Cómo los abusos del lenguaje pueden justificar la violencia

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por enero 18, 2019
Cómo los abusos del lenguaje pueden justificar la violencia
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Texto escrito por: Víctor Manuel Ramírez Sánchez

¿Qué es el discurso de odio? El lenguaje es una forma de representarnos y también a los otros ante el mundo, supone la forma de transformar nuestro discurso mental en palabras, y en este sentido, las palabras adquieren un gran poder. 

Según Hobbes existen muchos abusos del lenguaje, uno de ellos es usar el lenguaje para agraviar, condenar y violentar a otros; dice el filósofo inglés: “la naturaleza ha armado a algunas criaturas vivas con dientes, a otras con cuernos y a otras todavía incluso con manos para atacar a un enemigo, pero es un abuso del lenguaje atacar con la lengua”.

Las palabras son peligrosas cuando se usan con el afán de ataque o de odio y cuando manifiestan ideas negativas de colectivos, dotándolas de un valor dañino o peyorativo. El nombre nombra, abastece de significado, positivo o nocivo; la palabra puede convertirse en una estigma difícil de borrar, de modo que la realidad se construye a partir de estereotipos y prejuicios. Y eso nos lleva a concebir a otra persona, generalmente aquellas que son diferentes a nosotros, como detestables o indeseables.

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Los discursos que nos incitan al odio son una amenaza latente en nuestro mundo contemporáneo. El odio es una pasión destructiva que aprendemos y desarrollamos en la cultura, es como un hongo que se extiende por las superficies de la sociedad, cuando a ésta la integran seres humanos apáticos, indiferentes, pero con una sed insaciable de generar enemigos y buscar culpables de las calamidades que nos afectan.

Las palabras en sí mismas no son buenas ni malas, sólo son palabras, sin embargo, el peligro está en el significado que les damos; la categorización mediante el lenguaje precede a la violencia y la violencia dará paso al exterminio. Los nazis se establecieron en el poder de Alemania con un discurso de odio especialmente contra los judíos; los discursos públicos y el lenguaje usado en su propaganda escrita, se caracterizaba por el uso excesivo de palabras que emitían mensajes directos contra este grupo, “son parásitos” “hongos venenosos” “son tuberculosos”. Y no eran los únicos a quienes atacaban, también se referían a las personas con discapacidad como “cargas” “peligros genéticos”, a los gitanos como “atrasados o indeseables”, etc; el lenguaje, acompañado de la ideología nacionalista y antisemita, concretó la lógica bajo la cual aquellas personas no eran seres humanos, sino parásitos que debían ser eliminados.

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Si, además, el sector de la población al que se etiqueta con prejuicios es culpado de las crisis que azotan a la nación entera, con mayor razón, el estigma justificará la violencia. Los nazis culparon a los judíos de la crisis económica y la pérdida de la guerra, por lo que la percepción que se tuvo de ellos es que, como culpables verdaderos, debían pagar el precio de la marginación, la exclusión de derechos y finalmente el exterminio.

Sin embargo, el poder de las palabras también resuena en los lugares más cotidianos y los contextos más comunes; basta con escuchar en las aulas de clase, en el transporte público o en las conversaciones entre amigos, expresiones como “naco”, “indio”, “jodido”, “chacha”, “chairo”, “puto”, “joto”, “fresa”, “maricón”, “marimacha”.

Todas estas no son simples palabras indefensas, son el vehículo por el cual el odio se manifiesta, hiere y discrimina. En 2012 el Museo Memoria y Tolerancia hizo un experimento social llamado Tweetbalas, con la idea de ser un sensor de las palabras que denotan odio en twitter; a través de un sistema se captaban los hashtags y a los usuarios que emitían insultos o palabras de odio, en dos meses el monitoreo reportó que el hashtag más usado fue #puto con más de 140 mil repeticiones, seguido de #zorra y #prole, de entre una base de 31 etiquetas de esta naturaleza como: #naco, #indio, #gata, #zorra, #esdepobres, #eresputo, #esdechachas, #foreversirvienta, #huelesaindígena o #prole.

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Los resultados de este experimento revelaron que la cultura de estereotipos y prejuicios en México constantemente reproduce lenguaje homofóbico, clasista, racista y machista;  las manifestaciones de odio y el uso de palabras peyorativas en redes sociales representan un microcosmos de rechazo, discriminación y violencia.

Este abuso del lenguaje representa el menosprecio de la dignidad de otra persona cuando “marica” tiene una connotación de desprecio, de rareza y de odio; cuando “mujercita” se usa como un insulto, como si ser mujer fuera una condición de inferioridad, o cuando se usa el adjetivo “sirvienta” como si el trabajo doméstico fuera vergonzoso.

La Caravana migrante es la muestra de ese proceso de significación negativa en México, cuando centenares de personas fueron señaladas como migrantes y con esa categoría las expresiones más despreciables, “mojados”, “ilegales” incluso el gentilicio de “guatemalteco” adquirió una connotación de desprecio y odio.

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Sin embargo, el odio no se queda solo en las palabras, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y el Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UNAM, hicieron un estudio llamado: “Los desafíos de la migración y los albergues como oasis. Encuesta nacional de personas migrantes en tránsito por México” comprobando, al menos estadísticamente, que en México se estigmatiza y violenta a las personas por su condición de migrantes, hasta el punto de llegar a la agresión física y verbal, las burlas, los insultos, las amenazas, y actos como  impedirles el ingreso a determinados lugares y gritarles que “se regresen a su país”.  Aunado a esto, el estudio arroja que los migrantes son culpabilizados de la inseguridad, el desempleo y la violencia que sucede en los lugares a los que llegan.

Los resultados serían muy similares en el caso de las mujeres, personas no heterosexuales, indígenas, tribus urbanas, etc, lo que demuestra la necesidad de combatir los estigmas, estereotipos y prejuicios negativos contra cualquier persona; nuestras palabras tienen un gran poder y es nuestra responsabilidad usarlas para construir y no para destruir.

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El texto anterior fue escrito por el Licenciado Víctor Manuel Ramírez Sánchez. Guía, formador y evaluador de contenidos del Museo Memoria y Tolerancia. Te invitamos a visitar la página y las redes sociales del Museo Memoria y Tolerancia:

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