sino hasta que cumplió 23 años, 6 años después de que la casaran con un joven estudioso del Talmud que conoció brevemente antes de la ceremonia y de tener un hijo con él. 

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La vida en matrimonio de Deborah está repleta de una serie de costumbres que la serie incluye, desde las reglas estrictas para tener sexo, o del involucramiento de las madres y hasta de los rabinos en las vidas personales de las parejas. Sin embargo, lo que llevó a Deborah a consumar sus deseos de libertad así como su madre lo había hecho años atrás fue la simple creencia de que Dios los puede proteger por lo que Deborah desde su infancia había subido a carros sin el uso del cinturón de seguridad. 

Deborah Feldman con su hijo y exesposo. / Foto: New York Post

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A sus 23 años esa práctica cobró su costo, después de verse involucrada en un grave accidente que la llevó al hospital. 

«Nuestro hijo podría haber estado en el automóvil».  Fuente

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Ella le anunció a su esposo que tras ser dada de alta iría a vivir con su madre por un tiempo y mientras él estaba en el trabajo ella empacó algunas cosas y decidió irse a vivir con una amiga que había conocido en Sarah Lawrence, un colegio en Nueva York al que había ingresado. 

Cortesía de Netflix.

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Es en este punto en el que las historias de Deborah y Esty divergen —sin considerar el nacimiento del hijo de Deborah o su matricula en Sarah Lawrence—, Etsy desde un inicio se marcha a Berlín con la ayuda de su maestra de piano y los papeles que su madre le había dejado años atrás, mientras que Deborah permaneció en Nueva York con su hijo antes de emigrar a Berlín. 

Pronto, Feldman se convirtió en una paria para su familia y la comunidad, se divorció de su esposo, provocando a su vez que éste fuera menos religioso —en una entrevista relata cómo ahora es un hombre que ha recortado su barba y hasta usa jeans— dado que al estar divorciado se convierte en un miembro marginal en la comunidad. Ambos comparten la custodia de su hijo, por lo que éste puede pasar los Shabbat con su padre, pero más allá de una relación funcional con el padre de su hijo, Deborah Feldman se enfrentó a los insultos de los miembros de su antigua comunidad; ella relata recibir correos de odio que referían a su muerte o se suicidara. 

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Deborah Feldman. / Foto: Wikimedia Commons.

Eventualmente, Deborah Feldman se mudó de forma definitiva a Berlín, Alemania, una ciudad que para su abuela era parte de un continente en ruinas —dado que ella había abandonado Europa después de sobrevivir en distintos campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial—, así como un sitio que similar al resto del mundo suponía ser un peligro para los judíos de Satmar. 

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Pero lejos del peligro que le habían prometido, en realidad Feldman encontró un sitio en el que podía sentirse cómoda, allí publicaría un segundo libro, Exodus, que cuenta su vida después de abandonar su comunidad, comenzaría a escribir columnas y hasta escribir ficción. 

Deborah Feldman con Shira Hass durante la grabación de Poco ortodoxa. / Foto: Cortesía de Netflix.

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La modernidad aunada al uso de nuevas tecnologías y el acceso a la información sin duda han sido un duro golpe a este tipo de comunidades que suelen encontrarse desconectadas del mundo moderno —como ocurre entre los amish también—, pues de acuerdo con Deborah Feldman es más difícil que exista un control férreo sobre la comunidad, entonces lo que antes era una ocurrencia de cada 10 años, actualmente es mucho más común y cada vez hay más jóvenes abandonando sus comunidades y transicionando a la vida mainstream

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