
Hace cientos de años los antiguos mexicas rendían culto a Mictlantecuhtli, el señor del Inframundo quien junto con su esposa Mictecaccíhuatl, gobernaban el Mictlán, el cual se dividía en 9 ríos subterráneos que recorrían las almas de los difuntos. Mictlantecuhtli tenía la importante tarea de cuidar los huesos de los muertos, su esposa, Mictecaccíhuatl era quien se encargaba de las festividades mexicas que se realizaban para celebrar a los muertos, es decir el Día de Muertos, un momento en el año en el que las almas de los difuntos viajaban fuera del Mictlán para reunirse con sus familias.
Los mexicas no practicaban grandes fiestas o ceremonias en honor a Mictlantecuhtli y Mictecaccíhuatl ya que el reino de estos dioses no regía su vida. Pero, una vez al año realizaban un sacrificio humano en su honor programado en el mes de tititl, en el calendario mexica era el dios que regía el décimo día del mes y de la quinta hora nocturna.
Apariencia
A Mictlantecuhtli se le puede reconocer fácilmente por su intimidante aspecto, se trata prácticamente de un muerto en vida, un esqueleto descarnado, articulado de pies a cabeza, con las cuencas de los ojos completamente vacías, pero aun así se puede percibir una mirada y expresión dominante, de mucho poder, se dice que allí contenía la fuerza y poder de las estrellas, que descendían por su boca abierta durante el día. Sus articulaciones estaban decoradas con mascarones con grandes colmillos y en lugar de manos Mictlantecuhtli poseía garras. Muchas veces se le retrataba con un collar de dos serpientes y conchas marinas, pulseras de corazones humanos en las muñecas y en la nuca una serpiente de fuego.
Foto: Wikimedia Commons
El Inframundo
Cuando los mexicas morían de causa natural, tenían la creencia de que antes de llegar al Mictlan debían realizar una peligrosa peregrinación atravesando colinas, desiertos, huracanes y a Xochitonal, un enorme y feroz cocodrilo, antes de poder reunirse con Mictlantecuhtli y Mictecaccíhuatl.
Mientras que aquellos que murieran de otras causas, no podrían llegar al Mictlán, pero igual recorrerían el peligroso paseo para llegar a su destino final, según hubiera sido su muerte; quienes habían muerto en accidentes en el agua o rayos llegarían a Tlalocan, a los guerreros o parteras se les esperaba en Tonatiuhihuícac y finalmente, las almas inocentes que murieron en el trabajo de parto se dirigían a Chichihuacuauhco. Afortunadamente las almas que recorrían los ríos del inframundo eran ayudadas y acompañadas por un perro Xoloitzcuintle.
La leyenda de Mictlantecuhtli
Cuando Quetzalcóatl y Xolotl, su hermano, descendieron al Mictlán para conseguir los huesos de los difuntos que murieron en el diluvio del cuarto Sol, Mictlantecuhtli envió a a todos los animales de su reino para perseguirlos y frustrar su cometido, mientras Quetzalcóatl intentaba escapar, tiro algunos huesos que al caer al suelo se rompieron en mil pedazos. Ante este hecho Cihuacóatl, protectora de las mujeres que mueren al dar a luz, recogió los vestigios, los trituró en un mortero de jade con la sangre de Quetzalcóatl hasta formas un tipo de harina y con esta mezcla se crearon los primeros humanos del quinto Sol.
Foto: Wikimedia Commons
La Santa Muerte
Según el portal México Desconocido, algunos devotos de la Santa Muerte, también conocida como la Niña Blanca, vinculan el origen de esta figura con los dioses mexicas Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, esto como una medida de resignificación ante su «arraigo social e histórico en un sociedad excluyente». Se sabe que esto es falso, ya que la figura de la Santa Muerte guarda sus orígenes en el cristianismo medieval europeo pero, esto no ha impedido que en algunos barrios populares de México existan altares para honrar a Mictlantecuhtli y la Santa Muerte por igual.
Foto: México Desconocido
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