La historia de Wilgefortis: la mujer que fue liberada de casarse

Sábado, 2 de diciembre de 2017 14:05

|Carolina Romero

Esta mujer siguió la convicción de mantener sus votos de castidad hasta la muerte.



Casarse puede ser el sueño de muchas mujeres. Tener un futuro bien planeado, vivir al lado de alguien durante toda su vida, ser llamada "la mujer" de alguien. Para otras pocas, esto es una pesadilla.


Aunque aún hoy los matrimonios por conveniencia son una machista realidad, en la Antigüedad lo eran más: frente a los ojos de todo el mundo, las mujeres eran obligadas a contraer nupcias con hombres con los que no querían casarse. Ese fue el caso de Wilgefortis, una mujer que se convirtió en "santa" tras una terrible historia.


A pesar de ser hija de un rey pagano de Portugal, profesaba la religión cristiana. Por ello, se prometió guardar su voto de castidad. Sin embargo, por mandato de su padre, estaba obligada a casarse con un hombre poderoso del lugar. Fervientemente, ella se opuso. Debido a que no había ni un solo poder humano que pudiera evitar el fatídico hecho, ella suplicó a Dios que lo evitara:


Pidió ser fea, feísima. No había otra salida más que esa. Haciendo acto de su omnipotencia, Dios le hizo crecer en el mentón una frondosa barba. Lo que sucedió después es igual de raro y cruel que la historia: la crucificó.


 

Esta leyenda religiosa se remonta al siglo XV. La versión más generalizada es que su origen tuvo cabida a partir de la famosa imagen de “Santa Faz” de Lucca; un crucifijo de madera colocado en una capilla construida por Matteo Civitali en 1484. Esta figura tiene puesta una larga túnica, cabello largo y una corona real. Debido a que estas imágenes dejaron de ser plasmadas por el arte sacro, desde el siglo XI, las figuras posteriores comenzaron a ser vistas como mujeres en martirio.


 

Otra historia se teje a su alrededor: un violinista pasaba a su lado tocando su instrumento, la estatua dejó salir una pequeña bota de oro. Debido a que era un vagabundo, lo acusaron de robo, para defenderlo, la imagen de Wilgefortis apareció e hizo presente —otra vez— el milagro.


 

Mucho más allá del sentido religioso de esta historia, dentro de ella es fácil encontrar una terrible lección: las mujeres no eran dueñas de sus decisiones; ni siquiera su propia vida sentimental era asunto de su jurisdicción, eran obligadas a casarse con quienes no querían, asumiendo un papel de esposas del que nadie les había preguntado si querían adoptar. Desde entonces, se volvió el centro de las plegarias de mujeres que deseaban ser liberadas de matrimonios.

 

Debido a su popularidad, la historia se desarrolló en diferentes versiones a lo largo de todo el mundo: en Inglaterra, por ejemplo, era conocida como Uncumber. En Austria, como Kümmernis, mientras en Italia y Francia era conocida como Liberata.


 

¿Cómo es que le fealdad de una mujer constituye la única llave para la libertad? ¿Por qué la única manera en la que se puede decidir casarse o no es a través de no ser deseada por los hombres?

 

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Carolina Romero

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