Al escuchar el nombre de Bhagwán Shri Rajneesh, mejor conocido como Osho, probablemente la primera impresión que se tiene es la de un hombre entregado a la luz interior, la meditación y el de un mensajero de la paz por todo el mundo, cuyo testimonio neo bíblico quedó plasmado en los libros que año con año se editan. No obstante, nada más alejado de la realidad, ya que el lucrativo imperio que el líder indio montó, tiene raíces oscuras que todavía hoy se ignoran.
Por principio de cuentas, es de hacer notar que el negocio de la autoayuda, categoría en la que ha sido encasillada la obra del amante de los autos lujosos, es una industria que tan solo en España para el 2016 generó cerca de 120 millones de euros, entre cursos, libros, conferencias y productos varios, útiles para elevar el sentido de vida de cualquier individuo, aparentemente.

El negocio del auto sabotaje emocional encontró su auge en los últimos años de la década de los 70 con una población mundial bajo la resaca de la postguerra; con sus excesos y consecuencias médicas y psicológicas, hubo muchos que encontraron refugio en ideas descabelladas que para la época, sedientos de buenos mensajes, y sin los recursos intelectuales y científicos para ser desenmascaradas, fueron el anzuelo ideal de locos excelsos como Osho que amasaron fortunas a sus costillas, y no solo eso, ya que en nombre de sus testimonios de supuesta armonía, se cometieron crímenes atroces.

Si algo hay que reconocerle a Osho, es que fue un hombre culturalmente curioso e informado, y esto se ve reflejado en la naturaleza de su discurso de ánimos sincréticos que, sin embargo, no resuelven nunca, pero qué, para fines prácticos carecen de congruencia absoluta. Dicen por ahí, que las personas que hablan de paz son precisamente aquellas que no la tienen. De esto da cuenta el documental Wild Wild Country, trabajo de los directores Maclain y Chapman Way, estrenado el año pasado en Netflix y que le valió un premio Emmy como mejor Serie Documental. En la pieza que consta de 6 capítulos de 1 hora, se ofrece una cronología desde que el controvertido mesías escapó de a india por la tensión provocada en oposición a religiones como el hinduismo, cristianismo e islamismo para establecerse en Oregón, Estados unidos, lugar donde la empresa del mal tuvo su consumación definitiva.

El documental del célebre falso profeta de la armonía cuenta cómo éste se hizo de algunas hectáreas al norte del país gringo y cómo su mensaje llegó a niveles inauditos al punto de por poco desterrar un poblado entero, agrupar una secta de miles de fieles seguidores y por supuesto, millones de dólares, que le sirvieron para complacer caprichos como el de viajar en Roll Royce, auto predilecto del sujeto. Las palabras clave en dicho trabajo es el cómo, ya que Osho se valió, por ejemplo, de personas marginadas en Estados Unidos (para engrosar sus filas y tener presencia), envenenamientos, armamento de alto poder, abusos sexuales y tentativas de muerte, sólo por mencionar algo, para edificar su iglesia.
A pesar de que la sola historia y el proceder de este personaje obliga a cada cual a re formularse la pregunta de si vale la pena o no seguir los designios de este hombre, sigue siendo una decisión personal si se consume o no ese producto, sin embargo, todavía hoy, la industria del finado líder espiritual es un negocio que factura millones de dólares al año y cada vez son más los grupúsculos que con la aparentemente buena intención de ayudar al desesperado, fraguan tiendita aparte.

En un asunto todavía más preocupante, este tipo de líderes carismáticos y sus larvas enajenadas, arrancan de las clínicas a pacientes que más allá de un curita emocional, necesitan atención especializada sustentada en el terreno de la ciencia; y mucho más grave, muchos pseudoterapeutas, por ejemplo, en el área de la psicología, toman estos designios como guía de trabajo, tirando por los suelos el prestigio de una disciplina ya de por sí puesta suficientemente en tela de juicio.

Épocas difíciles ha habido siempre, y vendrán otras. Días que lógicamente ponen de cada tanto a prueba la salud emocional de la población mundial. Ahora mismo vivimos el posicionamiento definitivo global de la ansiedad y depresión con consecuencias tangibles y alarmantes. Malestares que siempre buscan salida, y cuya primera alternativa es la primera sensación de bienestar, y esa se puede encontrar lo mismo en un amigo, sacerdote, libro de autoayuda, tarot o en el mejor de los casos en un psicólogo. Pero, solo una te dará herramientas para que encuentres por tu propio pies la salida evitando recaídas, no te quitará la capacidad de raciocinio ni mucho menos te vaciará los bolsillos dolorosamente en el camino, y que de hecho si lo hace, la ley lo obliga a responder legalmente. ¿Gran diferencia, no?
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