
El primer milenio
En realidad no existen muchas referencias que hablen del aborto tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento; en el capítulo 21 del Éxodo se mencionan algunas de las leyes con las que vivían los israelitas, el aborto se castigaba con una multa mientras que el homicidio se castigaba con la pena de muerte.
James Rachels, autor de Introducción a la filosofía moral, señala que frecuentemente se suele utilizar el siguiente pasaje del Antiguo Testamento incompleto y fuera de contexto para argumentar la bendición de Dios a la concepción y su producto inmediato, pero su lectura completa deja en claro que no está hablando de concepciones, embriones, o seres no natos;
«La palabra del Señor llegó a mí en estos términos: “Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones” Yo respondí: “¡Ah, Señor! Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven”. El Señor me dijo: “No digas: ‘Soy demasiado joven’, porque tú irás adonde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene. No temas delante de ellos, porque yo estoy contigo para librarte –oráculo del Señor–”».
Foto: Wikimedia CommonsAlgunos registros dicen que en el siglo I se condenaba el aborto, pero en el III se sancionaba en caso de un adulterio, pero el aborto provocado dentro del matrimonio no era castigado.
En los primeros años del cristianismo (300 d.C.) se tenía la creencia de que el embrión adquiría su alma después de los 45 días de concepción, según San Agustín de Hipona, uno de los obispos y pensadores más ilustres de su época. En su Comentario al Evangelio de San Juan y en el De Anima, San Agustín distinguía un embrión de un feto; un feto lo consideraba carente de alma, forma y movimiento, un feto contaba con movimiento y alma. El aborto realizado sobre un feto con movimiento era considerado un homicidio mientras que al aborto de un embrión no se le consideraba ningún castigo.
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Las distinciones de etapas en el embarazo
Muchos años más tarde, en el siglo XIII, San Buenaventura escribió In sententias, donde opino que el aborto es posible antes de que el feto esté organizado y San Alberto Magno sostuvo que el alma es infundida por Dios, la del varón a los cuarenta días y la de la mujer a los noventa.
Por su parte, Santo Tomás de Aquino, filósofo seguidor de Aristóteles y teólogo cristiano, concluyó que el embrión carecía de alma y que esta se formaba al mismo tiempo que el cuerpo humano, en sus propias palabras «el alma no es infundida antes de la formación del cuerpo», es decir que mientras no existe una forma humana y articulada, no existe alma.
Foto: Wikimedia CommonsPara Aristóteles en su obra Investigación sobre los animales, con respecto a la fecundación, la mujer no contribuía con una semilla o un huevo plenamente formado en la concepción humana. Su tarea inicial consistía en ofrecer el menstruo, que servía como material para la acción formativa del esperma masculino. Esta teoría aristotélica fue aceptada durante siglos por muchos especialistas de medicina, y Santo Tomás de Aquino la adopto.
El resultado de la concepción ségun Tomás de Aquino en el Comentario al libro IV de las Sentencias, completaría su desarrollo cuando recibiese un alma espiritual, es decir, cuando el cuerpo estuviese suficientemente formado: hacia el día 40 para el varón y hacia el día 90 para la mujer (según una hipótesis de Hipócrates y Aristóteles).
Santo Tomás consideraba al aborto de un embrión como un proceso reversible a la concepción, por lo tanto, condenable, pero no en el mismo nivel que un homicidio.
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Los avances científicos vs. imposiciones morales
Para el año de 1312, los científicos aseguraron ver a través de algunos rudimentarios microscopios, pequeños y diminutos seres articulados con forma humana en los embriones, los cuales bautizaron como ‘homúnculos’, así que el papa Clemente V, quien estaba a cargo de la iglesia católica en ese entonces, determinó que si ya tenía forma humana y movimiento era incorrecto el abortarlos.
Los avances tecnológicos y científicos fueron desarrollándose y evolucionando en herramientas que ayudaron al conocimiento anatómico, biológico y médico; con el paso del tiempo se pudo determinar que las conclusiones de Santo Tomás eran correctas ya que los embriones son un grupo de células y que la forma humana se adquiere con el desarrollo del mismo.
Foto: Wikimedia CommonsSin embargo, para ese entonces la iglesia decidió ignorar estas aseveraciones y mantener su postura con respecto a sus creencias. En el año de 1869 el Papa Pio IX dictó que los embriones poseen un alma desde la concepción humana y se da por sentada la condenación del aborto, bajo pena de excomunión.
En su libro, James Rachels concluye «La tradición eclesiástica, así como las Escrituras, es reinterpretada por cada generación para apoyar sus propias opiniones morales. El aborto es sólo un ejemplo, lo correcto y lo incorrecto no deben definirse en términos de la voluntad de Dios; la moral es cuestión de razón y de conciencia, no de fe religiosa; y en todo caso, las consideraciones religiosas no dan soluciones definitivas a los problemas morales específicos que confrontamos».
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