Actualmente se ha ganado mucho en los territorios de derechos de la infancia, aunque aún hay un gran camino por recorrer, resulta muy satisfactorio pensar en que ahora no la educación dentro y fuera del hogar es muy diferente a la de unas generaciones atrás, cuando los niños y niñas recibían maltratos y abusos como parte de su educación y formación.
Desafortunadamente resulta doloroso recordar las historias de abuso que vivieron nuestros padres y abuelos, quienes crecieron pensando que “la letra con sangre entra” o que los golpes se daban con amor. Sin embargo, pocos casos son tan crueles como el que vivió Mary Ellen Wilson, quien pasó a la historia porque su caso originó la primera agencia de protección infantil del mundo cuando los animales tenían más oportunidad de ser “rescatados” que los niños.
El caso de Mary Ellen Wilson
Mary Ellen Wilson fue una niña cuya infancia estuvo llena de abuso y maltrato. Ella nació en 1864 en Nueva York, Estados Unidos, su padre era un inmigrante irlandés que trabajaba en el restaurante de un hotel pelando ostras y su madre era una inmigrante inglesa que lavaba ropa en el mismo hotel. El mismo año que nació Mary, su padre murió en la Guerra Civil de Cold Harbor, Virginia. Su madre tuvo que trabajar doble jornada para poder sacar los gastos, ya que la pensión no le alcanzaba para mantener a su familia. Tuvo que enviar a Mary, de dos años, a un orfanato para garantizar su alimentación, cuidado y educación, sin embargo debido a un retraso en los pagos la niña fue enviada al Departamento de Caridades de la Ciudad de Nueva York. Cuando su madre logró recuperarse económicamente fue a buscarle, pero le dijeron que Mary ya había muerto.
El maltrato infantil
Mientras tanto la niña vivía en Roosevelt Island, en una comunidad dedicada al cuidado de presos, locos, enfermos contagiosos y asilo para pobres. Todos jóvenes, morían antes de envejecer. Afortunadamente (¿o no?) la pequeña solo duró un año viviendo ahí, ya que Thomas y Mary McCormack, un matrimonio de Manhattan, que la querían más que como una hija, como una sirvienta no remunerada de 4 años. Ahí vivió hasta los 12 años, Thomas murió y Mary se casó de nuevo con Francis Connolly. En este momento el abuso y maltrato hacia la niña se agudizaron: de los golpes y azotes pasaron a las quemaduras, cortes, confinamiento y humillación. La niña se dedicaba a servir a su madre adoptiva y esta apenas le amarraba con una cadena y le daba una alfombra para descansar en el suelo, entre otros horrores.
Una vecina notó el maltrato hacia la pequeña e intentó intervenir, pero no tuvo éxito, la familia se mudó y se llevó a la niña con ellos. Sin embargo, el caso llamó la atención de una trabajadora social llamada Etta Angell Wheeler. Ella tuvo la oportunidad de ver a la niña de 9 años que debido a la desnutrición y falta de atención parecía mucho menor, de 5 años de edad. Mary Ellen cargaba con un cuerpo pálido y delgado repleto de cicatrices de quemaduras y cortes, moretones y raspones producto de golpes, y vestía harapos sucios y rotos, era 1874. Esto fue 3 meses antes de su rescate.
En esta época existían leyes que protegían más a los animales que a los niños, esto bajo el argumento de que los niños eran propiedad y responsabilidad absoluta de los padres, por lo tanto lo que ocurriera con ellos era un asunto privado. Por ejemplo, cuando Etta intentó denunciar con la policía, le solicitaron pruebas de los abusos además de argumentar que la niña debería estar agradecida con la familia por darle un techo y comida.
La única manera de salvar a Mary Ellen fue argumentando que debía reconocérsele como integrante del reino animal y por lo tanto debía la amparar la primera legislación efectiva contra la crueldad animal en los Estados Unidos por la Legislatura del Estado de Nueva York que se aprobó en abril de 1866. El caso se presentó ante el juez Abraham Riker Lawrence de la Corte Suprema del Estado de Nueva York. Los abogados de Mary Ellen argumentaron que la niña se encontraba bajo el resguardo de personas que no eran sus padres ni tutores y quienes ejercían constantes maltratos que eventualmente podrían generarle la muerte. Así lo mencionó uno de los abogados según la escritora Marian Eide:
«A menudo se describe que el caso se originó porque el niño era miembro del reino animal. Bergh, sin embargo, insistió en que sus acciones eran simplemente las de cualquier ciudadano humano y que tenía la intención de prevenir las crueldades infligidas a los niños a través de cualquier medio legal disponible».
Foto: AZ CentralGracias a la cobertura del caso y al apropiado discurso humanitario por parte de los abogados, se visibilizó la problemática de abuso infantil dentro y fuera del hogar y se comenzó a generar conciencia. El 9 de abril de 1974, el día que Mary Ellen acudió a la audiencia, llegó con su ropa sucia y rota, además de una enorme cicatriz que le atravesaba toda la cara y declaró:
«Mi padre y mi madre están muertos. No sé cuántos años tengo. No recuerdo ningún momento en el que no viviera con los Connolly. Mamá tiene la costumbre de golpearme casi todos los días. Solía castigarme con un látigo retorcido, un cuero crudo. El látigo siempre dejaba una marca negra y azul en mi cuerpo. Ahora tengo las marcas negras y azules en mi cabeza que fueron hechas por mamá y también un corte en el lado izquierdo de mi frente que fue hecho con un par de tijeras. Me golpeó con las tijeras y me cortó. No recuerdo haber sido besado por nadie, nunca me ha besado mamá. Nunca me han acariciado. Nunca me atreví a hablar con nadie, porque si lo hacía me pegaban. He visto medias y otras prendas en nuestra habitación, pero no puedo ponérmelas. Siempre que mamá salía, me encerraban en el dormitorio. No sé por qué lo hacían, mamá nunca me dijo nada cuando me golpeaba. No quiero volver a vivir con mamá, porque me pega mucho. No tengo ningún recuerdo de haber estado en la calle en mi vida».
Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Niños
La declaración fue tan contundente que Mary Ellen fue liberada y enviada a un albergue institucional para niñas adolescentes. Según Infobae, a los pocos días Mary Connolly «fue declarada culpable de agresión grave y condenada a un año de trabajos forzados en una penitenciaría». Pocos meses después de este juicio el activista Henry Bergh, el abogado Elbridge Gerry y el filántropo John Wright crearon la Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Niños, considerada la primera agencia de protección infantil del mundo, la institución se encargaba de «Rescatar a los niños pequeños de la crueldad y desmoralización que engendran el descuido, el abandono y el trato indebido; ayudar por todos los medios legales en la aplicación de las leyes destinadas a su protección y beneficio; asegurar por medios similares la pronta condena y castigo de todas las personas que violen tales leyes y especialmente aquellas personas que maltraten cruelmente y descuiden vergonzosamente a los niños pequeños de quienes reclaman el cuidado, la custodia o el control».
Foto: AZ Central
Finalmente Etta Wheeler pidió la custodia permanente de Mary Ellen. La niña creció y sano sus heridas físicas y emocionales en un cálido hogar, a los 24 años se casó con un hombre que ya tenía 3 hijos, juntos tuvieron otros 2 y adoptaron a otro. Mary Ellen murió en 1956, a los 92 años, sus hijos y nietos la recuerdan como una mujer cariñosa y amable, que siempre luchó por no replicar los horrores que vivió.
También te puede interesar:
Robar niños, evadir impuestos y otros delitos que la Reina Isabel puede cometer sin ser culpable
Jonathan Reed y el traumático video del extraterrestre que viste en Otro Rollo
Las teorías más absurdas que circulan en Internet y que intentan engañar al mundo