
A lo largo de la historia hemos podido observar cómo distintos seguidores de una religión llegan a niveles extremos por demostrar la devoción y fe que tienen en sus creencias. Uno de los casos más famosos es el de Jonestown, un suceso trágico como pocos, que ha inspirado miles de historias de ficción de terror por lo crudo que fue. Esta vez, la obra de la que hablamos, inspirada en el genocidio es la serie de Misa de medianoche, hecha por Mike Flanagan y disponible en Netflix.
¿De qué trata Misa de medianoche?
Riley Flynn, un hombre condenado por atropellar a un adolescente mientras manejaba ebrio, al fin sale de la cárcel y se dispone a regresar a su hogar: una isla pequeña llamada Crockett Island alejada del resto del mundo. Al llegar, descubre que la iglesia del pequeño poblado tiene un nuevo sacerdote llamado Paul capaz de realizar múltiples milagros, desde curar enfermedades hasta rejuvenecer a las personas. Ante estos poderes sobrenaturales, el fanatismo de la isla crece, y todos siguen enfermizamente las enseñanzas del Padre Paul.

Después de investigarlo, Riley se da cuenta que Paul es en realidad el antiguo sacerdote rejuvenecido, todo esto gracias al ataque de un vampiro, y tras revelar esto se da cuenta que la misa de medianoche, a la que todos están invitados tiene un propósito siniestro.
El verdadero motivo detrás de la misa es incitar a sus seguidores a suicidarse para alcanzar la vida eterna como él, claro que esto significa convertirlos en vampiros.
Pero antes de ello, hay una escena de suicidio por envenenamiento muy cruda, donde todos aquellos que asistieron a la misa toman veneno para ratas, sin importa la edad. Incluso vemos a padres obligando a sus hijos a beberlo y muchas personas convulsionándose, muy al estilo del suceso real, que aún hoy en día se recuerda tristemente.
El caso de Jonestown
Cuando hablamos de líderes de sectas y los peligros del fanatismo, siempre sale en la conversación Jim Jones, fundador de Jonestown y autor intelectual de uno de los suicidios masivos más grandes de la historia.
Jones decidió fundar su propia comunidad en Guyana, donde vivía junto con sus seguidores, varios de ellos fervientes creyentes en lo que él predicaba y dispuestos a lo que sea por él. Sin embargo, después de varias investigaciones, se reveló que una gran parte de los residentes de Jonestown estaban ahí contra su voluntad, por lo que el gobierno de Estados Unidos decidió moverse a la acción para salvar a los habitantes.
Lamentablemente Jones se enteró de este plan y, en su paranoia, incitó a los integrantes de su culto a cometer un suicidio masivo, donde alrededor de 909 personas murieron, aunque la cifra oficial sigue discutiéndose hoy en día.
A pesar de que lo pintan como un suicidio ocasionado por el fanatismo, también se ha dicho que en realidad, fue un homicidio y que varios integrantes de la comunidad de Jones no querían beber el veneno que se les estaba ofreciendo.

Esta perspectiva se ha visto apoyada por varios supervivientes de Jonestown, quienes narran los horrores de ver a propias madres envenenar a la fuerza a sus hijos. El caso de Jim Jones no será olvidado, y por siempre servirá de ejemplo sobre lo peligroso que puede llegar a ser el fanatismo.
