Si uno se deja guiar por la tecnología y por los avances científicos, es fácil llegar a la conclusión de que nuestra sociedad, o la vida, han evolucionado. Vivimos en un mundo controlado por las máquinas, por la tecnología y la ciencia. Cada día existe un nuevo avance científico, sanitario o tecnológico que parece que la sed de evolución del hombre no tiene fin. Tristemente esta es la única evolución que parece importarnos.

Es complicado hablar de evolución y avance cuando en pleno siglo XXI existe una desigualdad enorme en la sociedad. Todos se preocupan por un celular o por tener conexión todo el tiempo, pero ¿dónde están los encargados de erradicar la pobreza? quizá en ningún lado; parece más un sueño de joven idealista que una idea de adulto razonable. Las preocupaciones por el progreso del hombre dentro de su humanidad parecen no importar a casi nadie.
La tecnología y sus múltiples beneficios nos han quitado a nosotros mismos parte de nuestra identidad. No hay que ser un gran observador para percibir que la mayoría de las personas, tanto las que caminan en la calle como las que manejan y hasta las que están con familiares o amigos, viven inmerso en la pantalla de su celular y evitan así el contacto humano. Parte de la enseñanza de la película de 2013, Her. Ese “progreso” nos ha alejado de nosotros mismos.
¿Es necesario contar con un Smartphone?, incluso entre las clases más bajas se ha vuelto una obligación, y los detalles verdaderamente importante que dan relegadas. También en los locales de comida o en las tiendas nos percatamos de ello: cada vez es más frecuente que la persona que atienda esté enajenada a su celular en su tiempo libre.

En cuanto a medicina para que el único fin es buscar la inmortalidad del humano; ya existen miles de curas para enfermedades pero la muerte es, a fin de cuentas, natural. Es la única certeza que tenemos de nuestra vida al nacer y no se puede evitar. Es evidente que aún encontrando la cura para más enfermedades, el humano perecerá pero ¿resulta placentero extender la vida de manera innecesaria?
También son los avances científicos y de ingeniería los que han traído grandes dosis de horror al mundo; la bomba atómica, la pólvora, las armas. Es por eso que existe un debate sobre a qué punto se debe extender la tecnología; quizás la pólvora y algunas armas eran necesarias, ¿pero lo son así las armas de destrucción masiva cuando su propia naturaleza incluye la cobardía de simplemente arrojarla?
No se debe llegar al extremo de afirmar que todo avance tecnológico es malo, pero la exageración que se le da, habiendo tantos problemas, sí lo es. Como ejemplo existe el Internet, se tiene muchísima información a un fácil alcance, hay maneras de darle un uso inteligente y sacar provecho de ello pero muchos prefieren encontrar en él una salida fácil a las tareas sin hacer un uso inteligente. Todo es relativo y depende de quién sea el usuario. De lo que no hay duda es de los avances tecnológicos pero no humanitario, en ese sentido: estamos en pleno retroceso.
