Hay ciertas tradiciones, costumbres y creencias que se nos inculcan desde edad muy temprana que aunque las aceptamos, muchas veces desconocemos su historia y origen.
Una de ellas es el miércoles de ceniza, la cual ha prevalecido por años.
Por ello, con motivo de esta celebración religiosa, te contamos la historia y el origen de este rito.

¿Qué es el miércoles de ceniza?
El miércoles de ceniza da inicio a los 40 días que la iglesia denomina como Cuaresma. Esta época, que inicia con este ritual y termina con el domingo de Resurrección, conmemora los 40 días que ayunó Jesús en el desierto.
Esta etapa para la iglesia es un ‘tiempo litúrgico’ que prepara a los fieles para la llegada de la fiesta de la Pascua. Muchos dicen que en estos días, se le hace un llamado a los religiosos en el que se les invita a la reflexión, la oración, el buen actuar y el arrepentimiento de sus pecados.
El miércoles de ceniza no tiene un día fijo en el calendario, ya que este puede variar. De acuerdo con los expertos, su forma de calcularlo es a través de la búsqueda del primer domingo posterior a la primera luna llena de primavera, denominada como la fecha de Pascua. Cuando esta es encontrada, se cuentan 40 días hacía atrás y es así como se determina cuándo es el miércoles de ceniza.
Asimismo, otro elemento característico de este día es el ayuno que realizan los fieles. En un principio, la iglesia decretó que no se podía comer ningún tipo de carne, pero con el paso del tiempo, esto se modificó y ahora sí se pueden ingerir estos alimentos siempre que sean carne blanca (procedentes en su mayoría del pollo, pavo o hasta conejo).
Esta actividad se hace con motivo de solidaridad de los religiosos para con Cristo, como ya lo mencionamos, así como también con la gente que no tiene qué comer. Algunos incluso predican que sólo se debe hacer una buena comida al día y abstenerse completamente de todo tipo de carne, sea blanca o roja.
Origen del miércoles de ceniza
La ceniza ha tenido un gran significado en religiones, incluso previas a la cristiana o católica. En culturas como la egipcia, griega, árabe, entre otras de Oriente Próximo, este elemento representaba el duelo o la penitencia. Algunas personas la usaban como un símbolo de arrepentimiento y los mensajeros cubrían sus cabezas con ceniza cuando eran portadores de malas noticias.

Antes de que en el siglo XI se instaurara como conocemos hoy el miércoles de ceniza (la acción de poner ceniza en la cabeza de los creyentes), en 384 d. C., la cuaresma tomó mucha fuerza y fue en estos tiempos donde adquirió el sentido de reflexión, oración y penitencia entre los cristianos.
“La ceniza nos recuerda que la mundanidad es como el polvo, que un poco de viento es suficiente para llevársela. Hermanas, hermanos, no estamos en este mundo para perseguir el viento; nuestros corazones tienen sed de eternidad”, expresó el Papa Francisco en Twitter.
Se dice que este acto de fe es un recordatorio de la muerte. Así como también que simboliza la conciencia en la nada y el acercamiento a Dios en esta época sagrada. Por eso el dicho de los sacerdotes al imponer ceniza en la gente: “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás”.
